EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Von der Leyen defiende en el pleno de la Eurocámara un presupuesto a siete años del 1,26% de la renta nacional bruta y avisa contra los recortes que exigen seis gobiernos.
- ¿Quién está detrás? La Comisión Europea y el bloque de la cohesión, con España, Italia, Portugal y Grecia al frente, frente a los frugales. La presidencia irlandesa del Consejo arbitra.
- ¿Qué impacto tiene? España se juega la PAC y los fondos de cohesión en una negociación que llega la próxima semana a la cumbre de líderes de Bruselas.
El nuevo presupuesto europeo MFP tiene una cifra de referencia: el 1,26% de la renta nacional bruta. Ursula von der Leyen la ha defendido este martes en la Eurocámara frente a los recortes que reclaman Alemania y otros cinco gobiernos frugales.
Estrasburgo fue el escenario elegido para marcar territorio. La presidenta de la Comisión Europea avisó de que limitar las cuentas ‘supondría el riesgo de recortar drásticamente en prioridades fundamentales que todos juntos hemos acordado’. Y puso el dato que sostiene su defensa: ese 1,26% de la renta nacional bruta que Bruselas vende como moderado y que sus críticos juzgan excesivo.
A eso sumó el frente energético. Citó la subida de precios derivada de la guerra en Irán y la dependencia exterior, elogió los vales para familias de bajos ingresos de Francia y Rumanía y rechazó las ayudas generalizadas porque dispararían la demanda y el coste. Anunció compras conjuntas con agregación de la demanda, un diálogo con las refinerías y el objetivo de duplicar la electrificación en 2040 para ahorrar 260.000 millones de euros anuales en importaciones de combustibles fósiles.
La embestida no era anónima. Alemania, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Austria han enviado una carta a la presidencia rotatoria del Consejo, en manos de Irlanda, en la que subrayan los ‘esfuerzos dolorosos’ que ‘casi todos los Estados miembros’ hacen para ‘sanear sus finanzas públicas’. El Marco Financiero Plurianual ronda los dos billones de euros, y esos seis gobiernos lo consideran poco realista.
El frente de los ingresos tampoco está cerrado. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha recorrido las capitales defendiendo los recursos propios —dinero que entra directamente en las arcas comunitarias—: los derechos de emisión, el mecanismo de ajuste en frontera por carbono, conocido como CBAM, y los impuestos sobre el tabaco. Bruselas calcula 58.500 millones de euros; los frugales dicen que no evitan una aportación nacional mayor.
Al otro lado de la trinchera está España. Junto a Italia, Croacia, Portugal, Grecia y una docena más de Estados miembros, ha firmado una carta que exige mantener las contribuciones a la política agraria común y a los fondos de cohesión. El debate se traslada la próxima semana a Bruselas, a la cumbre de líderes.
El presupuesto es la única palanca real para decidir qué Europa quiere ser en 2034; sin ingresos nuevos, las prioridades que todos firman se quedan en papel mojado.
Seis cartas de los frugales contra un techo del 1,26%
Para España la discusión no es abstracta. Figura entre los principales receptores de fondos de cohesión y su sector agrario depende en buena medida de la PAC. Por eso ha alineado su posición con Roma y Atenas y con la mayoría de los países del sur y del este, un bloque amplio en número pero corto en peso: el marco se aprueba por unanimidad en el Consejo y necesita además el visto bueno de la Eurocámara.

La lectura de fondo es otra. Con el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia en su recta final —los desembolsos se cierran a finales de este año—, el presupuesto a siete años queda como la única vía estructural de financiación europea para la economía española. Y Bruselas quiere que costee también defensa, inteligencia artificial y competitividad industrial. Si el techo de ingresos no sube, ese dinero saldrá de alguna partida. La cohesión es la candidata obvia.
Hay un detalle que Moncloa no controla: la carta de los frugales no pide recortes por doctrina, sino para reducir su factura nacional. Cada euro que se rebaje del marco es un euro menos que Berlín o La Haya tendrán que poner de sus propios presupuestos. El argumento es difícil de rebatir en público.
El Eje del Poder Europeo
El eje franco-alemán no funciona esta vez como motor. Berlín lidera la carta de los seis; París, aunque mantiene la retórica del presupuesto ambicioso, atraviesa una situación fiscal que la acerca más de lo que admite a la lógica del ahorro. Los frugales del norte no piden tanto recortar como pagar menos. El sur y el este, con España, Italia, Portugal, Grecia, y Croacia en primera fila, defienden el retorno de fondos. Y el antiguo núcleo de Visegrado se ha partido: Polonia, gran receptora de cohesión, está hoy más cerca del club del sur que de Budapest.
Conviene recordar el precedente. En 2020, en plena pandemia, los frugales —entonces cuatro— forzaron la rebaja de las ayudas directas del fondo de recuperación de 500.000 a 390.000 millones. Siete años antes, el marco 2014-2020 se cerró con la primera reducción en términos reales de la historia del presupuesto comunitario. La pauta se repite: cada vez que Bruselas propone crecer, una minoría con peso financiero impone la tijera.
Proyectado a cinco o diez años, el resultado es incómodo. Un marco recortado renuncia a financiar la transición energética y la defensa con dinero común, y a sostener la cohesión como herramienta de convergencia. Beneficia a los Estados que pueden gastar por su cuenta y castiga a los que dependen de la solidaridad presupuestaria. Es una renacionalización silenciosa de la política económica. Por eso la presidenta de la Comisión eligió el hemiciclo: sabe que su propuesta es minoritaria en el Consejo.
El calendario no da tregua. La cumbre de la próxima semana es la primera cita formal, y al acuerdo le seguirá el trílogo, la negociación a tres bandas entre Comisión, Consejo y Parlamento que fija la versión final de cada norma europea. El marco vigente expira el 31 de diciembre de 2027, así que el pacto debería cerrarse a lo largo de 2027 para que el nuevo ciclo arranque el 1 de enero de 2028. Visto el historial, la prórroga técnica de un año es el escenario más probable. Cosas que pasan en Bruselas.
