mercurio
El mercurio extraído de un mineral de los fosfoyesos. Foto: José Manuel Cantó.

El caso de contaminación industrial más grave de Europa se da en España. Concretamente en Huelva. Las últimas mediciones realizadas este verano en las balsas de fosfoyesos han determinado que los niveles de radiación superan por seis los recomendados por el CSN. Pero también han revelado una realidad alarmante: los niveles de mercurio se han disparado de forma descontrolada a causa de los vertidos de la industria química. 

El Seprona ya se ha puesto manos a la obra. A principios de junio un software alterado encendió la luz de alarma. La empresa Ercros (ahora llamada Electroquímica Onubense) había modificado presuntamente un detector para ocultar las emisiones de mercurio. Y mientras que ese asunto aún circula por los Tribunales, el grupo ciudadano Mesa de la Ría ha decidido ponerse las botas y acudir a los fosfoyesos. Otra vez.

La cantidad de mercurio que circula por las balsas gracias a los vertidos de la empresa agroquímica Fertiberia es la equivalente a la producción anual de Minas de Almadén. Nada menos que 1.700.000 kilogramos de este metal tan perjudicial para la salud están a pocos kilómetros de Huelva. Así lo asegura el doctor en geología, y miembro de Mesa de la Ría, José Manuel Cantó

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El currículum de Cantó es casi tan largo como su batalla contra el lobby Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas (AIQBE). El doctor también fue director técnico de la Agencia de Medio Ambiente en Huelva. Y en 1992 ya había encargado informes para comprobar los niveles de contaminación de las balsas de fosfoyesos. Casi 30 años después, Cantó ha querido analizar de nuevo los minerales (piritas) que alimentaban las plantas de ácido sulfúrico de las empresas pertenecientes al lobby AIQBE. Y de ahí se desprendió una gran cantidad de mercurio

Según el exdirector de Medio Ambiente, ese mercurio procede de los mismos minerales que han producido el ácido sulfúrico que, posteriormente, las fábricas han vertido en las balsas. Además, estos ácidos son los mismos que han contribuido a la formación de los fosfoyesos negros, responsables de que los niveles de radiación superen por seis las recomendaciones del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN).

El método con el que las fábricas vertían todos estos residuos líquidos contaminantes fue a través de un bypass en una tubería. “El volumen de ese residuo vertido junto a los fosfoyesos ha sido de 225.000 metros cúbicos/año desde 1988 hasta 1997”, relata Cantó. Pero no solo de mercurio, también de otros metales como el plomo

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Los análisis que se han realizado en las balsas de fosfoyesos han dado diferentes resultados. Tan distintos, que para el doctor en Geología muchos de ellos se han hecho con intención de ocultar el grave problema de contaminación industrial que tiene Huelva. “Los análisis de los fosfoyesos que realizó Foret (una industria química) resultan totalmente inócuos en lo que a contenido de esos metales se refiere”. Unos resultados muy distintos a los que obtuvo Cantó como director de Medio Ambiente.

Todos estos hallazgos están enmarcados en la operación Flixanco, impulsada por la fiscalía de Madrid contra empresas del sector cloroalcalino que operan en el polo químico de Huelva y que han estado contaminando durante años tanto la atmósfera como el subsuelo.

Por el momento, la Fiscalía de Medio Ambiente de Madrid ha investigado a 21 personas relacionadas con empresas químicas cuyas fábricas estaban en Huelva. El mercurio que esta industria vertió ha ido a parar también a las aguas subterráneas y puede haber afectado a la salud a las personas que hayan estado cerca del metal. Esta investigación se inició en diciembre de 2017 tras recibir un informe que aseguraba que se cometían irregularidades.

 

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