La acampada de la Puerta del Sol resistió este sábado la intentona de los ultras de Núcleo Nacional. La Policía Nacional blindó el eje entre la calle de Alcalá y el Kilómetro Cero, detuvo a tres personas en la calle de la Montera y frenó el intento de irrupción de un grupo al que acompañaban varios adolescentes.
El dispositivo se desplegó desde primera hora de la tarde. Los antidisturbios cerraron el acceso natural a la plaza y rodearon el perímetro de la manifestación convocada por Núcleo Nacional y Democracia Nacional Joven en defensa de España y por una vivienda digna para los españoles. Según los datos de la Delegación del Gobierno, los concentrados en la calle de Alcalá fueron en torno a 400.
El pulso que no llegó a verse en el Kilómetro Cero
La tarde arrancó con la llegada de los ultras a la boca de Metro de Banco de España pasadas las 19.30 horas. La intención inicial era concentrarse en el número 21 de la calle de Alcalá, en las inmediaciones de la plaza. La Delegación les obligó a mover el emplazamiento hasta la esquina donde arranca el paseo de Recoletos. Los organizadores criticaron que el delegado del Gobierno, Francisco Martín Aguirre, les hubiera bloqueado las calles y cerrado el Metro.
Cuando rondaban las 21.30, la tensión escaló. Un grupo de Núcleo Nacional intentó penetrar en Sol y la Policía Nacional lo contuvo sin llegar a cargar. En paralelo, cientos de personas movilizadas por la Coordinadora Juvenil Socialista y el Sindicato de Estudiantes, junto a los propios acampados, taponaban el paso desde Alcalá al grito de ‘no pasarán’ y ‘aquí están los antifascistas’.
La consigna circuló antes por redes sociales: no acceder a las tiendas de campaña y formar una cadena humana en la zona. Algunos encapuchados se colocaron cascos de obra por si había cargas. No las hubo. Las tiendas del Kilómetro Cero cerraron con clientes dentro durante varios minutos.
En Sol, el problema no es quién llega a la plaza, sino que la vivienda siga siendo el terreno donde todos quieren plantar su bandera.
Sol resiste mientras el Congreso tumba los decretos de vivienda
La jornada del sábado no fue un hecho aislado. Ese mismo día se celebraron manifestaciones por la crisis de la vivienda en una cincuentena de localidades españolas. En Madrid las convocó el Sindicato de Inquilinas con el respaldo de CCOO y UGT. Llegaron, además, un día después de que el Congreso tumbase los reales decretos de vivienda del Gobierno, con el voto en contra de PP, Vox y Junts.
Ese detalle explica parte del ruido. Los ultras de Núcleo Nacional se sumaron a la causa de la vivienda para acabar increpando a los acampados, a los que llamaron ‘yonquis de mierda’. Una bandera compartida y, al mismo tiempo, una excusa perfecta para el choque. La Delegación del Gobierno hizo lo que le tocaba, separar los bloques y sostener el perímetro, pero nadie puede blindar el centro de Madrid todas las tardes.
Lo que el blindaje policial no resuelve
El operativo funcionó, pero deja abierta la pregunta de fondo. La acampada cumple una semana en la Puerta del Sol, un emplazamiento que ya fue epicentro del 15-M en 2011 y que desde entonces funciona como termómetro de cualquier hartazgo ciudadano. Lo que cambia ahora es el contexto político y la velocidad con que los extremos intentan rentabilizarlo.
Hay una contradicción que conviene señalar. La misma semana en que el Congreso rechazaba los decretos de vivienda, el Kilómetro Cero se convertía en escenario de un pulso entre ultras y antifascistas. La vivienda es el motivo real de miles de acampados y, a la vez, el reclamo con el que algunos grupos buscan su minuto de gloria.
Madrid tampoco es un caso único. Barcelona arrastra desde hace meses protestas por el alquiler con respuestas parecidas: más presencia policial y menos medidas estructurales. Aquí el foco está en Sol, el kilómetro cero de todos los pulsos de la capital. El próximo hito será comprobar si la acampada aguanta el otoño, si el Ayuntamiento mueve ficha en vivienda y si las fuerzas que tumbaron los decretos presentan una alternativa. De momento, el Kilómetro Cero sigue ocupado y la Policía, en alerta.
