Miguel Ángel Galán Castellanos, en su condición de Presidente de la Asociación Transparencia y Democracia en el Deporte, entidad que presentó en su día la denuncia origen del procedimiento disciplinario contra Javier Tebas Medrano, Presidente de la Liga Nacional de Fútbol Profesional, ha mandado un burofax al Tribunal de Administración Deportiva (TAD) solicitando explicaciones y pidiendo el impulso procesal necesario para que la causa siga su proceso.
Galán manda un requerimiento formal en los que relata los antecedentes «la Asociación Transparencia y Democracia en el Deporte presentó denuncia ante el Consejo Superior de Deportes (CSD) por presunta vulneración de la normativa disciplinaria deportiva imputable a D. Javier Tebas Medrano, en relación con la revelación de información confidencial del Fútbol Club Barcelona. Segundo. El CSD elevó la citada denuncia al Tribunal Administrativo del Deporte el 20 de octubre de 2024, acordándose la incoación de expediente sancionador con fecha 21 de noviembre de 2024.
El problema es que la asociación denunciante nunca recibió «comunicación oficial alguna sobre el estado y desarrollo del procedimiento, el referido expediente fue declarado CADUCADO Y ARCHIVADO, en circunstancias que esta Asociación considera indiciariamente constitutivas de una omisión contraria a Derecho
Pero después de la declaración de caducidad «se ha procedido a la reapertura de un nuevo expediente sobre los mismos hechos o sustancialmente conexos, sin que hasta la fecha de envío del presente Burofax ( 27 de mayo de 2026) esta parte haya recibido notificación alguna ni tenga conocimiento del estado procesal actual del nuevo expediente».
Galán pidió hasta en cinco ocasiones consecutivas — los días 16 y 17 de marzo, 25 de marzo y 24 de abril de 2026— solicitudes de información y acceso al expediente ante el Tribunal Administrativo del Deporte, «sin haber obtenido respuesta de fondo que satisfaga su derecho como parte interesada y denunciante», explica en el requerimiento.
Por eso la asociación de Galán, requiere formalmente al instructor «D. Jaime Caravaca Fontán, en su condición de Instructor del expediente sancionador contra D. Javier Tebas Medrano, para que, en el plazo máximo de DIEZ (10) DÍAS HÁBILES contados desde la recepción del presente Burofax».
También piden que se «proceda al impulso inmediato de la tramitación del expediente sancionador actualmente en curso contra D. Javier Tebas Medrano, evitando cualquier dilación indebida adicional».
Y que «comunique a esta parte, como interesada y denunciante: a) El número de referencia del nuevo expediente incoado. b) El estado procesal actual del mismo. c) Las fechas relevantes del procedimiento (incoación, actos de instrucción y, en su caso, propuesta de resolución). d) La fundamentación jurídica del acuerdo de caducidad del expediente anterior. 3. Reconozca expresamente la condición de interesado a esta Asociación y conceda acceso al expediente administrativo, incluyendo copia del acuerdo de incoación, pliego de cargos, informes del instructor y resolución o propuesta de resolución que se haya dictado».
La asociación de Galán hace la advertencia legal de que «se le hace saber expresamente que, en caso de no atenderse el presente requerimiento en el plazo indicado o de persistir la situación de inactividad descrita, esta Asociación se reserva el ejercicio de cuantas acciones legales resulten procedentes, incluyendo la interposición de querella por presunto delito de prevaricación administrativa en su modalidad de comisión por omisión (art. 404 CP), ante la Fiscalía o el Juzgado de Instrucción competente, la formulación de denuncia ante el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno por vulneración de la Ley 19/2013, de transparencia y acceso a la información pública, la puesta en conocimiento de los hechos ante el Defensor del Pueblo, así como ante la Presidencia del Gobierno y la Presidencia del Consejo Superior de Deportes.
Además de «cualesquiera otras acciones, recursos o reclamaciones administrativas, contencioso-administrativas o penales que el ordenamiento jurídico ponga a disposición de esta Asociación para la tutela de sus derechos e intereses legítimos».
¿Por qué seguimos empeñados en tratar a los garbanzos exactamente igual que al resto de las legumbres cuando los echamos a la olla? Es uno de los grandes misterios de las cocinas españolas, donde la costumbre heredada muchas veces pesa más que la propia lógica de los fogones y nos lleva a cometer errores fatales.
El último análisis de los expertos culinarios confirma que el sesenta por ciento de los aficionados confiesa haber servido un plato con estas esferas totalmente endurecidas. La clave no reside en la calidad de la marca, sino en un descuido térmico imperdonable que arruina el menú de forma definitiva.
