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La vicepresidenta Carmen Calvo, en su reunión de la pasada semana en Barcelona con miembros del Govern catalán. Foto: EFE

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, lleva varias semanas acaparando los focos mediáticos ante la escasa presencia pública de varios ministros del Ejecutivo, un hecho que preocupa en el Palacio de la Moncloa, según fuentes gubernamentales consultadas por MONCLOA.COM.

A diferencia de María Teresa Fernández de la Vega, que solía estar muy encima de los ministros de los Gobiernos de Zapatero a la hora de exigirles el cumplimiento de las iniciativas, la actual vicepresidenta les deja más margen de maniobra ante las dificultades para sacar adelantes iniciativas legislativas con los 84 diputados socialistas y lo complicado que es poner de acuerdo a la heterogénea mayoría lograda en la moción de censura contra Mariano Rajoy.

No obstante, desde el Ministerio de Presidencia se observa con preocupación el que varios ministros apenas sean conocidos entre la ciudadanía y el hecho de que otros prefieran mantener un perfil bajo. Es el caso, sobre esto último, de la titular de Justicia, Dolores Delgado, quien ha delegado en Calvo todas las explicaciones públicas de varios asuntos que afectan de lleno a su departamento, por ejemplo la exhumación del dictador Franco o las relaciones con la Santa Sede.

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Desde que MONCLOA.COM sacó a la luz los audios de 2009 de la ministra de Justicia con Baltasar Gazón, el comisario José Manuel Villarejo y otros mandos de la cúpula policial, lo cierto es que Delgado no levanta cabeza en los sondeos. En una encuesta realizada en enero por internet para este medio, un 73% de los consultados consideró que Delgado tenía que dejar su cargo público tras la polémica generada entonces.

Sólo un 18% de los encuestados estimó que debía seguir como ministra de Justicia, mientras que un 9% prefirió no terciar entre las dos opciones. El alto porcentaje de gente que reclamó la dimisión de Delgado era prácticamente el mismo entre hombre y mujeres. Por edades, los más críticos fueron los de 45 a 55 años. En todas las franjas se superó el porcentaje del 70%, salvo en la de más de 65 años que descendía al 60%.

Otro ejemplo de una ministra venida a menos es Meritxell Batet, titular de Política Territorial y Función Pública, quien no estuvo en la reunión de la semana pasada en Barcelona entre Calvo y dos de los puntales del Govern de Quim Torra, el vicepresidente Pere Aragonés y la consejera Elsa Artadi.

Las dos partes avanzaron “en la negociación de la composición de una mesa de diálogo entre partidos” y se comprometieron a seguir negociando en las próximas semanas sobre este tema, pero no concretaron la composición ni el funcionamiento de esta mesa de diálogo. Todo ello con la notable ausencia de Batet en la foto de la reunión entre Calvo, Aragonés y Artadi, cuando la ministra catalana sí estuvo en la ‘mini cumbre’ de diciembre en Barcelona encabezada por Pedro Sánchez y Torra.

CALVO SUPLE A CELAÁ COMO PORTAVOZ DEL GOBIERNO

La vicepresidenta también ha asumido en varias ocasiones el rol de portavoz del Gobierno en detrimento de Isabel Celaá, quien no se encuentra cómoda en sus respuestas a la prensa cuando se le pregunta por cuestiones ajenas a Educación, el departamento que dirige.

La portavoz ha puesto fin, por ejemplo, a una tradición de años: los corrillos al término de la conferencia de prensa de los viernes donde, ya fuera de micrófono, los periodistas intentan sonsacar al compareciente aquello que se ha resistido a contar ante las cámaras. Y, en ocasiones, ha sido Calvo la que ha aclarado las dudas o ha ampliado contenidos a la prensa.

Una situación como ésta se produjo a mediados de diciembre en el debate monográfico sobre Cataluña que se celebró en el Congreso de los Diputados. Tras la intervención de Sánchez ante el pleno, fue Calvo la que salió al pasillo del hemiciclo en el que se encontraban los informadores para subrayar y ampliar los anuncios y compromisos que había adquirido el presidente del Gobierno ante las fuerzas políticas.

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La ministra de Defensa, Margarita Robles, en su visita de octubre al Archivo General Militar de Ávila. Foto: Ricardo Pérez/MDE

También preocupa en La Moncloa la sensación de ministros ‘desaparecidos’ que transmiten los últimos en entrar en el Ejecutivo –José Guirao (Cultura) y María Luisa Carcedo (Sanidad)- en dos áreas en las que a los socialistas les gusta sacar pecho. Tampoco están aportando éxitos de gestión otros ministros como Pedro Duque (Ciencia), Reyes Maroto (Industria) o Luis Planas (Agricultura), mientras que otros concitan fuertes rechazos -en especial Terersa Ribera (Transición Ecológica) por su cruzada contra los vehículos diesel o su deseo de prohibir los toros-.

Con Calvo se da la paradoja, además, de que sigue al frente de la comisión de Inteligencia cuando no tiene ninguna atribución sobre el CNI, que pasó a depender de Defensa. Ello se debe a la precipitada decisión de llevar a Margarita Robles en Defensa y colocar a los servicios secretos de nuevo en el organigrama de este ministerio.

Robles creyó tener en la mano la cartera de Interior en los días previos al anuncio de Sánchez sobre su nuevo Gobierno y empezó a contactar a antiguos colaboradores suyos, como el exdirector general de la Policía Nacional, Ángel Olivares. Pero a unas horas de que Sánchez anunciase la composición del Ejecutivo, Robles se enteró que Justicia iba a recaer en la fiscal de la Audiencia Nacional, Dolores Delgado.

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Cualquier gobernante sabe que los titulares de Interior y Justicia tienen que ser uña y carne por la cantidad de asuntos en los que tienen que ir de la mano. Sin embargo, Robles se plantó ante Sánchez argumentando que no se sentía cómoda con Delgado en Justicia. Entre otras cuestiones, por la estrecha amistad entre esta última y el exmagistrado Baltasar Garzón, con quien Robles se enemistó en la década noventa a raíz del informe Veritas.

El presidente del Gobierno tuvo que cambiar su plan inicial sobre la marcha y terminó ofreciendo a Robles la cartera de Defensa con el aliciente de controlar el CNI, provocando la caída de Constantino Méndez –quien durante unas horas fue ministro ‘in pectore’ de Defensa-.

En ese movimiento rápido de piezas, Sánchez se decantó por Fernando Grande-Marlaska para Interior como contrapeso al poder de Delgado -y por extensión de Garzón- en Justicia. Grande-Marlaska nunca se ha llevado bien con el tándem Garzón-Delgado por la guerra de egos en la Audiencia y su complicada relación con ambos cuando el ahora ministro de Interior sustituyó a Garzón en 2006 de forma provisional al frente del Juzgado Central de Instrucción número 5, pero al menos la sangre nunca ha llegado al río como sí que ocurrió a raíz del ‘informe Veritas’ entre Robles y el exmagistrado inhabilitado.

 

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