Las cuines de la dana sirvieron hasta 18.000 comidas diarias en L’Horta Sud, según un estudio de la Universitat de Barcelona.
El informe, elaborado por Dula Cooperativa junto al grupo FARO de la Universitat de Barcelona y con el respaldo del proyecto europeo Cultivate, analiza ocho iniciativas vecinales activadas en los primeros días tras las inundaciones del 29 de octubre de 2024. Las llamadas cuines de la dana —cocinas colectivas informales, sin jerarquía oficial, pero altamente estructuradas— sostuvieron el sustento de miles de vecinos durante más de un mes.
Entre 16.000 y 18.000 raciones diarias de comida fresca durante una media de 41 días. Esa es la cifra que el documento pone sobre la mesa, con unas 150 personas voluntarias movilizadas, por jornada. Y hay un detalle que el estudio subraya: el dispositivo siguió en pie cuando la marea de voluntarios empezaba ya a retirarse de las zonas afectadas.
Los perfiles son variados. Bares de barrio reconvertidos en comedores improvisados. Centros sociales que abrieron sus cocinas. Cocineros profesionales que coordinaron a vecinos y asociaciones sin ánimo de lucro. La economía social y el comercio de proximidad fueron el andamiaje de una respuesta que llegó antes que muchos canales oficiales.
Resultó decisiva la existencia previa de estructuras intermedias de agricultores y productores locales, capaces de suministrar materia prima fresca sin pasar por la gran distribución. A eso se sumó la alianza con la empresa pública Mercavalència, que aportó un centro logístico clave para almacenar y distribuir los alimentos a escala. Sin ese nodo, señala el informe, el reparto no habría aguantado el ritmo.
Cuando el asfalto se rompió, la primera red de emergencia no fue un protocolo oficial: fue una cocina de barrio con las puertas abiertas.
Más allá del volumen, la investigación pone en valor el modelo. Frente a la comida precocinada o al reparto de raciones secas, las cocinas apostaron de forma deliberada por platos de cuchara, calientes y nutricionalmente equilibrados. «Garantizar el derecho a una alimentación sana en medio de un contexto de crisis» fue, según el documento, la prioridad declarada. Las cifras no cierran si se mira solo la logística: había que alimentar a gente que acababa de perderlo casi todo.
Pese al caos de los primeros días, las brigadas aplicaron protocolos estrictos de seguridad e higiene alimentaria en la preparación y el envasado. El obstáculo compartido fue otro: acceder por carretera a los pueblos devastados y recibir suministros básicos. La relación con las administraciones locales osciló entre el bloqueo puntual y los acuerdos de colaboración. Cuando el colapso viario cerraba un paso, había que buscar otro camino.
Platos calientes frente a raciones secas: la ética de una respuesta comunitaria
El informe no se queda en la anécdota solidaria. Extrae lecciones de política pública. Su recomendación central es potenciar la cooperación público-comunitaria en situaciones de normalidad, no solo cuando la catástrofe ya ha ocurrido. Es decir: construir la red antes de necesitarla.

Entre las propuestas destacan tres. La creación de infraestructuras logísticas compartidas. La compra colectiva de envases y materiales. Y la articulación de redes comarcales capaces de activarse ante cualquier nueva emergencia territorial. Nada de esto exige grandes presupuestos, pero sí voluntad de reconocer a quien ya estaba allí.
La comparación con otras catástrofes españolas invita a pensarlo. En la riada de Biescas de 1996, en las inundaciones de Murcia de 2012 o en los incendios de Galicia de 2017, la respuesta ciudadana también desbordó los cauces previstos. La diferencia es que ahora existe un estudio que lo mide. Dos años después, el tejido vecinal de L’Horta Sud tiene por fin números.
El escenario de la reconstrucción
El informe llega en un momento político delicado para la Generalitat. El Consell de Pérez Llorca sigue gestionando la reconstrucción bajo la sombra del proceso judicial de la DANA, con comparecencias pendientes del expresident.
El gobierno autonómico lo sostienen PP y Vox desde diciembre de 2025. El expresident Carlos Mazón, hoy diputado en las Corts Valencianes tras su dimisión, mantiene su propia agenda judicial.
La oposición de PSPV y Compromís ha reclamado sin éxito que el Consell reconozca el papel de las redes vecinales dentro de los planes de emergencia de la Comunitat.
La dimensión nacional no es menor. El Gobierno de Pedro Sánchez ha defendido su modelo de transferencias extraordinarias frente al criterio de la Generalitat, y el debate sobre cómo coordinar el sistema de protección civil sigue abierto en el Congreso de los Diputados. Los fondos europeos comprometidos para la reconstrucción añaden una capa de exigencia: Bruselas pide resultados medibles, no solo compromisos.
La proyección inmediata pasa por las Corts. Queda pendiente el desarrollo reglamentario de las ayudas aún sin ejecutar y la próxima comparecencia del Consell sobre el grado de avance del Plan RERD, el instrumento autonómico para canalizar los fondos de reconstrucción. Si el estudio acaba debatiéndose en una comisión parlamentaria, el tejido vecinal tendrá el reconocimiento institucional que nunca pidió.
Ficha del Caso
- El caso: Un informe de Dula Cooperativa y la Universitat de Barcelona documenta ocho cocinas colectivas que alimentaron a miles de damnificados de la DANA en L’Horta Sud durante más de un mes.
- Datos importantes: Entre 16.000 y 18.000 raciones diarias de comida fresca, 41 días de media, unas 150 personas voluntarias al día y el apoyo logístico de la empresa pública Mercavalència.
- Resumen: El estudio reclama cooperación público-comunitaria y redes comarcales activables antes de la próxima emergencia, en plena discusión sobre la reconstrucción y el sistema nacional de protección civil.

