EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El canciller alemán, Friedrich Merz, ha viajado este domingo por sorpresa a Kyiv acompañado por la ministra de Economía, Katherina Reiche, y una decena de representantes de empresas alemanas de defensa y energía.
- ¿Quién está detrás? El Gobierno federal alemán compromete miles de drones interceptores, 1.000 millones de euros de partidas ya aprobadas para producir armas de largo alcance con Ucrania y 350 millones para reparar centrales eléctricas dañadas.
- ¿Qué impacto tiene? Berlín refuerza su papel de líder militar europeo ante el quinto invierno de guerra, mientras en casa la AfD sube al 30% y la satisfacción con Merz cae al 15%.
Friedrich Merz visita Kyiv por sorpresa y lo hace con una decena de industriales alemanes de defensa y energía en el tren. El canciller federal ha llegado esta mañana a la capital ucraniana sin aviso público previo y con un paquete sobre la mesa que ronda los 1.350 millones de euros. Le acompañan la ministra de Economía, Katherina Reiche, y representantes de los sectores de armamento y energía. La Cancillería no había anunciado el desplazamiento en su agenda pública, recogida en el portal del Gobierno alemán.
Drones interceptores, 1.000 millones ya presupuestados y 350 para las centrales eléctricas
El núcleo del viaje es militar y tiene nombre propio: miles de drones interceptores que llegarán a las fuerzas armadas ucranianas en los próximos meses. Según círculos gubernamentales alemanes citados por la prensa europea, estos sistemas servirán sobre todo para frenar los drones rusos de propulsión a reacción, mucho más rápidos y difíciles de derribar que los convencionales. Kyiv lleva meses pidiendo exactamente eso.
A ese capítulo se suma el industrial. Berlín y Kyiv quieren ampliar la producción conjunta de armas de largo alcance, y para ello el Gobierno federal pondrá a disposición alrededor de 1.000 millones de euros procedentes de partidas presupuestarias ya aprobadas. Traducción: no hace falta aprobar nada nuevo en el Bundestag para que el dinero salga. Otros 350 millones de euros se destinan a la reparación y reconstrucción de centrales eléctricas ucranianas dañadas por los ataques rusos. El invierno no espera.
Al llegar, Merz justificó la urgencia del momento: Ucrania necesita ‘todo nuestro apoyo para las próximas semanas’. Después, el mensaje directo a Vladímir Putin: ‘Señor Putin, ponga fin a esta guerra sin sentido. Estamos dispuestos a entablar conversaciones’. Y una frase que resume su doctrina: Rusia solo entiende ‘el lenguaje de la fuerza’.
En Kyiv, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, recibió al canciller. Sobre la mesa, además del armamento, el suministro energético y la cooperación bilateral de medio plazo. La jornada, eso sí, no fue tranquila: el alcalde de la capital, Vitali Klitschko, confirmó que al menos un dron ruso alcanzó una calle junto al puente norte sobre el río Dniéper. Moscú había recomendado el sábado a los extranjeros y diplomáticos que abandonaran la ciudad. Merz lo sabía.
Alemania ya no manda promesas a Kyiv: manda industriales con contratos. La diferencia entre un gesto y una cadena de producción se mide en inviernos.
No es su primer viaje. Merz ya pisó Ucrania en mayo de 2025, pocos días después de jurar el cargo, junto a Keir Starmer, Emmanuel Macron y Donald Tusk. Pero entonces era la foto de la llegada; ahora es la foto del socio industrial. Berlín recorre así el mismo camino que con los carros de combate Leopard, cuando tardó meses en ceder a la presión aliada y acabó entregándolos. La diferencia es el tempo: esta vez se mueve antes de que la petición le llegue por escrito.
El precio político en Berlín: la AfD toca el 30% y Merz cae al 15%

La foto exterior contrasta con el termómetro interior. El último INSA-Sonntagstrend deja a la Unión de CDU y CSU en el 18%, su nivel más bajo medido por este instituto, y a la AfD en el 30%, un nuevo máximo en las mediciones de la casa. La distancia entre ambas se agranda hasta los 12 puntos. El SPD y Los Verdes se quedan en el 14% cada uno, La Izquierda en el 10%, y el FDP y el BSW se hunden al 4%, por debajo del umbral del 5% que da acceso al Bundestag. La coalición de gobierno suma apenas el 32%. Ahí está el problema.
Peor para el canciller: solo un 15% se declara satisfecho con su labor, frente a un 79% que se muestra descontento. El Gobierno federal cosecha un 14% de aprobación y un 79% de valoración negativa. El Sonntagstrend se elaboró con 1.202 entrevistas entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre; los datos de satisfacción proceden de una encuesta aparte a 1.001 personas los días 1 y 2 de octubre. A eso se suma la brecha este-oeste que ya detectó el ARD-Deutschlandtrend a principios de septiembre: en el este de Alemania, más de uno de cada dos encuestados cree que el apoyo alemán a Ucrania va demasiado lejos. A escala nacional, esa cifra supera ya el 40% y marca su nivel más alto desde febrero de 2022. La líder de la AfD, Alice Weidel, se pronunció este domingo sobre el viaje de Merz en la red social X.
El Eje del Poder Europeo
El viaje reordena las piezas del tablero. Alemania se coloca en el núcleo duro del apoyo militar a Kyiv, junto a Francia y el Reino Unido, ese eje que París y Londres llevan meses intentando institucionalizar. Bálticos y nórdicos aplauden sin reservas; Polonia, que ha pasado de socio incómodo a halcón de referencia, empuja en la misma dirección. Los frugales fiscales del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca— siguen mirando con recelo cualquier fórmula de deuda común para defensa, aunque comparten con los bálticos la dureza frente a Moscú. Hungría mantiene intacta su capacidad de bloqueo en todo lo que exija unanimidad, incluida buena parte de la política exterior común. Geometría variable, como siempre.
¿Y España? El movimiento alemán llega en un momento incómodo para Madrid. Moncloa se ha comprometido a alcanzar el 2% del PIB en gasto en defensa en 2029, una senda más lenta que la de sus principales socios, y afronta el debate sobre la financiación de la defensa europea con la etiqueta de país que prefiere subvenciones a préstamos. El instrumento SAFE, el mecanismo de préstamos con el que Bruselas financia compras conjuntas, ya está en marcha; la negociación del próximo Marco Financiero Plurianual, el presupuesto de la UE para el periodo 2028-2034, decidirá si el rearme se paga con dinero común o con esfuerzo nacional. Cada euro que Berlín anuncia en Kyiv refuerza la segunda vía.
Para la industria española, la pregunta es si la cadena de producción germano-ucraniana de drones y armamento de largo alcance abrirá la puerta a proveedores de fuera de Alemania. Compañías como Indra, Navantia o Escribano llevan años buscando hueco en los programas europeos de defensa, y ese hueco lo han venido abriendo Berlín y París.
La lectura a cinco o diez años es incómoda para todos. Alemania ha asumido el liderazgo militar que durante décadas evitó, pero lo hace con un 30% del electorado en manos de una formación que quiere cerrar el grifo a Kyiv y con un canciller al que solo aprueba el 15% de los suyos. El quinto invierno será el test: si las centrales eléctricas ucranianas vuelven a apagarse, la pregunta no será cuánto aguanta Ucrania, sino cuánto aguanta la coalición que gobierna en Berlín. El próximo Consejo Europeo y la negociación del presupuesto comunitario medirán hasta dónde llega ese compromiso. Kyiv no se visita dos veces por protocolo.

