Málaga proyecta una segunda planta desalobradora al norte del Parque Tecnológico para blindar la calidad del agua ante la sequía.
La empresa municipal de aguas, Emasa, ha redactado el anteproyecto para la renovación integral de la estación de tratamiento de agua potable (ETAP) de Pilones, situada al norte del Parque Tecnológico de Andalucía (PTA). El documento, en fase de supervisión por parte de la Junta de Andalucía, responde a dos necesidades estratégicas: acompañar el crecimiento urbanístico e industrial del oeste de la capital y consolidar la vertebración hídrica metropolitana.
De El Atabal a Pilones: la misma misión, una planta nueva
El agua de los embalses que abastecen a Málaga llega con un problema estructural. El embalse del Guadalhorce está contaminado por el manantial salino de Meliones y tanto los pantanos como los pozos aportan caudales muy duros, con exceso de cal. A eso se suma que las sequías cíclicas degradan la materia prima: al bajar el nivel del agua crece la disolución de sales y cae la calidad. La ciudad cuenta ahora con 21 pozos activos en las zonas de Aljaima-Fahala y Bajo Guadalhorce, activados tras las obras de emergencia derivadas del último decreto de sequía.
Con ese escenario, Pilones asumirá un rol análogo al de la desalobradora de El Atabal: homogeneizar y garantizar la calidad del agua distribuida, con independencia de las oscilaciones de salinidad y dureza de la materia prima captada. La instalación se asentará sobre una parcela de 121.476 metros cuadrados y se ejecutará en cuatro fases constructivas, cada una con un caudal de diseño de 46.656 metros cúbicos al día. Al término de la cuarta, el potencial máximo será de 186.624 metros cúbicos diarios funcionando las 24 horas.
La traducción práctica de esas cifras es inmediata: Málaga consume hoy entre 1.500 y 1.650 litros por segundo y la planta de Pilones podrá llegar a 2.160 litros por segundo, el agua que demanda una población de casi 900.000 habitantes.
La planta de Pilones será la garantía de que el oeste de Málaga no pierda caudal ni calidad cuando apriete la sequía.
El tratamiento del agua bruta, salobre y dura, se articulará en cadena. Primero, ozonización y oxidación química con carbón activado en polvo para adsorber contaminantes de preocupación emergente: fármacos, microplásticos, disruptores endocrinos o plaguicidas. Después, ultrafiltración con membranas planas cerámicas sumergidas. Y por último, ósmosis inversa con un rendimiento del 83%, lo que deja un rechazo de salmueras del 17%: de cada 100 litros que entran, salen 83 de agua fina. El producto se remineraliza hasta un máximo de 434 mg/L de sólidos disueltos totales, con un pH de salida de 8,2.
Cuatro fases, turbinas propias y salmueras controladas

A partir de la segunda fase, la instalación integrará turbinas Francis conectadas a generadores eléctricos en la obra de llegada, aprovechando el salto de presión del agua bruta procedente del embalse del Tomillar, la minipresa contigua que ejerce de gran depósito. La planta generará así parte de la energía que consume. Para los residuos, el anteproyecto prevé decantador, espesador de gravedad y deshidratación de fangos, con una tubería específica que reconduce la salmuera y los rechazos no recuperables hacia la depuradora del Guadalhorce.
La obra civil mantiene la mayor parte de los elementos de la ETAP actual, aprovecha su red viaria y sus cotas de terreno y solo acondiciona la transición hacia los nuevos viales. El documento subraya además la vocación metropolitana de Emasa: Málaga ya está interconectada con la Costa del Sol mediante el bombeo de Rojas, en Churriana; con la Axarquía a través del bombeo de la Rosaleda; y con Alhaurín de la Torre y Cártama desde los pozos de Aljaima.
La Lectura Andaluza
La sequía ha dejado de ser una emergencia puntual en Andalucía para instalarse como una variable fija de la planificación pública. Málaga la afronta con una lógica distinta a la de hace una década: ya no se trata solo de captar más agua, sino de garantizar que la que llega sea potable con independencia de cómo venga del embalse. El precedente es El Atabal, la primera planta desalobradora de la ciudad, que sigue sometida a inversiones de ampliación y aspira a fondos europeos para rebajar sus salmueras de rechazo. Pilones replica ese modelo y lo lleva un escalón más allá, con capacidad para tratar hasta 186.624 metros cúbicos diarios.
El valor de proximidad está en el mapa industrial. El Parque Tecnológico de Andalucía concentra empresas tecnológicas y de servicios que necesitan una garantía de suministro estable para crecer, y el oeste de la capital es la zona con mayor desarrollo urbanístico previsto. Sin agua de calidad no hay suelo industrial que valga. De ahí que el anteproyecto hable de vertebración metropolitana: los 21 pozos de Aljaima-Fahala y Bajo Guadalhorce, activados con el último decreto de sequía, son la red de seguridad de una capital que no puede permitirse otro verano con restricciones.
La pelota está ahora en el tejado de la Junta de Andalucía, que supervisa el documento antes de que el proyecto inicie su tramitación. Después llegará el calendario de fases, la licitación de las obras y la búsqueda de fondos europeos, la misma vía que persigue El Atabal. Quienes vivimos aquí sabemos que el agua es la infraestructura que decide todo lo demás: el precio del recibo, el empleo industrial y la viabilidad de un parque tecnológico llamado a sostener el empleo cualificado de la provincia.

