Los somníferos forman parte de la rutina nocturna de millones de personas que, cuando llega la hora de acostarse, solo quieren dormir sin dar vueltas en la cama. En un mundo acelerado y lleno de pantallas, conciliar el sueño se ha convertido en un pequeño lujo, así que no sorprende que muchos recurran a los somníferos para conseguirlo. Lo que quizá no siempre se tiene en cuenta es que dormir no es simplemente apagar el cuerpo, porque mientras descansamos el cerebro entra en uno de los turnos más importantes de su jornada.
Desde hace más de una década, la ciencia viene hablando de una especie de “lavado” cerebral que se activa durante el sueño profundo. Ese proceso, conocido como sistema glinfático, funciona como una red de limpieza que arrastra desechos tóxicos y los canaliza fuera del cerebro. Ahora, una investigación publicada en la revista Cell vuelve a poner el foco en este mecanismo y abre una pregunta incómoda: ¿podrían algunos somníferos estar interfiriendo en esa limpieza silenciosa que ocurre cada noche?
1Un cerebro que no descansa aunque tú lo hagas
Cuando dormimos, el cerebro no se queda en pausa, sino que por el contrario, organiza recuerdos, regula emociones y, durante el sueño profundo no REM, activa ese sistema de aclarado que actúa casi como un servicio de mantenimiento nocturno. El líquido cefalorraquídeo fluye por una red de vasos y espacios microscópicos, recoge residuos y los empuja hacia zonas donde el cuerpo puede eliminarlos.
La neurocientífica Maiken Nedergaard lleva años estudiando este fenómeno y su equipo ha intentado descifrar qué lo impulsa exactamente. En experimentos con ratones observaron que pequeñas descargas de norepinefrina provocaban microdespertares casi imperceptibles que contraían y relajaban los vasos sanguíneos, creando una especie de bombeo rítmico. Ese vaivén, repetido cada pocos segundos, sería el motor que mantiene el “lavado” en marcha.

