Kulbergs gana las elecciones en Letonia con la proeuropea Lista Unida y allana una coalición pro-Ucrania

Lista Unida logra 42 escaños de 100, récord desde la independencia, y necesita al menos dos socios para gobernar. El avance populista entre la minoría rusoparlante complica la próxima coalición.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Con más del 99,9% escrutado, la proeuropea Lista Unida del primer ministro Andris Kulbergs gana las elecciones de Letonia con el 35,4% de los votos y 42 de los 100 escaños de la Saeima.
  • ¿Quién está detrás? Un primer ministro en funciones desde mayo, una coalición saliente que no sobrevivirá en su forma actual y dos partidos populistas que pescan en la minoría rusoparlante, cerca de un tercio de la población.
  • ¿Qué impacto tiene? Riga seguirá en la línea proeuropea y proucraniana y refuerza al flanco este en Bruselas, en pleno debate sobre quién paga el rearme europeo y la ayuda a Kiev.

La proeuropea Lista Unida gana las elecciones de Letonia con el 35,4% de los votos y 42 escaños en la Saeima. El partido del primer ministro Andris Kulbergs firma el mejor resultado de una formación letona desde la independencia de 1991 y se queda a nueve diputados de la mayoría absoluta.

Con más del 99,9% de los votos escrutados, la televisión pública letona situaba a Lista Unida en el 35,4% y le atribuía 42 de los 100 escaños de la Saeima. Ninguna formación había llegado tan lejos en la historia posterior a la independencia, según los medios locales que siguieron el recuento desde Riga.

Por detrás, y a más de veinte puntos de distancia, se consolidaba en segunda posición Letonia Primero, el partido conservador de un magnate inmobiliario al que la prensa local compara con Donald Trump. El populista Poder Soberano, único grupo que rechaza la ayuda militar a Kiev y nuevas subidas del gasto en Defensa, apuntaba al tercer puesto tras una campaña centrada en el coste de la vida.

Publicidad

Kulbergs, en el cargo desde el pasado mayo, leyó el resultado como un mandato: ‘Eso significa que la gente realmente quiere cambios’, dijo, antes de traducirlo en crecimiento económico y en ‘un futuro para los hijos de Letonia. Los sondeos a pie de urna ya apuntaban esa ventaja; las encuestas previas, no.

La ventaja no resuelve el problema de fondo. La coalición saliente no sobrevivirá en su forma actual: uno de sus socios parecía abocado a perder sus escaños y el resto ha quedado por debajo de sus expectativas. Con 42 diputados hacen falta al menos dos aliados para asegurar los 51 escaños de la mayoría, y la Constitución letona obliga a constituir la nueva cámara en el mes siguiente a los comicios.

Kulbergs tiene los votos y no tiene los socios: la coalición que salga de estas semanas se parecerá muy poco a la que ha gobernado hasta ahora.

El voto rusoparlante: la minoría que cambió de manos

Lista Unida

Más de cuatro años después de la invasión rusa de Ucrania, la seguridad sigue ordenando la política letona. Miembro de la OTAN y de la Unión Europea desde 2004 —y del euro desde 2014—, Letonia tiene menos de dos millones de habitantes y considera a Rusia su amenaza principal, razón por la que ha elevado el gasto en Defensa muy por encima de la media comunitaria. Porque somos la frontera exterior de Europa, debemos tener una economía fuerte, una región fronteriza fuerte’, resumió Kulbergs. ‘Esa es la tarea principal’.

El resultado tiene una lectura incómoda. Cerca de un tercio de la población es rusoparlante y ese electorado ha dejado de votar en bloque. Durante años se agrupó en torno a Armonía, la formación que llegó a ser la mayor del país y que se hundió tras la invasión a gran escala de 2022 hasta perder toda su representación parlamentaria. El espacio que dejó libre lo han ocupado los populistas, que firman el segundo y el tercer puesto.

La campaña se dirimió entre el miedo a Moscú y el precio de la cesta de la compra. El coste de la vida, los salarios bajos un sistema sanitario tensionado y el declive demográfico a largo plazo han pesado tanto como la Defensa. Poder Soberano capitalizó ese malestar, pero sus detractores le atribuyen una agenda prorrusa y los grandes partidos ya han descartado pactar con él.

El cordón sanitario deja al primer ministro en una posición paradójica: los populistas crecen, pero están fuera de juego. La mayoría tendrá que tejerse entre los socios salientes y alguna formación nueva, con un ojo puesto en los 42 diputados propios y otro en ese electorado que ha cambiado de manos. La aritmética no perdona.

Publicidad

El Eje del Poder Europeo

La victoria de Kulbergs no reordena la UE por sí sola, pero consolida una geometría que llevamos meses siguiendo. El flanco este —Polonia y los tres bálticos— quiere que Defensa y Ucrania dejen de ser un capítulo aparte y se conviertan en la columna vertebral del Marco Financiero Plurianual, el presupuesto de varios años que debe entrar en vigor en 2028. Riga les da un argumento más y un socio fiable en la mesa del Consejo.

Del otro lado están los países del sur. España, Italia, Portugal y Grecia defienden que el rearme no se pague con la política de cohesión ni con la PAC, los dos capítulos que más dinero devuelven a sus regiones. El Consejo Europeo de las próximas semanas será el primer test de fuerza: allí se medirá si la ayuda a Kiev se financia con los activos rusos congelados o con deuda común.

España juega ese pulso con un margen estrecho. Sigue por debajo del 2% del PIB en gasto militar, con un calendario que se ha ido estirando, mientras el flanco este presume de esfuerzos muy superiores y de frontera directa con Rusia. En paralelo, la dimensión nacional aprieta: cualquier compromiso de gasto adicional aterriza en un Congreso donde el Gobierno no tiene mayoría garantizada.

La conexión militar entre Madrid y el Báltico no es teórica. Los cazas españoles han participado en varias rotaciones de la misión de policía aérea aliada sobre los países bálticos, y la industria de defensa española mira con interés el aumento de pedidos en la frontera este. Lo que se decide en Riga se decide también en el presupuesto de Bruselas y en la cartera de Indra, Navantia o Airbus España.

El precedente más útil no es remoto. Tras la anexión de Crimea en 2014, la UE tardó casi un año en cerrar sanciones económicas de calado; en 2022, con la invasión a gran escala, los Veintisiete encadenaron paquetes en cuestión de meses porque el flanco este empujó a la vez. Cada elección en la región reordena esa capacidad de empuje. Letonia acaba de decidir que seguirá empujando.

El riesgo inmediato es de calendario. Si la coalición tarda en cerrarse, Riga llegará al próximo Consejo Europeo con un Gobierno en funciones y menos peso negociador, justo cuando se decide el encaje presupuestario de Ucrania y de la Defensa. El riesgo de fondo es otro: los populistas han crecido pescando en un electorado que antes votaba en bloque, y ese pozo no se seca con una victoria del 35,4%. La nueva Saeima debe constituirse en el mes siguiente a los comicios. Ahí empieza la verdadera negociación.