El error térmico que condena tus garbanzos a quedar incomestibles
¿Cuántas veces has llenado la cazuela con agua del grifo y has volcado los ingredientes directamente antes de encender el fuego? Si haces esto con esta legumbre en particular, estás activando un mecanismo físico que vuelve el exterior del grano completamente impermeable y rígido.
A diferencia de las alubias o las lentejas tradicionales, los garbanzos exigen entrar en un entorno que ya registre una temperatura elevada. Si los expones a una fase de calentamiento progresivo desde cero, los almidones se compactan de tal manera que jamás lograrás esa textura mantecosa tan deseada.
La ciencia detrás del remojo y la identidad del cocido madrileño
Para entender este fenómeno es vital dominar las pautas del remojo previo obligatorio, un proceso donde los garbanzos deben pasar al menos doce horas sumergidos en agua templada. Este paso es el cimiento indispensable para que la receta tradicional brille con fuerza en las mesas, especialmente cuando preparamos un auténtico cocido madrileño en los meses invernales.
La explicación técnica es sencilla: el agua fría bloquea la hidratación profunda del núcleo si se aplica durante la fase de fuego. En las tascas más veteranas de la capital saben que el cuidado de la temperatura es un dogma sagrado que separa a un cocinero aficionado de un auténtico maestro artesano.
Por qué jamás debes asustar la ebullición en tus guisos tradicionales
Otro hábito muy extendido en los hogares de nuestro país consiste en añadir un chorro de agua fría a mitad de la jornada culinaria si vemos que el caldo disminuye. Este gesto, conocido popularmente en otras recetas como asustar, resulta letal para el desarrollo de nuestro ingrediente estrella de hoy.
Romper la cadena de calor de forma abrupta genera un choque térmico irreversible que contrae la piel de los garbanzos. Una vez que la cocción se interrumpe por una bajada drástica de grados, el interior se encalla y la legumbre lucirá dura por muchas horas extra que la dejes al fuego.
Los secretos del agua y el control del fuego para un resultado tierno
El tipo de líquido empleado también juega un rol decisivo en el resultado final, siendo las zonas con aguas duras las más propensas a sufrir este inconveniente. El exceso de cal y magnesio debilita la capacidad de ablandamiento, por lo que usar agua mineral es un truco recomendado por los expertos gastronómicos.
Una vez que los introduzcas justo cuando el caldo rompe a hervir con fuerza, debes sostener un ritmo alegre durante los primeros cinco minutos para poder desespumar las impurezas superficiales. Posteriormente, reduce la potencia para mantener un hervor sumamente suave pero ininterrumpido.
Parámetro de Cocción
Método Correcto (Tierno)
Error Común (Duro)
Temperatura inicial
Agua hirviendo o muy caliente
Agua fría desde el principio
Reposición de caldo
Añadir siempre agua hirviendo
Verter agua fría del grifo
Tipo de ebullición
Constante y a fuego lento
Intermitente o a borbotones
El futuro de los platos de cuchara y las nuevas tendencias en España
El sector de la hostelería en España vive un resurgimiento notable de los guisos de siempre, impulsado por una sociedad que busca reconectar con los sabores puros de la infancia. Los restaurantes de alta gama ya integran estas legumbres en menús vanguardistas, respetando siempre los tiempos de la cocina lenta.
El consejo definitivo de los especialistas es vigilar siempre el termómetro de tu cocina y mimar el producto desde la víspera. Lograr unos garbanzos perfectos está al alcance de cualquiera si dejas atrás los mitos falsos y respetas las leyes físicas básicas que gobiernan los fogones de toda la vida.
¿Qué ha pasado? Bruselas estudia restringir el derecho de veto de los futuros Estados miembros en política exterior y fiscalidad durante los primeros años tras su adhesión.
¿Quién está detrás? La Comisión Europea, con el impulso de Alemania y el contexto de los bloqueos de Hungría y Eslovaquia al apoyo a Ucrania.
¿Qué impacto tiene? Busca agilizar las decisiones unánimes y preparar la ampliación prevista para antes de 2030, aunque choca con los principios de soberanía nacional.
La Comisión Europea baraja una reforma de calado: negar temporalmente el derecho de veto a los nuevos Estados miembros en materias de política exterior y fiscalidad. La propuesta, adelantada por The Guardian y confirmada por cuatro fuentes comunitarias, busca evitar que los futuros socios puedan bloquear decisiones unánimes como las que han paralizado el envío de ayuda a Ucrania. La medida se aplicaría durante varios años tras la adhesión y ya se está negociando con Montenegro, el candidato favorito para convertirse en el socio número 28 en 2028.
