EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Cuerpo de Marines de EE. UU. desplegará por primera vez sus sistemas antibuque NMESIS y de defensa aérea MADIS en Yonaguni, la isla habitada más suroccidental de Japón, a 110 kilómetros de Taiwán, durante el ejercicio Keen Sword del 19 al 29 de octubre.
- ¿Quién está detrás? El Cuerpo de Marines de EE. UU. y las Fuerzas de Autodefensa de Japón, con 45.000 efectivos japoneses y unidades terrestres de nueve países, entre ellos Australia y Francia.
- ¿Qué impacto tiene? Consolida el giro de Washington y Tokio hacia una red distribuida de sistemas móviles que puede amenazar buques en aguas próximas a Taiwán y eleva el riesgo de incidente en la cadena de islas Nansei.
Los Marines de EE. UU. desplegarán sus misiles antibuque NMESIS y su defensa aérea MADIS en Yonaguni, a 110 kilómetros de Taiwán. Será la primera vez que ambos sistemas pisan la isla, y llegan en el marco de Keen Sword, la mayor maniobra conjunta bienal entre Washington y Tokio.
El ejercicio se celebrará del 19 al 29 de octubre con 45.000 efectivos de las Fuerzas de Autodefensa de Japón y unidades terrestres de nueve países, entre ellos Australia y Francia. No es una maniobra más: es el escaparate del nuevo modelo de disuasión que ambos países llevan dos años ensayando en el primer archipiélago de la cadena Nansei.
El gobierno local de la isla de Yonaguni hizo público el despliegue el viernes 2 de octubre, un día después de que la Oficina de Defensa de Okinawa transmitiera los planes el 1 de octubre. No es un anuncio menor. Cualquier movimiento de material pesado obliga a cortar carreteras civiles y a usar el puerto de Kubura, y las autoridades locales ya han pedido a los vecinos que eviten circular mientras se trasladan los equipos.
Qué son el NMESIS y el MADIS, y por qué Yonaguni no es una isla cualquiera
El NMESIS —Navy-Marine Expeditionary Ship Interdiction System— es un lanzador montado sobre un vehículo ligero que dispara misiles antibuque con un alcance de unas 115 millas, cerca de 185 kilómetros. Traducido al mapa: desde Yonaguni, cubre buena parte del mar que rodea Taiwán y amenaza a cualquier buque que navegue por esas aguas. Pertenece al 12º Regimiento Litoral de Marines, con base en Okinawa y encuadrado en la 3ª División de Marines, que recibió el sistema en junio de este año.
El MADIS, por su parte, es el sistema integrado de defensa aérea del Cuerpo de Marines. Protege a las unidades litorales frente a drones, helicópteros y aeronaves de ala fija a baja cota. La combinación de los dos —golpe antibuque y paraguas antiaéreo— es exactamente lo que los Marines quieren para operar desde islas dispersas sin depender de grandes bases permanentes.
Antes de Yonaguni, los mismos sistemas se desplegaron en las islas Batanes del norte de Filipinas y en la provincia occidental de Laoag durante los ejercicios Balikatan. La lógica se repite: dispersar, esconder y multiplicar los puntos de fuego para que el adversario no sepa dónde golpear primero.
El mensaje no está en la isla, sino en el mapa: desde Yonaguni, el mar que rodea Taiwán deja de ser un espacio libre de vigilancia.
De base avanzada a red distribuida: el cambio de doctrina de los Marines

El despliegue no es un gesto aislado. Responde al plan de rediseño de la fuerza del Cuerpo de Marines, una reorganización que abandona las plataformas blindadas pesadas para centrarse en unidades pequeñas y expedicionarias capaces de tomar y defender islas. Es un cambio de fondo, no una rotación táctica.
Keen Sword será también el escaparate del Ejército de Tierra japonés. Las Fuerzas de Autodefensa terrestres desplegarán sus tres sistemas antibuque: el nuevo Type-25 SSM, antes conocido como Type-12 mejorado, desplegado en las islas Nansei a finales de marzo y con un alcance de 1.000 kilómetros; el veterano Type-88; y el misil antiaéreo de medio alcance Type 03 Chu-SAM Kai. Tokio está probando en tiempo real lo que sus responsables de Defensa llaman capacidades de ataque a distancia.
