La elección de Córdoba para concentrar la logística pesada del Ejército de Tierra estuvo rodeada desde el principio por una fuerte controversia política. La cordobesa Carmen Calvo, entonces vicepresidenta primera y natural de Córdoba, defendió públicamente la decisión e intercedió para que se produjese, mientras Jaén y otras candidatas como Ávila cuestionaron el procedimiento.
Cinco años después, el proyecto adquiere además una dimensión estratégica distinta: Marruecos dispone de misiles tácticos con un alcance que sitúa a la futura base dentro de su radio teórico de acción. Eso no significa que exista una amenaza militar concreta contra Córdoba, pero sí introduce una vulnerabilidad que merece ser analizada en cualquier planificación de defensa.
La elección de Córdoba como sede de la Base Logística del Ejército de Tierra (BLET) se anunció en febrero de 2021, después de un proceso en el que también compitieron Jaén y Toledo. El Ministerio de Defensa justificó entonces la decisión por criterios de eficacia, disponibilidad de terrenos y rapidez para comenzar las obras. Margarita Robles explicó que Córdoba permitía ponerse a trabajar de inmediato porque los terrenos no requerían el proceso de expropiación previsto en otras candidaturas.
Pero la decisión llegó acompañada de una importante polémica política. Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno y cordobesa, había defendido públicamente la candidatura de su ciudad. Algunos dirigentes de Jaén llegaron a acusarla de haber influido para que la base terminara en Córdoba. Calvo rechazó esa interpretación y sostuvo que la elección había sido realizada con «rigor» por Defensa.
La controversia quedó instalada desde entonces. El propio Gobierno, sin embargo, presentó el proyecto como una transformación estructural del Ejército de Tierra: concentrar en una única instalación buena parte de las capacidades logísticas y de mantenimiento que actualmente están repartidas por España.
La importancia militar de la instalación es, por tanto, muy superior a la de una base convencional. La BLET está concebida como uno de los pilares del Ejército 2035 y contará con tecnología de automatización, inteligencia artificial, robótica, impresión 3D y sistemas avanzados de mantenimiento.
El problema de convertir un centro logístico en un objetivo estratégico
Precisamente esa concentración constituye una de sus principales ventajas y, al mismo tiempo, una de sus posibles vulnerabilidades.
El proyecto busca obtener economías de escala y reducir tiempos y costes. El Ejército pretende centralizar actividades que hasta ahora se desarrollaban en diferentes instalaciones, con el objetivo de disponer de una cadena logística militar mucho más eficiente. La propia documentación oficial señala que el complejo será el núcleo de actividades de mantenimiento y abastecimiento del Ejército de Tierra.
El problema aparece cuando se analiza esa concentración desde la perspectiva de un conflicto de alta intensidad.
Una instalación que reúne almacenes, talleres, repuestos, sistemas tecnológicos, personal especializado y capacidades de mantenimiento puede convertirse en un nodo crítico de la cadena logística española. No significa que su destrucción paralizara al Ejército, porque las Fuerzas Armadas mantienen otras infraestructuras y capacidades distribuidas, pero sí que un ataque contra un centro de estas características podría intentar generar una interrupción considerable.
El propio Estado ha reconocido el carácter estratégico de la infraestructura. En 2023, el Gobierno declaró las 84,94 hectáreas de la BLET zona de interés para la Defensa Nacional, precisamente para proteger sus instalaciones y garantizar la prioridad de los intereses militares en el área.

Marruecos y los 300 kilómetros que cambian el análisis
Aquí aparece uno de los elementos más delicados. Marruecos ha reforzado durante los últimos años su artillería de largo alcance y ha incorporado sistemas HIMARS estadounidenses. El paquete aprobado por Washington incluyó 40 misiles ATACMS, cuyo alcance máximo declarado por el fabricante alcanza los 300 kilómetros.
La cuestión geográfica es relevante. Córdoba se encuentra a unos 334 kilómetros de Tánger Med, según estimaciones de distancia entre ambos puntos, aunque la distancia exacta desde la BLET hasta las diferentes zonas de lanzamiento potenciales del norte de Marruecos varía considerablemente.