La letra pequeña: temporalidad y riesgo de miembros de segunda
El esquema que maneja la Comisión es jurídicamente resbaladizo. Según las fuentes consultadas por The Guardian, la restricción del veto sería «temporal» –se menciona un horizonte de entre cinco y siete años– y afectaría solo a la política exterior común y a decisiones fiscales que requieran unanimidad. El objetivo es crear un período de adaptación en el que los nuevos miembros no puedan descarrilar por sí solos decisiones estratégicas del bloque. La medida, no obstante, suscita dudas legales: el Tratado de la UE consagra la igualdad soberana de los Estados, y crear miembros de facto con derechos menguados durante un período transitorio choca con ese principio. Montenegro, que lleva 14 años negociando su adhesión, sería el primer banco de pruebas. Si la cláusula se incluye en su tratado, serviría de plantilla para el resto de los nueve candidatos oficiales, según la información.
Hungría y Eslovaquia, el espejo que Bruselas no quiere repetir
La iniciativa no surge en el vacío. La experiencia reciente con Budapest y Bratislava ha convertido el derecho de veto en un arma de bloqueo sistemático. Hungría, bajo el liderazgo de Viktor Orbán, ha retrasado durante meses el desembolso de ayuda financiera a Ucrania –incluido un préstamo de 90 000 millones de euros– y ha frenado sanciones contra Rusia amparándose en la regla de la unanimidad. Eslovaquia, con el primer ministro Robert Fico, también ha mostrado reticencias crecientes. La paradoja es que la Unión quiere ampliarse hasta superar los 33 miembros antes de 2030 –el horizonte que maneja la Comisión– con los mismos mecanismos de decisión que le han costado meses de parálisis con solo 27.
La ampliación no puede ser la excusa para enterrar la unanimidad, pero la unanimidad tampoco puede ser la herramienta para sabotear la política exterior europea.
Equilibrio de Poder
La propuesta sobre el veto a los futuros socios es, en el fondo, un movimiento de centralización que trasciende la técnica jurídica. Alemania, a través del ministro de Exteriores Johann Wadephul, ya ha verbalizado que «una UE con más de 33 miembros no puede seguir funcionando con reglas diseñadas para un bloque más pequeño». El ex Alto Representante para la Política Exterior, Josep Borrell, fue aún más lejos: pidió un núcleo reducido de países que tome decisiones sin necesidad de unanimidad. Moscú, mientras tanto, observa con interés cualquier fractura en la capacidad de acción de la UE en el vecindario común; la parálisis por los vetos solo favorece su margen de maniobra en Ucrania y los Balcanes.
Para España, la reforma plantea un dilema de doble filo. Por un lado, un proceso de ampliación más flexible refuerza la posición europea en el Magreb y el Sahel –áreas de interés estratégico español– y evita que futuros Estados miembros bloqueen misiones de la Política Exterior y de Seguridad Común. Pero, por otro, la erosión del derecho de veto debilita la voz de los países medianos frente a un eventual directorio franco-alemán. Moncloa defiende tradicionalmente el principio de consenso como garantía de equilibrio, aunque en los últimos Consejos Europeos ha mostrado pragmatismo: si la alternativa es el inmovilismo, la vía de la integración diferenciada gana adeptos.
A medio plazo, la introducción de un veto limitado podría sentar un precedente para extender esa lógica también a los Estados miembros actuales, algo que ya han señalado críticos como Robert Fico, quien ha advertido de que eliminar el derecho de veto en cuestiones fundamentales sería «el principio del fin» de la UE. El debate, por tanto, no es solo sobre Montenegro; es sobre el tipo de Unión que se quiere construir en la próxima década. La próxima cumbre de la Comunidad Política Europea, prevista para otoño, y los avances reales en el proceso de adhesión de los Balcanes Occidentales serán los dos termómetros para medir si esta propuesta se queda en un globo sonda o se convierte en una reforma estructural con consecuencias duraderas.
El olor a tinta y a cuero mojado se mezclaba con el murmullo de la prensa en el taller que Fadrique de Basilea regentaba junto a la catedral de Burgos. En el invierno de aquel año, los pliegos de un libro sin nombre de autor comenzaban a amontonarse en la mesa del componedor. Eran los dieciséis actos de una comedia que hablaba de amores prohibidos, criadas astutas, padres burlados y un suicidio que dejaba sin aliento.
Pero ni en la portada — un simple título, Comedia de Calisto y Melibea — ni en el colofón aparecía rastro de quien la había escrito. El texto llegó a la imprenta amparado por el anonimato más riguroso. Solo un detalle, apenas visible, escondía al responsable. En las páginas de preliminares, unos versos en octosílabos, aparentemente inocentes, contenían una clave. La primera letra de cada uno de aquellos versos formaba una frase que solo un lector atento podía descubrir.
