La Comisión Europea explora la posibilidad de conceder más margen fiscal a los Estados miembros para paliar la crisis energética desatada por el bloqueo del estrecho de Ormuz, tras una petición directa de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. La iniciativa choca con la nueva regla de gasto reformada en 2024 y reabre el debate norte-sur que la UE creía cerrado.
La crisis del Ormuz ha disparado los precios del gas natural licuado y del petróleo, golpeando a las economías más dependientes, como Italia y España. Meloni ha solicitado que la Comisión active una cláusula de escape temporal que permita a los gobiernos aumentar el gasto público sin que Bruselas abra expedientes por déficit excesivo.
¿Flexibilidad o retorno a la barra libre fiscal?
La petición italiana llega apenas dos años después de que los Veintisiete cerraran la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que introdujo trayectorias de gasto neto vinculadas a la sostenibilidad de la deuda. Aquel acuerdo, impulsado por Alemania y los países frugales del norte, pretendía enterrar las suspensiones generalizadas de la pandemia. Ahora, la tensión en el Golfo Pérsico amenaza con descarrilar las previsiones de Bruselas.
La Comisión no ha cerrado la puerta. Fuentes comunitarias consultadas por Moncloa.com confirman que se está evaluando si el shock del Ormuz encaja en la definición de «circunstancias excepcionales» que el nuevo marco fiscal contempla para activar flexibilidades. La decisión no es menor: supondría la primera aplicación práctica del nuevo corsé y un test para la credibilidad fiscal de la UE.
La advertencia de Bruselas: ni un cheque en blanco ni sin reformas

Aunque el Ejecutivo comunitario se muestra receptivo, también lanza un mensaje claro: cualquier flexibilidad será temporal y condicionada a reformas estructurales. «No podemos repetir el error de 2020, cuando la suspensión de las reglas se prolongó más de tres años sin contrapartidas suficientes», señala un alto funcionario de la Comisión.
La crisis del Ormuz no es solo un shock energético: es la primera prueba de fuego del nuevo corsé fiscal comunitario y la excusa perfecta para que el sur pida un alivio que el norte nunca quiso conceder.
La advertencia es especialmente relevante para Italia, cuya deuda pública supera el 140% del PIB. El ministro de Economía italiano, Giancarlo Giorgetti, ha insinuado que Roma necesitará margen para compensar a las familias y empresas. Pero en Bruselas creen que Meloni busca, además, un respiro político ante las elecciones regionales de otoño.
El Eje del Poder Europeo
La petición de Meloni ha reavivado las tensiones latentes entre los dos bloques fiscales de la eurozona. Por un lado, los estados del sur —Italia, España, Portugal y Grecia— ven en la crisis del Ormuz una justificación objetiva para suavizar las reglas. Por otro, los denominados «frugales» —Países Bajos, Austria Dinamarca, Suecia y Finlandia— consideran que el nuevo Pacto ya incluye suficientes cláusulas de escape y que relajar ahora la disciplina fiscal sería un error histórico.
Francia, tradicional bisagra, se encuentra en una posición incómoda. El presidente Macron ha respaldado en privado a Meloni, pero teme que Berlín reaccione con dureza. Alemania, que acaba de salir de una recesión técnica, insiste en que la prioridad debe ser la reducción del déficit y no nuevos estímulos. Sin embargo, la dependencia industrial alemana del gas del golfo Pérsico podría obligar a Berlín a modular su postura.
Para España, el debate es doblemente crucial. Por un lado, la economía española es una de las más expuestas a la volatilidad de los precios energéticos, con una factura del gas que el año pasado superó los 25.000 millones de euros. Por otro, el Gobierno de Pedro Sánchez arrastra una deuda pública que roza el 105% del PIB y necesita todo el margen fiscal posible para mantener el gasto social y las inversiones del Plan de Recuperación. La posibilidad de que Bruselas abra la mano fiscal es, por tanto, una oportunidad que Moncloa no quiere desaprovechar.
A más largo plazo, la flexibilidad por crisis externas puede sentar un peligroso precedente. Si cada perturbación geopolítica sirve para relajar las cuentas, la nueva gobernanza fiscal perderá credibilidad antes de haber echado a andar. Bruselas lo sabe y por eso insiste en que cualquier relajación irá acompañada de reformas estructurales, con especial énfasis en la transición energética y la digitalización, en línea con el espíritu de Next Generation. Puedes consultar más detalles sobre el nuevo marco fiscal en la página oficial de la Comisión.
La próxima reunión del Eurogrupo, prevista para el 15 de junio, será el primer termómetro de esta batalla silenciosa. Para entonces, la Comisión deberá haber presentado una evaluación preliminar del impacto económico del bloqueo del Ormuz. España e Italia amagarán con un frente común; los halcones fiscales, con vetar cualquier concesión. El resultado no solo definirá la respuesta a una crisis: marcará el tono de la política fiscal europea durante toda la década.