Por ello, afirmar que «Marruecos puede atacar Córdoba» requiere matices. El alcance máximo de un misil no convierte automáticamente cualquier punto situado cerca de ese radio en un objetivo accesible en cualquier circunstancia. Influyen la posición concreta del lanzador, la versión del arma, la inteligencia disponible, la trayectoria y otros factores operativos.
Pero el dato estratégico sí es significativo: existen escenarios geográficos en los que determinados sistemas marroquíes de largo alcance podrían situar instalaciones del sur de España dentro de su envolvente teórica. Medios especializados han señalado expresamente a Córdoba, Sevilla y Granada como áreas que podrían entrar en el radio teórico de los ATACMS marroquíes.
Eso no implica que Marruecos tenga intención de atacar España. De hecho, análisis sobre el rearme marroquí han señalado que buena parte de sus adquisiciones parecen estar orientadas a equilibrar sus capacidades frente a Argelia.
La diferencia es importante: vulnerabilidad militar e intención política no son la misma cosa.
La paradoja estratégica de Córdoba
La elección de Córdoba tiene una lógica logística evidente. La ciudad se encuentra conectada con grandes corredores ferroviarios y viarios y ofrece una posición interior respecto a las principales zonas costeras. Además, el proyecto pretende aprovechar la proximidad de infraestructuras civiles y del tejido industrial andaluz.
Pero esa posición no equivale necesariamente a estar fuera del alcance de las nuevas armas de precisión.
Durante décadas, situar una instalación militar en el interior peninsular aportaba una ventaja evidente frente a amenazas procedentes del litoral. La evolución tecnológica está modificando esa ecuación. Los misiles tácticos modernos permiten atacar a cientos de kilómetros, mientras drones y otros sistemas de largo alcance amplían todavía más la capacidad de vigilancia y ataque.
Esto obliga a cambiar la manera de pensar la protección de las grandes instalaciones militares. Ya no basta con esconderlas de la frontera o alejarlas de la costa. Es necesario contemplar defensa aérea y antimisil, dispersión de capacidades, redundancia logística, camuflaje, movilidad y capacidad para recuperar rápidamente una instalación dañada.
La propia evolución del proyecto de Córdoba apunta precisamente hacia una infraestructura tecnológica de enorme importancia para el Ejército. Defensa recibió en 2025 las obras de urbanización y vallado de la futura base, dentro de un proyecto considerado clave para el Ejército 2035.

El debate que queda abierto para la Defensa española
La verdadera cuestión estratégica no es si Córdoba constituye hoy un objetivo para Marruecos. No existen evidencias públicas que permitan afirmar que Rabat tenga intención de atacar la BLET. El debate relevante es otro: qué nivel de protección necesita una instalación que concentrará una parte sustancial de la logística terrestre española cuando el entorno militar del Estrecho y el norte de África está incorporando armas de precisión cada vez más sofisticadas.
La decisión adoptada en 2021 tenía una lógica fundamentalmente logística, económica y territorial. Cinco años después, el contexto de seguridad es diferente. Marruecos ha incrementado sus capacidades militares, España está modernizando su Ejército y la guerra en Ucrania ha demostrado hasta qué punto la logística, los depósitos, los centros de mantenimiento y las infraestructuras de retaguardia pueden convertirse en objetivos prioritarios.
Córdoba ofrece ventajas indudables para centralizar la logística. Pero precisamente por esa concentración, la BLET obliga a plantear una pregunta incómoda: cuánto debe proteger España una instalación que, por su importancia, podría resultar mucho más valiosa para un adversario que una base militar convencional.
La respuesta no pasa necesariamente por cuestionar la elección de Córdoba. Pasa por asumir que una gran infraestructura militar del siglo XXI necesita algo más que muros, vigilancia y distancia geográfica. Necesita defensa aérea, redundancia, dispersión y capacidad de supervivencia ante ataques de precisión. Y esa es una de las grandes lecciones que deja la nueva geografía de los misiles en el Estrecho.