El único ejemplar que ha llegado hasta hoy de aquella primera impresión burgalesa —custodiado en la Hispanic Society de Nueva York— carece de la hoja inicial, por lo que no se puede afirmar con plena seguridad si la acróstica ya aparecía en estado. La edición de Toledo de 1500, ya bajo el título Tragicomedia de Calisto y Melibea, sí incluye los versos completos y la firma codificada. Es muy probable que en Burgos la solución fuese idéntica, porque la costumbre de los impresores de la época era componer los preliminares a partir de una copia cerrada.
Capítulo II: Un nombre entre líneas
La frase, escrita en letras verticales, decía: «El bachiller Fernand de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea e fue nascido en la Puebla de Montalbán».
Aquella acróstica constituye el único testimonio impreso que vincula directamente a Rojas con la obra. La firma aparece además en un ejemplar de la edición de Toledo de 1500 — ya corregida como Tragicomedia — y en la documentación de su vida pública. Una vida discreta, casi monacal, de un jurista que ocupó cargos en Talavera de la Reina y que murió sin imaginar que aquellos quince días de vacaciones, dedicados a pulir una historia ajena, terminarían convirtiéndose en la piedra angular de la literatura española.
Pero ¿por qué esconder el nombre? ¿Qué temía ese bachiller que se graduaba en leyes en la Universidad de Salamanca hacia 1496?
Capítulo III: El silencio de un converso
Para entender el miedo de Rojas hay que adentrarse en la Castilla de los Reyes Católicos. Corrían los años de la expulsión de los judíos (1492), el establecimiento del tribunal de la Inquisición y una atmósfera de sospecha hacia los conversos. La familia de Rojas, de origen judío, arrastraba un historial doloroso. Su abuelo materno, Garci González Ponce de León, había sido reconciliado por el Santo Oficio. Su suegro, Álvaro de Montalbán, sería procesado en 1525 por prácticas judaizantes. Ser un «cristiano nuevo» — como se les denominaba con desprecio — significaba vivir con el estigma de la sangre y con la posibilidad de que una denuncia pudiera destrozar carreras y haciendas.
En ese clima, publicar una obra como La Celestina — un texto que retrata a una alcahueta, a unos amantes que desafían la moral, a criados sin escrúpulos y que está sembrado de alusiones clásicas y de una visión pesimista del mundo — era jugar con fuego. Más aún si el autor era un converso. La hipótesis más sólida entre los historiadores es que Rojas prefirió ocultar su nombre para proteger a los suyos y a sí mismo de la mirada inquisitorial. El acróstico era una confesión en susurro; una huella dactilar que solo se veía con la lupa del ingenio.
Capítulo IV: El libro que escandalizó a Europa
Antes de ser prohibida por la Inquisición en 1559, La Celestina circuló vorazmente por reinos y ferias. En apenas dos décadas, de Burgos pasó a Sevilla, a Toledo, a Salamanca, y de ahí a Italia, Francia y los Países Bajos. El texto no se limitaba a contar una historia de amor: ponía en escena un mundo regido por el interés, el sexo y la codicia. Calisto muere al caer de una tapia mientras escala hacia la ventana de su amada Melibea; Melibea se suicida arrojándose desde una torre; los criados, Sempronio y Pármeno, asesinan a la celestina Celestina y son ajusticiados. Una cascada de muertes sin redención. No había moraleja explícita, ni castigo divino más allá de la pura lógica de los acontecimientos.
Para los moralistas de la Contrarreforma, aquello era dinamita. La incluyeron en el Índice de Valdés. Pero el pueblo la leía a escondidas; los estudiantes de Salamanca la recitaban de memoria. Y la Inquisición, que tanto infundía temor a un converso, nunca llegó a vincular oficialmente a Rojas con el libro durante su vida. Murió en paz, como si el acróstico hubiera cumplido su función de escudo.
Capítulo V: La mano oculta en el primer acto
El misterio de la autoría no acaba en el anonimato. El propio Rojas añade una capa más de incertidumbre en el prólogo de la obra, dirigido «A un su amigo». Allí escribe: «Acordé, aunque me descontentaba, acabarlo en quince días de unas vacaciones». Confiesa que encontró el primer acto ya redactado, sin firma, y que se sintió atraído por su lenguaje y sutileza. No desvela quién fue el autor de ese acto inicial.
