Cuidado con la IA del supermercado: las recetas peligrosas que nunca deberías cocinar

Un chatbot de la cadena neozelandesa Pak'nSave llegó a proponer un cóctel con lejía y una mezcla capaz de liberar cloro gaseoso. La empresa avisó de que ninguna receta pasaba por revisión humana.

Todos hemos mirado la nevera a medias y hemos pensado en preguntarle a una máquina qué demonios cocinar. Casi siempre la respuesta es un guiso decente, a veces hasta brillante. El problema de la IA en el supermercado aparece cuando el sistema no distingue entre un alimento y un producto de limpieza y te suelta la receta peligrosa con la misma seguridad con la que te explicaría un sofrito.

No es una hipótesis de laboratorio. En 2023, la cadena neozelandesa Pak’nSave puso en marcha Savey Meal-Bot, un chatbot pensado para que sus clientes escribieran los ingredientes que tenían en casa y recibieran una receta completa, con cantidades e instrucciones. Sobre el papel, una idea redonda: menos desperdicio, menos dudas y menos cenas de huevo frito.

Cómo una IA de supermercado acabó recomendando lejía

Pero un puñado de usuarios decidió tensar la cuerda, introduciendo en el formulario productos que nunca pisarían una sartén. El sistema, obediente, tiró de creatividad: apareció una mezcla de agua aromática cuya combinación podía liberar cloro gaseoso, un cóctel sin alcohol con lejía, un sándwich con pegamento, un arroz con lejía, y una preparación que incluía trementina.

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Lo más inquietante no fue la lista. Fue el tono. El sistema describió una de aquellas propuestas como una bebida adecuada para refrescarse, con la misma naturalidad con la que recomendaría una limonada. Un texto convincente no es un texto seguro, y esa distancia es la que se lleva por delante a cualquiera que confíe sin releer.

Han pasado tres años desde aquel episodio y la lección sigue intacta. Un modelo de lenguaje no sabe qué es comestible; sabe qué palabras suelen aparecer juntas. La seguridad alimentaria, en cambio, se apoya en datos, en normativa y en alguien que haya quemado alguna vez un sofrito.

Un sistema que no distingue la sal del matarratas no tiene criterio: tiene fluidez, y la fluidez no evita una intoxicación.

El secreto del éxito: tres reglas antes de hacer caso a una IA

  • Revisa la lista antes de pedir: si escribes lejía, amoniaco o trementina, estás jugando a otro juego. La IA responde a lo que le das, no a lo que tú querías decir.
  • Desconfía del tono entusiasta: cuanto más apetitoso suena un paso, más conviene releerlo. La seguridad no se mide en adjetivos.
  • Fuera del prompt los productos de limpieza: mezclar lejía y amoniaco libera cloramina, un gas tóxico que ha mandado a más de uno a urgencias. Nunca en la cocina.

Qué dijo Pak’nSave y por qué su descargo no basta

La empresa se cubrió las espaldas desde el principio. Pak’nSave advertía de que ninguna receta había pasado por revisión humana, que no podía garantizar que fueran equilibradas o seguras y que cada usuario aplicara su propio criterio. Es un aviso legal correcto y, a la vez, insuficiente: si el gancho comercial es ‘dime qué tienes y te digo qué cocinar’, la letra pequeña llega tarde.

Nadie revisó nada.

Los tecnólogos de alimentos llevan años repitiendo una idea sencilla: la información alimentaria se verifica, no se intuye. Una etiqueta se lee, un envase abombado se tira y una receta con lejía no se prueba para ver qué pasa. El chatbot hacía justo lo contrario: improvisaba con lo que le daban y lo presentaba como un plan de cena.

Cómo usar la IA en la cocina sin arriesgarte

Yo sigo usándola, y lo digo sin pudor. Para aprovechar restos, para calcular proporciones de una masa o para salir de un apuro un martes a las nueve de la noche, una IA bien alimentada es una ayuda enorme. La diferencia está en dónde la pones a trabajar: en el ‘qué cocino con estas cuatro cosas’, no en el ‘esto se puede comer’.

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Hay tres filtros que aplico siempre. El primero es de sentido común: nada que no metería en la boca. El segundo es de coherencia, si la propuesta pide un ingrediente que no aparece en mi lista, sospecho. Y el tercero es de memoria: cuando aparece una combinación química que no he visto jamás en un recetario, la descarto sin darle más vueltas.

Si lo que buscas es comodidad, existen alternativas menos arriesgadas: los recetarios contrastados, los cuadernos manchados de siempre, las webs con recetas probadas y una persona con nombre detrás. Ninguna de ellas te va a proponer un cóctel con lejía.

El algoritmo no cena en tu casa.

Tú sí.