EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El presidente de EE UU, Donald Trump, ha impuesto aranceles adicionales del 25 % al 50 % a la importación de superficies de cuarzo artificial. La medida fue aprobada el 31 de julio y entra en vigor el 15 de agosto.
- ¿Quién está detrás? La decisión beneficia directamente al fabricante estadounidense Cambria, cuyo CEO es donante y aliado de Trump. Quedan exentos países como Canadá, México, Australia y Corea del Sur, pero la Unión Europea y España sí están afectadas.
- ¿Qué impacto tiene? Cosentino, el gigante almeriense del cuarzo, obtiene el 52 % de sus ventas en Norteamérica. La empresa ya ha comunicado a su plantilla la elaboración de “planes de actuación” y buscará negociar un acuerdo bilateral antes de la aplicación definitiva.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha abierto un nuevo capítulo en la guerra comercial al aprobar aranceles del 25 % al 50 % sobre las superficies de piedra artificial de cuarzo. La orden, firmada el 31 de julio y con entrada en vigor prevista para el 15 de agosto, golpea de lleno a Cosentino, la multinacional almeriense que concentra en Norteamérica más de la mitad de sus ventas. La empresa ha informado a sus 5.800 empleados de que ya trabaja en distintos “planes de actuación” ante una medida que califica de “relevante”.
Un arancel diseñado para favorecer a Cambria
La decisión de la Casa Blanca no es casual. El principal impulsor de los aranceles es Cambria, el gigante estadounidense del cuarzo cuyo consejero delegado, Marty Davis, es un conocido donante de la campaña de Trump y defensor acérrimo de la política “vende aquí, fabrica aquí”. La orden exime a un puñado de países –Canadá, México, Australia, Colombia, Corea del Sur, entre otros–, pero deja fuera a la Unión Europea, a China y a Brasil, es decir, a los grandes competidores internacionales. El resultado es un gravamen que puede duplicar el coste de importación de una encimera de cuarzo fabricada en España.
El proteccionismo de Trump ya había provocado un aumento de la factura arancelaria para Cosentino, cuyas cuentas de 2025 reflejaban un encarecimiento de las tarifas y una caída del 9 % en las ventas a Estados Unidos respecto al año anterior. Sin embargo, la empresa había logrado compensar ese retroceso con el crecimiento en Europa Occidental y otros mercados. El nuevo arancel amenaza con acelerar esa pérdida en su principal motor de ingresos.
Cosentino, en el epicentro de la tormenta
La multinacional española facturó 1.400 millones de euros en 2025, de los que el 52 % procedió de Estados Unidos y Canadá. Con 3.900 empleados en España (la mayoría en su planta de Cantoria, Almería) y otros 1.900 repartidos por el mundo, la dependencia del mercado norteamericano la convierte en la empresa europea más expuesta a esta medida. Fuentes de la compañía reconocen que se trata de “una decisión relevante”, aunque precisan que no afecta a las líneas ultracompacta Dekton ni a la de piedra natural Sensa, solo a las superficies de cuarzo artificial Silestone.
En el comunicado interno del 4 de agosto, Cosentino aseguraba haber anticipado el desenlace: “Llevamos meses trabajando en distintos escenarios y preparando planes de actuación para responder con agilidad”. La empresa confía en su posición financiera “sólida” y recuerda que está construyendo una fábrica en Jacksonville (Florida), una inversión que, pase lo que pase, le otorga un pie industrial en suelo estadounidense. Eso sí, por ahora no aclara si la nueva planta absorberá parte de la producción que hoy sale de Almería, ni si habrá ajustes de plantilla en España: “Es prematuro anticipar decisiones concretas; evitamos valoraciones especulativas”, responden.
La dirección también ha abierto un canal de diálogo con las autoridades a ambos lados del Atlántico. La orden de Trump deja una puerta abierta a negociar acuerdos bilaterales que podrían modular o eliminar los aranceles a cambio de compromisos de inversión en Estados Unidos. Cosentino ya ha anunciado que “durante los próximos días mantendremos conversaciones (…) para analizar el alcance de la medida y valorar las diferentes opciones disponibles”.
El porrazo arancelario le llega a Cosentino en el peor momento: con las ventas americanas ya a la baja y un aluvión de litigios por silicosis al otro lado del Atlántico.
El Eje del Poder Europeo
El nuevo arancel de Trump rompe la tregua comercial que Bruselas y Washington mantenían desde el fin de la era Biden. La Comisión Europea, que sigue de cerca la evolución de la medida, tiene sobre la mesa la posibilidad de acudir a la Organización Mundial del Comercio, pero la vía preferida será, como casi siempre, la negociación bilateral. España, como Estado miembro más perjudicado en términos relativos –la producción de cuarzo artificial es casi sinónimo de Cosentino–, está presionando a la Representación Permanente ante la UE para que el sector de la piedra figure entre las prioridades de la agenda comercial comunitaria. El Gobierno de Sánchez sabe que una caída prolongada de las ventas de Cosentino tendría un impacto directo en el empleo de la comarca del Almanzora y en la balanza comercial española.
La estrategia de Trump, resumida por su asesor Peter Navarro en un “vende aquí, fabrica aquí”, obliga a las empresas europeas a decidir si asumen el coste arancelario o trasladan producción a suelo estadounidense. Cosentino ya ha empezado a hacerlo con su planta de Jacksonville, pero la capacidad de esa fábrica difícilmente podrá sustituir a corto plazo los volúmenes que salen de Cantoria. El riesgo para España es que, si la negociación fracasa y los aranceles se consolidan, otros grandes exportadores europeos de sectores estratégicos –automoción, alimentos, cerámica– puedan ser los siguientes en la lista.
Esta crisis reaviva un debate latente en la UE: hasta qué punto es sostenible depender de un mercado extracomunitario tan volátil como el estadounidense. Mientras Berlín y París insisten en la necesidad de diversificar hacia Asia y América Latina, Madrid intenta mantener el puente con Washington con la esperanza de que un acuerdo bilateral salve los muebles a Cosentino. El tiempo apremia: la orden entra en vigor el 15 de agosto, aunque la empresa confía en que las conversaciones de los próximos días definan “el escenario definitivo”. Si el diálogo cuaja, el mazazo arancelario podría quedarse en un susto. Si no, la mitad de los ingresos de Cosentino empezarán a menguar desde el mismo lunes.
Próximo hito: 15 de agosto de 2026, entrada en vigor de los aranceles, salvo que las negociaciones bilaterales logren una suspensión o una exención para la UE. La Comisión Europea, mientras tanto, sigue evaluando el impacto sectorial y prepara su respuesta.