La crítica, desde el mismo siglo XVI hasta hoy, ha debatido si ese primer auto pertenece a una mano distinta. Se han propuesto nombres como el del poeta cordobés Juan de Mena o el del converso Rodrigo de Cota. Ninguna de las atribuciones ha podido probarse con certeza. Los análisis estilométricos más recientes — que miden la frecuencia de palabras y construcciones — sugieren que hay diferencias notables entre el primer acto y el resto de la obra. Pero el debate sigue vivo, y quizá esa indeterminación sea parte de la magia de La Celestina: un texto que nació fragmentado y que, sin embargo, se lee como una explosión unitaria de lengua viva.
Capítulo VI: El alcalde y el inquisidor
A pesar del aura de clandestinidad, Fernando de Rojas llevó una vida pública relativamente plácida en Talavera de la Reina. Allí ejerció como letrado, fue alcalde mayor y gozó de una posición económica desahogada. Poseía viñas, tierras de labor y ganado. Se casó con Leonor Álvarez de Montalbán y tuvo varios hijos. De su actividad diaria quedan apenas algunos documentos notariales: una compraventa de tierras en 1526, un poder para pleitear… Nada que sugiera a simple vista al creador de la alcahueta más célebre de la literatura.
Pero en esos mismos años, la Inquisición de Toledo instruía procesos contra algunos de sus parientes. Su suegro, Álvaro de Montalbán, fue acusado de judaizar y encarcelado en 1525. El proceso duró cuatro años y, aunque finalmente fue absuelto, no debió de ser un trance fácil para Rojas, que por entonces era ya un funcionario real. ¿Influyó este acoso en que mantuviera oculto su vínculo con La Celestina? Los investigadores han encontrado en su testamento, redactado en 1541, una cláusula que manda decir misas por el alma de sus difuntos, pero ni una palabra sobre el libro que hoy le da fama universal. El silencio, una vez más, es elocuente.
Capítulo VII: El enigma que no se apaga
Cinco siglos después, ¿podemos afirmar con seguridad que Fernando de Rojas es el autor total de La Celestina? Las pruebas apuntan a que, como mínimo, fue el responsable de la versión que llegó a la imprenta y de la ampliación a veintiún actos que convirtió la Comedia en Tragicomedia. La acróstica, la coherencia estilística del conjunto y su propia declaración sobre los quince días de trabajo son indicios sólidos. Pero la pregunta sobre el primer acto sigue sin respuesta cerrada, y la capa de anonimato inicial nunca fue levantada del todo.
El misterio, sin embargo, es más un estímulo que una carencia. La Celestina perdura precisamente porque es un libro que respira libertad, atrevimiento y ambigüedad. Que un converso temeroso de la Inquisición diera a luz una obra que cuestiona los cimientos del amor cortés y que expone las miserias humanas con un realismo descarnado es, en sí mismo, un acto de valentía. Y haberlo hecho escondiéndose tras una cortina de letras iniciales revela a un autor que confió en que el tiempo, y no los tribunales, sería su mejor juez.
Mientras los filólogos siguen escrutando los pliegos amarillentos de la edición de 1499, la sombra del bachiller Fernando de Rojas continúa asomando entre las líneas de la obra más transgresora del otoño medieval. Un nombre que se lee bajito, como quien teme que lo oigan, pero que ha terminado resonando en todos los idiomas cultos.
La nueva doctrina de Washington para la defensa de Europa está en marcha: retirar tropas convencionales y delegar la mayor parte del combate terrestre en los aliados, reservando el paraguas nuclear como última garantía. Donald Trump ha cancelado el despliegue de un batallón de ataque de precisión de largo alcance en Alemania, ha replegado a 5.000 soldados del país y ha anulado los equipos de combate rotatorios que debían reforzar Polonia y Rumanía. El Pentágono ya ha comunicado a la OTAN que los efectivos de respuesta rápida se reducirán sustancialmente. La apuesta es arriesgada y los analistas de defensa lo advierten con claridad: la disuasión convencional de Estados Unidos en el continente es el verdadero elemento que mantiene a raya a Moscú, no la amenaza nuclear.
Menos botas sobre el terreno, más riesgo de escalada
Según un informe publicado por Foreign Affairs, la administración estadounidense confía en que la promesa del paraguas nuclear disuada a Rusia incluso sin una presencia masiva de tropas en el flanco oriental. Pero esa lógica ignora la estructura misma de la escalera de la disuasión. La clave para impedir un ataque ruso contra un país de la OTAN no está en la cima nuclear, sino en los peldaños inferiores, donde las armas convencionales dominan. Reducir los efectivos en Alemania y eliminar los despliegues rotatorios en Polonia y Rumanía elimina la presencia persistente y la formación conjunta en los territorios que Moscú ambicionaría ocupar en las primeras horas de un conflicto, debilitando así el dominio de la escalada de la OTAN.
