EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Ejército libanés controla Zawtar Gharbieh tras la retirada parcial de Israel, dentro de un modelo de zonas piloto mediado por Washington.
- ¿Quién está detrás? Las Fuerzas de Defensa de Israel mantienen posiciones y fuego diario sobre la colina de Ali al-Taher, considerada un bastión de Hezbolá.
- ¿Qué impacto tiene? La falta de un mecanismo de verificación del desarme de Hezbolá puede normalizar una presencia israelí de facto en el sur.
El Ejército libanés intenta consolidar el sur del Líbano tras la retirada israelí de una zona piloto pactada con Washington. La orografía montañosa convierte la contención de Hezbolá en un dilema estratégico sin respuesta fácil.
La retirada israelí que no despeja el sur del Líbano
En la entrada de Zawtar Gharbieh, tropas de las Fuerzas Armadas Libanesas (LAF) montan un puesto bajo un árbol e impiden el paso a cualquier persona que intente avanzar. El municipio, de unos cientos de familias, acaba de volver a control gubernamental después de que Israel aceptara replegarse de una de las dos zonas piloto negociadas en las conversaciones mediadas por Estados Unidos, según recoge Defense News. El alcalde, Abed Ezzeddine, insiste en que las tropas israelíes no llegaron a ocupar permanentemente el pueblo, aunque sí ejecutaron operaciones en su interior.
El acuerdo marco prevé que Israel abandone dos áreas iniciales una vez que se haya verificado sobre el terreno la ausencia de armamento y de combatientes de Hezbolá. El mecanismo de verificación sigue sin definirse y, por ahora, Israel solo ha completado la retirada de una de las dos zonas previstas. Mientras tanto, los uniformados libaneses limpian escombros, prestan servicios básicos y restauran infraestructuras para las decenas de familias que han decidido regresar. Todo ello bajo la vigilancia de drones israelíes de reconocimiento que, en ocasiones, vuelan bajo entre los vecinos. La LAF ha pedido, a través del canal creado tras la tregua de noviembre de 2024 —integrado por Líbano, Israel, Estados Unidos, Francia y UNIFIL—, que los aparatos mantengan cierta distancia para no asustar a quienes intentan recuperar una apariencia de normalidad.
Desde la plaza principal de Zawtar Gharbieh se ven las excavadoras israelíes operando en Zawtar Sharqieh, el pueblo gemelo situado enfrente. Las fuerzas libanesas e israelíes se observan entre sí, con la incertidumbre añadida del tramo final de UNIFIL, la misión de Naciones Unidas que lleva décadas interponiéndose en el sur.
Ali al-Taher: la colina que Israel no ha logrado doblegar

La colina de Ali al-Taher domina el paisaje desde Zawtar Gharbieh. Se eleva unos 600 metros sobre el terreno circundante y está rodeada por fuerzas israelíes. A pesar del alto el fuego, recibe bombardeos israelíes casi a diario. Se cree que alberga un centro de mando estratégico de Hezbolá y que conserva túneles con combatientes en su interior. El repunte de las operaciones israelíes se refleja en los datos de UNIFIL: entre el 5 y el 16 de agosto se registró una media de 137 proyectiles diarios en la zona.
Desde el punto de vista militar, controlar una altura no equivale a controlar todo el territorio circundante, pero sí proporciona ventaja para la observación, el seguimiento de movimientos, la dirección del fuego y la protección de rutas. ‘Quien domine Ali al-Taher puede colocar a Nabatieh y sus alrededores bajo una vigilancia y una presión de fuego más directas’, resume el general retirado Mounir Shehadeh, excoordinador del Gobierno libanés ante UNIFIL.
La altura no garantiza el dominio de todo el valle, pero convierte a Nabatieh en un objetivo mucho más expuesto.
El general Shehadeh no cierra la puerta a la infraestructura subterránea: ‘La existencia de instalaciones militares bajo tierra es plausible y hay indicios que la respaldan, pero las afirmaciones sobre su tamaño, el número de personas en su interior y el uso de gas siguen sin verificarse’. Ese matiz es relevante. Amplificar la imagen de un gran centro militar atrapado puede servir a la guerra psicológica y mediática, dice, para justificar la prolongación de las operaciones israelíes y preparar a la opinión pública para una incursión u ocupación más larga. El alcalde de Nabatieh, Abbas Fakhreddine, comparte esa lectura y apunta a una campaña mediática previa a las próximas elecciones.
Shehadeh identifica tres objetivos israelíes en Ali al-Taher: el militar, retirar a Hezbolá de un alto desde el que observa las rutas y las fuerzas israelíes; el geográfico, consolidar una cadena de posiciones elevadas dentro del Líbano; y el político, establecer una realidad que se parezca a una ocupación sin necesidad de declararla formalmente. Para el militar retirado, el tercero es el más preocupante. La colina forma parte de la cadena de alturas que se conecta con el castillo de Beaufort, la fortificación cruzada que Israel ocupó y que sigue bajo control israelí.
Equilibrio de Poder
Washington actúa como mediador principal en el repliegue, pero el mecanismo de verificación sigue siendo el eslabón débil del acuerdo. París participa en el canal diplomático y Bruselas observa desde la distancia; Moscú, en cambio, no tiene presencia directa en este tramo del sur del Líbano, aunque mantiene capacidad de influencia sobre Siria. La pieza que falta es una verificación independiente de los túneles y arsenales de Hezbolá, justo cuando la misión de UNIFIL encara su fase final.
Para España, el deterioro del sur del Líbano no es ajeno. Madrid mantiene efectivos en la misión UNIFIL, un contingente que quedaría más expuesto si la tensión se cronifica. Además, el Mediterráneo oriental concentra rutas energéticas que afectan a la factura europea y, por tanto, a la economía nacional. La frontera sur española se juega en dos tableros: el Sahel y el Mediterráneo oriental. Una normalización de la presencia israelí en las alturas libanesas añadiría un nuevo foco de inestabilidad a pocas millas náuticas de las costas europeas.
El precedente de Beaufort ayuda a dimensionar el riesgo: una fortificación que se ocupó y que ya no se devuelve. Por eso la batalla por Ali al-Taher se conecta con el futuro de de la frontera libanesa y no solo con el desarme de Hezbolá. La LAF carece de personal y de material para imponerse a Hezbolá o frenar a Israel; su margen se reduce a documentar lo que ocurre sobre el terreno, coordinar con los actores internacionales y sostener la posición negociadora libanesa. Ese es el único contrapeso real frente a una ocupación que no se declara pero que se consolida.
El siguiente termómetro será la evolución de la segunda zona piloto y, sobre todo, la definición del mecanismo de verificación. Sin una comprobación independiente sobre el terreno, el repliegue israelí seguirá siendo un gesto táctico y no un cambio de doctrina en la frontera.