A eso se suma el Ejército de EE. UU., que llevará lanzadores HIMARS —el sistema de cohetes de artillería de alta movilidad, capaz de disparar cohetes guiados y misiles de corto alcance— a Camp Ishigaki, a unos 128 kilómetros de Yonaguni. El lanzador de misiles Typhon llegará a Okinawa a mediados de mes, aunque no se ha aclarado si participará en las maniobras.
La ausencia más sonada será naval. El grupo de ataque del portaaviones USS George Washington, que en ediciones anteriores se sumó al ejercicio, fue enviado en agosto al mar Arábigo para relevar al USS Abraham Lincoln, que regresaba a casa tras un despliegue prolongado. El ejercicio indo-pacífico se queda sin portaaviones y confirma el giro hacia una red terrestre de sistemas móviles.
Equilibrio de Poder
La lectura china ha sido inmediata. Expertos militares del país han criticado el despliegue, mientras la Armada del Ejército Popular de Liberación y los buques de la Guardia Costera han intensificado su actividad alrededor de Taiwán. Pekín no necesita responder con una declaración: le basta con navegar un poco más cerca. Las incursiones de la Guardia Costera china en la zona económica exclusiva japonesa entre Yonaguni y Taiwán ya se documentaron en junio de este año.
Para Washington y Tokio, la operación sigue el mismo patrón que llevó a instalar en 2016 el radar y el sistema de vigilancia del Ejército japonés en Yonaguni, con el objetivo declarado de cerrar un vacío de vigilancia en el corredor marítimo que va de la isla a Taiwán. El precedente tiene nombre. En 2022, un misil balístico chino cayó a 80 kilómetros de Yonaguni en pleno pico de tensión por el estrecho. Aquel episodio sirvió para justificar la militarización progresiva de la cadena Nansei.
Para España, el impacto es indirecto pero real. Cada vez que el Pentágono reorienta un grupo de ataque hacia el Indo-Pacífico, el flanco sur de la OTAN queda más expuesto. La presencia naval estadounidense en el Mediterráneo y en el Atlántico oriental se sostiene con menos medios, y eso afecta a la cobertura de Rota y Morón, al patrullaje del estrecho de Gibraltar y al dispositivo de disuasión frente al Sahel. La lógica transaccional de Trump —prioridad indo-pacífica, desdén por el reparto de cargas europeo— no ayuda a corregirlo.
La lectura a corto plazo es de riesgo de incidente. Las maniobras se celebran en islas con carreteras civiles, puertos compartidos y una población que ya ha mostrado su rechazo. En 2024, un V-22 Osprey de las Fuerzas de Autodefensa protagonizó un incidente en el mismo ejercicio, lo que llevó al Ministerio de Defensa de Japón a ordenar la inmovilización temporal de su flota de 17 aparatos.
El alcalde de Yonaguni, Tsuneo Uechi, confirmó el 2 de octubre al diario Mainichi que los Osprey no participarán este año. Su mensaje era claro: la isla entiende la necesidad del entrenamiento militar, pero no está preparada para maniobras que superen su capacidad. El gobierno local mantiene su oposición y sigue negociando con con el Ministerio de Defensa.
Keen Sword se concibió en origen como un ejercicio mucho mayor, según funcionarios locales, y fue la oposición ciudadana la que obligó a recortarlo hasta el formato actual. Es la paradoja habitual de la disuasión distribuida: los sistemas móviles necesitan islas pequeñas, y las islas pequeñas son las que más ruido hacen.
La próxima ventana crítica llega en dos semanas. Entre el 19 y el 29 de octubre, el corredor entre Yonaguni y Taiwán concentrará lanzadores antibuque estadounidenses y japoneses, HIMARS en Ishigaki y, muy probablemente, un incremento de la vigilancia china. Cualquier incidente en ese intervalo —una colisión, un derribo, un misil desviado— tendría efecto inmediato sobre toda la cadena de islas.
La pregunta que queda abierta no es si Estados Unidos puede dispersar sus misiles por el primer archipiélago. Puede. La cuestión es si esas islas, con sus puertos, sus carreteras y sus alcaldes, van a aceptar ser el primer eslabón de la disuasión durante la próxima década. De momento, la respuesta de Yonaguni es que no les han preguntado lo suficiente.