Desde Moscú, la lectura es inquietante. La doctrina militar rusa contempla el uso limitado de armas nucleares cuando un ataque convencional enemigo amenace ‘la existencia misma del Estado’. Ese umbral, revisado en 2020, no es una bravuconada retórica, sino el reconocimiento explícito de que Estados Unidos podría eliminar el liderazgo y los activos estratégicos rusos con ataques de precisión de largo alcance en las primeras fases de una guerra. Si Washington retira sus capacidades de ataque profundo, Moscú se sentirá más tentado a tantear la respuesta aliada en los escalones convencionales, con el respaldo de su doctrina de escalada nuclear limitada.
Lo que Moscú teme de verdad: precisión y logística global
El Kremlin no teme a los carros de combate europeos, sino a la capacidad estadounidense de proyectar fuerza desde cualquier punto del planeta. Vladímir Putin ha visto cómo los bombardeos de precisión estadounidenses forzaron a Serbia a retirarse de Kosovo en 1999, cómo las fuerzas especiales derrocaron a los talibanes en Afganistán y cómo la invasión de Irak destruyó en semanas uno de los ejércitos más grandes de Oriente Medio. Para Moscú, esas campañas demuestran una dominancia abrumadora en ataques de largo alcance, comunicaciones globales y una capacidad logística capaz de sostener operaciones aéreas, terrestres y navales durante años, abasteciendo a aliados en el proceso.
En 2014, tras la anexión de Crimea, los estrategas rusos descartaron una repetición de la jugada en el Báltico precisamente porque el alcance global de Estados Unidos haría fracasar cualquier gambito. La disuasión se mantenía gracias a la certeza de que los batallones estadounidenses, con misiles de crucero y capacidad de refuerzo transatlántico, infligirían costes insoportables desde la primera hora del conflicto. Cancelar los equipos de combate a Polonia y el batallón de ataque de precisión en Alemania rompe esa certeza y concede a Rusia profundidad estratégica para mover suministros y refuerzos sin temor inmediato a ser aniquilados.
La propia doctrina nuclear rusa es una respuesta a ese temor: Moscú anunció el uso limitado de armas atómicas para escalar antes de que la superioridad convencional estadounidense destruyera sus activos de segundo golpe. Ahora, con menos tropas en el flanco oriental, el Kremlin podría intentar una operación relámpago para tomar territorio en Polonia o los Países Bálticos a través de Bielorrusia, confiando en que la respuesta convencional europea sea insuficiente y que Washington, atrapado entre la derrota y la guerra nuclear, opte por retroceder.
Lo que mantiene a Moscú a raya no es la amenaza nuclear, sino la certeza de que Estados Unidos puede atacar cualquier objetivo estratégico en territorio ruso desde las primeras horas de un conflicto.
Equilibrio de Poder
La reducción de la presencia militar estadounidense en Europa altera el equilibrio de fuerzas en tres niveles. En el eje Washington-Moscú-Bruselas, Trump apuesta por que una Europa más armada, con un presupuesto mínimo del 5% del PIB acordado en la cumbre de 2025, pueda sostener por sí sola la disuasión convencional mientras el paraguas nuclear garantiza el último escalón. Pero la logística y la proyección de fuerza global que solo Estados Unidos puede ofrecer no se improvisan. La defensa europea sigue fragmentada; las capacidades de ataque de largo alcance y el reabastecimiento en masa durante meses siguen dependiendo de Washington. Retirar los batallones de precisión, aunque sea para ahorrar costes y presionar a los aliados, entrega a Rusia un respiro táctico que podría explotar antes de que las inversiones europeas maduren.
Para España, el movimiento tiene consecuencias directas. Las bases de Rota y Morón se convierten en nodos aún más críticos para el puente logístico transatlántico y la proyección antimisiles, pero también en objetivos potenciales si el conflicto escala. Al mismo tiempo, el repliegue estadounidense presiona para que España acelere su gasto en defensa hasta el 5% y asuma mayores responsabilidades en el flanco sur —Magreb, Sahel— donde la inestabilidad podría desbordarse si la atención de la OTAN se concentra en el Este. Moncloa tendrá que equilibrar las exigencias de Washington con la inversión en sus propias capacidades de vigilancia marítima y lucha antiterrorista, y justificar ante la opinión pública un salto presupuestario que rivaliza con sanidad o educación.
