El nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, ha convertido el acercamiento a Bruselas en el eje de su mandato. Desde la conferencia del Partido Laborista en Liverpool, el líder laborista admitió que el Brexit ha causado a Reino Unido ‘más perjuicios que beneficios’ y emplazó a su Ejecutivo a rediseñar la relación con la UE antes de que termine el año.
Burnham habló sin rodeos ante las bases. El primer ministro reconoció que ‘las cosas no están funcionando como deberían’ y atribuyó el descontento social a una cadena de causas: ‘la desindustrialización, la desregulación, la privatización, la austeridad y el Brexit’. Esas decisiones, dijo, han servido a ‘intereses particulares’ y no a una ciudadanía que reclama ‘menos deriva y más rumbo’.
De ahí su compromiso explícito. ‘Romperé con el rumbo de los últimos 40 años y pondré a Reino Unido en un nuevo camino’, prometió, situando ese giro en las relaciones con el bloque comunitario. Londres, recordó, no puede permitirse ignorar a ‘quien sigue siendo nuestro mayor mercado’, y urgió a definir ‘cuál será la relación a largo plazo’ con Bruselas.
Burnham rompe con el rumbo de cuatro décadas y busca en Bruselas la salida económica
El calendario juega a favor. El primer ministro ha emplazado su estrategia europea a la próxima Cumbre UE-Reino Unido prevista para finales de 2026, donde ambas partes deberán decidir si el deshielo iniciado bajo el mandato de Keir Starmer se convierte en una asociación estable o se queda en una tregua comercial de bajo perfil.
Burnham no es un recién llegado cualquiera. Sustituye al frente del laborismo a Keir Starmer, cuyo mandato se extendió de julio de 2024 a junio de 2026, y hereda una relación ya recompuesta a medias: fue ese Ejecutivo el que lanzó el ‘reset’ con Bruselas y acordó el 19 de mayo de 2025 una nueva asociación estratégica, con más cooperación en seguridad y defensa y avances en la reducción de barreras al comercio agroalimentario.
Siete primeros ministros después, el Brexit sigue sin demostrar que fuera una buena idea: lo único que ha cambiado es quién se atreve a decirlo en voz alta.
Una década, siete primeros ministros y un Brexit que no cumplió lo prometido
La historia reciente del país es la del fracaso de un modelo. David Cameron convocó el referéndum del 23 de junio de 2016, defendió la permanencia y perdió con un 51,9% de votos favorables a la salida; anunció su dimisión al día siguiente. Theresa May activó el artículo 50 el 29 de marzo de 2017, pactó con Bruselas un acuerdo de salida con el mecanismo de salvaguarda para Irlanda y lo vio rechazado en la Cámara de los Comunes antes de caer en 2019.
Boris Johnson desbloqueó la situación sustituyendo aquel ‘backstop’ por el Protocolo de Irlanda del Norte, ganó las elecciones de diciembre de 2019 y consumó la salida formal el 31 de enero de 2020, con abandono del mercado único y de la unión aduanera al término del periodo de transición. El Acuerdo de Comercio y Cooperación del 24 de diciembre de 2020 sigue ordenando hoy el grueso del intercambio bilateral. A Johnson le sucedió Liz Truss, que no duró un mes, y después Rishi Sunak, artífice del Marco de Windsor de febrero de 2023 y del Stormont Brake.
Diez años de giros y contramarchas para volver al punto de partida.
París y Madrid abren la puerta al regreso y Bruselas espera un plan
En Bruselas, el giro se lee con interés. El portavoz de la Comisión Europea en la materia, Balazs Ujvari, recordó esta semana que Reino Unido es un ‘socio cercano y valioso’, pero recalcó que corresponde a Londres definir cómo quiere desarrollar la relación. El Ejecutivo de Ursula von der Leyen, según fuentes comunitarias consultadas por este medio, evita anticipar qué fórmula aceptaría.
Dos capitales han ido más lejos. Durante la reciente visita oficial de Emmanuel Macron a España, el presidente francés y Pedro Sánchez coincidieron en leer el desembarco de Burnham como una oportunidad. Sánchez fue explícito: ‘El Brexit fue una enorme pérdida, tanto para la población británica como también para la UE’, y añadió que España ‘abriría los brazos de nuevo’ si Londres planteara el regreso. Macron calificó esa vuelta de ‘buena decisión’, aunque puso una condición que resume el sentir de los socios del norte: ‘no se puede elegir entre las libertades de la Unión’.

El Eje del Poder Europeo
La geometría de la UE ante este giro es incómoda. El eje franco-alemán —con París favorable al acercamiento y Berlín más reservado— no quiere abrir la puerta a un regreso a la carta de Londres, precisamente cuando el club negocia su propia ampliación hacia los Balcanes y Ucrania. Los países frugales encabezados por Países Bajos y Dinamarca temen que un retorno parcial del mercado británico desequilibre el reparto de fondos y las reglas del mercado único. Irlanda, la más expuesta al pulso comercial, ha empujado históricamente hacia soluciones pragmáticas. Y Visegrado, con Polonia y Hungría, observa la operación desde su propia batalla con Bruselas por el Estado de derecho.
Para España, el balance es directamente económico. Reino Unido sigue siendo uno de los principales mercados de la exportación española y un inversor de peso en turismo, construcción y banca. Una reducción de barreras en el comercio agroalimentario —el capítulo que más avanzó en la cumbre de mayo de 2025— beneficiaría a productos como el aceite, el vino o la fruta, sometidos desde 2021 a controles aduaneros. Moncloa respaldó entonces el ‘reset’ y ahora ve en Burnham una ventana para colocar sus intereses antes de que Bruselas fije su posición común.
La lectura a cinco o diez años es la de una UE que necesita a los británicos más de lo que admite. La guerra de Ucrania primero y la competencia tecnológica y energética con Estados Unidos y China después han dejado claro que el club de los Veintisiete pierde peso relativo cuando el segundo ejército de Europa y su mayor plaza financiera se sientan fuera de la mesa. El precedente es elocuente: los mecanismos creados tras la pandemia, desde el Next Generation hasta las compras conjuntas de energía bajo REPowerEU, ganarían escala con Londres dentro. El riesgo es simétrico: si Bruselas cierra un acuerdo a la carta, el mercado único se convierte en una geometría de privilegios a la que Maastricht no quiso llegar.
Lo que observamos es una oportunidad con fecha de caducidad. La Cumbre UE-Reino Unido de finales de 2026 es la próxima parada, y el balance que prepare la Comisión antes de esa cita servirá de referencia técnica. Si Burnham mantiene el rumbo y Bruselas no abre fuego amigo, la era del Brexit empezará a cerrarse por donde empezó: por la economía. Si no, tendremos otra década perdida esperando la siguiente promesa electoral.

