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El director del Departamento de Seguridad Nacional, Miguel Ángel Ballesteros, y el profesor Manuel R. Torres.

“La desinformación es como la cocaína. Si la pruebas una o dos veces, puede que no te cambie la vida. Pero si la pruebas todos los días, te puede transformar en una persona diferente”. El director del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), Miguel Ángel Ballesteros, sacó a relucir estas palabras atribuidas al líder soviético Yuri Andropov allá por la segunda mitad del siglo pasado para hablar de la desinformación hoy en día en España, con el independentismo catalán como su actor principal.

Lo hizo este martes con motivo de la presentación del libro #Desinformación. Poder y manipulación en la era digital, coeditado por el Instituto de Seguridad y Cultura (ISC) y la editorial Comares, que busca arrojar luz a través de la voz de diversos expertos sobre uno de los debates “más complejos y urgentes de nuestro tiempo”, la desinformación.

Ballesteros aplaudió la publicación de este libro coral porque, lamentó, “existe muy poca información sobre la desinformación”, un problema que ha crecido de forma exponencial a raíz de la propagación de Internet y, sobre todo, a partir del año 2014.

Referéndums como el de la independencia de Escocia, el del brexit o el de Crimea han sido momentos donde, según explicó el experto, la desinformación ha comenzado a propagarse cada vez más. En concreto en España, indicó que el independentismo catalán es el mayor foco de desinformación nacional. Un tema que aborda el periodista David Alandete en el quinto capítulo del libro, Guerra mundial en Internet. Cómo la desinformación agravó la crisis de la independencia catalana.

“La desinformación no es simplemente una mentira. Se trata de una técnica de manipulación de las estructuras periodísticas mucho más sofisticada”, dice Alandete en ese capítulo, un tema en el que incidió este martes el director del DSN.

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FAKE NEWS Y SUBINFORMACIÓN

Para Ballesteros lo más preocupante de la desinformación no son las fake news, como se cree popularmente, sino la llamada subinformación. El experto consideró que, mientras que las fake news son fáciles de desmontar y existen cada vez más mecanismos para combatirlas, como por ejemplo los fact checking, la subiformación es mucho más difícil de detectar y de neutralizar porque no existen herramientas tecnológicas para hacerle frente.

Este tipo de desinformación lo que hace es potenciar elementos reales del hecho noticioso pero elimina otros, lo que a la larga funciona, según Ballesteros, para polarizar a la sociedad, haciéndola más débil.

Además, puso el acento en la problemática de “la persistencia del mensaje”, que es lo que, en última instancia, “asienta la posverdad”, un término que hace referencia a la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

Ballesteros explicó que en el nuevo plan estratégico de seguridad nacional que se implantará en el año 2022 la desinformación tendrá un papel importante, aunque recordó que el pasado mes de abril se aprobó la Estrategia Nacional de Ciberseguridad con 65 medidas para mejorar la seguridad en la red.

A pesar de todas las amenazas, este responsable aseguró que la campaña de desinformación ha sido “mínima” en los últimos procesos electorales celebrados en España, las generales del 28 de abril y del 10 de noviembre y las europeas del 26 de mayo, sin perjuicio, indicó, de que el procés no cese en su “campaña de desinformación sistémica” y de que se hayan producido casos aislados.

ESPOLEAR LOS PREJUICIOS

Por su parte, el coordinador del libro, el profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Manuel R.Torres, incidió en que aunque “el uso de la manipulación y la mentira es una constante en la historia de la Humanidad, Internet ha creado un nuevo marco de actuación”.

En línea con el argumentario de Ballesteros referente a la peligrosidad de la polarización social, Torres explicó que “la desinformación es peligrosa porque trata de espolear los prejuicios”.

Para el autor, este fenómeno trata de sacar aquellos posicionamientos que la gente por norma tiende a mantener ocultos porque saben que socialmente van a recibir un rechazo. La desinformación “lanza al consumidor a un estado de confirmación de sus prejuicios”, por lo que saca a relucir “al narcisista que todos llevamos dentro”, en el sentido de que, cuando encuentran la confirmación a esos prejuicios “no solo se sienten reconfortados, sino que deciden ser una parte importante de la difusión”.

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Torres advirtió de que “una campaña bien orquestada de desinformación tiene efectos en el mundo físico, efectos que pueden ser inmediatos y condicionar el futuro de países”, al tiempo que opinó que lo descubierto hasta ahora no es más que “la capa superficial”.

“La desinformación tal y como la percibimos hoy en día es tosca, bastante burda en su ejecución, pero va a experimentar un proceso de sofisticación en los próximos años como consecuencia de la eclosión de la tecnología”, concluyó.

En el libro también han participado Carlos Echeverría, encargado del capítulo Al Andalus o la manipulación de la Historia Guillem Colom Piella, con los Enfoques estadounidense y ruso de la guerra informativa, Vicente Vallés que escribe sobre La injerencia rusa. Putin contra Occidente y Nicolás de Pedro, con Desinformación rusa contra la Unión Europea.

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