A largo plazo, esta crisis de disuasión puede desembocar en una OTAN de dos velocidades: una primera línea de defensa europea, apoyada en disuasión nuclear francesa o británica, y una retaguardia estadounidense centrada en el Indo-Pacífico. El Artículo 5 perdería credibilidad si cada escalón del conflicto depende de decisiones soberanas y no de la inmediatez automática que proporcionaban las tropas físicas sobre el terreno. La historia de la Guerra Fría enseñó que los misiles en Europa servían como detonante; retirarlos, junto a los soldados que garantizaban una respuesta convencional inmediata, invita a Moscú a probar los límites. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para mediados de 2026, será el termómetro real de cuánta disuasión está dispuesto a ceder Occidente.
¿A quién afecta? Residentes y visitantes del barrio de El Putxet i el Farró, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, especialmente los propietarios de automóvil con tarjeta de área verde.
¿Cuándo ocurre? La aprobación inicial ya se ha producido; las obras durarán aproximadamente un año y costarán 2,3 millones de euros.
¿Qué cambia hoy? La calle de Escipió se convierte en plataforma única peatonal, suprimiendo 49 plazas de aparcamiento entre turismos y motos.
El Ayuntamiento de Barcelona eliminará medio centenar de plazas de estacionamiento en la calle de Escipió, en el barrio de El Putxet i el Farró, al convertirla en una plataforma única compartida entre peatones y vehículos. La reforma, que tiene un presupuesto de 2,3 millones de euros, también afectará a la calle de Homer y supondrá la pérdida de aparcamiento regulado de área verde, destinado exclusivamente a los vecinos.
En el tramo de la calle de Escipió que va desde la ronda del General Mitre hasta la avenida de la República Argentina, se suprimirán 26 plazas de área verde para turismos y 28 plazas de estacionamiento para motocicletas. Las plazas de área verde son las de color verde que permiten a los residentes autorizados aparcar sin límite de tiempo; la mayoría de estos espacios son usados por vecinos del barrio, que ahora tendrán que competir por las pocas plazas libres en las calles próximas.
La calle de Homer también perderá aparcamiento, aunque la intervención allí tiene un matiz distinto. Desaparecerán 13 plazas de área verde para coches y 18 plazas para motos; no obstante, el proyecto contempla la creación de 36 plazas para motocicletas, lo que reduce el impacto en esos vehículos. El balance neto es de 49 plazas de estacionamiento suprimidas entre ambas calles, sumando turismos y motos.
El proyecto ejecutivo justifica la reurbanización como una forma de disuadir a los conductores que empleaban la calle de Escipió como atajo entre la Ronda de Dalt y la avenida de la República Argentina, un comportamiento que ya se corrigió con la reforma de la calle de Ballester. Además, las aceras actuales no cumplen los requisitos de accesibilidad universal ni hay espacios para sentarse; la plataforma única dará prioridad al peatón y creará un itinerario sinuoso para reducir la velocidad del tráfico.
La transformación sigue la estela de la calle del Císter, en el cercano barrio de Sant Gervasi-La Bonanova, donde hace algo más de un año se implementó un proyecto similar. Aquella actuación eliminó 18 plazas de zona azul para turismos y ocho estacionamientos para motos, además de dos plazas de carga y descarga. Los vecinos de El Putxet i el Farró temen una situación análoga: menos plazas y más tráfico de agitación en las calles aledañas.
Cada plaza que desaparece en Sarrià-Sant Gervasi se traduce en más presión sobre las calles adyacentes, donde el aparcamiento ya es un bien escaso para los residentes.
Impacto para los residentes y la búsqueda de alternativas de aparcamiento
El Ayuntamiento de Barcelona no ha anunciado, por el momento, alternativas de estacionamiento para compensar la pérdida. Las obras, que se prolongarán durante aproximadamente un año, arrancarán una vez que el proyecto reciba la aprobación definitiva y se licite. Es previsible que se abra un plazo de información pública durante el cual los residentes podrán presentar alegaciones a la reordenación viaria prevista. Mientras tanto, los vecinos que dependen del área verde para dejar su vehículo deberán explorar calles próximas que, en su mayoría, ya presentan una elevada ocupación.
La eliminación de aparcamiento en este distrito se suma a otras actuaciones de pacificación que ha impulsado el gobierno municipal. Con la ampliación de plataformas únicas, Barcelona gana espacio de calidad para el peatón, pero la pregunta que se repite entre los residentes es si el equilibrio entre movilidad sostenible y las necesidades de los automovilistas está quedando descompensado en los barrios altos de la ciudad.
Hay un tipo de hambre que no espera: la de las nueve de la noche, cuando la nevera ofrece más dudas que soluciones y el móvil ya está abierto en la app de reparto. Pero si en la despensa hay un bote de tomate, un tarro de aceitunas y una lata de anchoas, el rescate tiene forma de tallarines a la puttanesca, un plato que invita a dejar el teléfono y encender los fogones.
Esta salsa napolitana, de nombre tan travieso como adictivo (según la tradición, inventada por las prostitutas del puerto para atraer clientes), es uno de esos milagros de la cocina italiana que se construyen con lo que siempre deberíamos tener a mano. La receta que hoy comparto no es mía: la aprendí de Liliana Fuchs en Directo al Paladar, y desde entonces se ha convertido en mi salvavidas para cenas exprés. En menos de media hora, la mesa está puesta y la cocina huele a Nápoles.
El secreto del éxito
Anchoas de calidad: Son el alma del plato. Busca las que vienen en salazón o en aceite de oliva; las baratas en vinagre dejan un regusto metálico que arruina la salsa.
El agua mágica de la cocción: Reserva siempre un vaso antes de escurrir. Ese almidón liga la salsa con el aceite y el tomate, creando una textura sedosa sin añadir nata ni mantequilla.
Un minuto antes de al dente: Escurre la pasta cuando aún está firme y termínala en la sartén con la salsa. Así absorbe el sabor y evitas que se pase.
Ingredientes
Para 2 personas:
200 g de tallarines (o espaguetis, linguine…)
2 dientes de ajo
5 anchoas de buena calidad (en salazón o en aceite de oliva)
1 guindilla roja (con o sin semillas, al gusto)
40 g de alcaparras (enjuagadas si son en salmuera)
60 g de aceitunas negras (preferiblemente tipo Gaeta o Kalamata)
250 g de tomate en conserva natural (entero o triturado; pelado, sin aditivos)
Aceite de oliva virgen extra, pimienta negra, orégano seco y perejil fresco
Sal
Ponemos a calentar una olla grande con abundante agua y sal —como agua de mar, dicen los italianos— para los tallarines, siguiendo el tiempo que indique el paquete. La clave: retirarlos un minuto antes de que estén al dente, porque terminarán de cocinarse en la sartén. Mientras tanto, pelamos y picamos fino los ajos y la guindilla (si quieres un plato menos picante, retira las semillas). Las anchoas: si vienen en aceite, las escurrimos ligeramente y las picamos junto con el ajo; si son en salazón, las enjuagamos un poco para desalarlas.
En una sartén amplia calentamos un buen chorro de aceite de oliva a fuego medio. Añadimos el ajo, la guindilla y las anchoas, y con ayuda de una espátula de madera las machacamos para que se deshagan y liberen todo su sabor. En cuanto el ajo empiece a dorarse —sin dejarlo quemar, o amargará—, incorporamos las alcaparras (si son muy grandes, las cortamos) y las aceitunas groseramente picadas. Removemos dos minutos para que los aromas se integren.
Vertemos los 250 g de tomate en conserva y los aplastamos con el cucharón para desmenuzarlos. Bajamos el fuego y dejamos que la salsa reduzca suavemente mientras la pasta se cuece. Verás cómo el tomate pasa de un rojo brillante a un tono más oscuro y concentrado; en unos 10 minutos, la salsa habrá espesado y los sabores se habrán casado.
La puttanesca no pide fuegos artificiales: solo buenas anchoas y el agua de cocción justa para que cada hebra de pasta baile en la salsa.
Cuando los tallarines estén a un minuto del punto perfecto, los pasamos directamente a la sartén con unas pinzas (o los escurrimos, pero guardamos un vaso del agua de cocción). Ese agua es oro líquido: su almidón liga la salsa con la pasta sin necesidad de nata. Añadimos un chorrito —unos 50 ml—, orégano, perejil picado y un golpe de pimienta negra. Removemos enérgicamente con movimientos envolventes durante 30 segundos; la salsa se volverá cremosa y cada tallarín quedará envuelto. Retiramos del fuego en cuanto la pasta esté en su punto.
La tradición dice que no lleva queso, pero yo no me resisto a poner sobre la mesa un cuenco con parmesano o grana padano recién rallado. Un trozo de pan crujiente para rebañar el plato tampoco hace daño; al fin y al cabo, la puttanesca es una salsa que se disfruta sin remilgos.
Variaciones y maridaje
Con qué beberlo. Un blanco con cuerpo, como un Falanghina campano o un Vermentino de Cerdeña, corta la grasa de las anchoas y realza las aceitunas. Si prefieres tinto, un joven de uva Barbera servido ligeramente fresco funciona de maravilla.
Opción vegetal. Para quienes evitan el pescado, se puede sustituir las anchoas por una cucharadita de miso blanco o de pasta de aceitunas, que aporta ese ‘umami’ marino sin renunciar a la profundidad de la salsa. Mantiene el alma del plato sin traicionar el paladar vegetariano.
Cómo conservarla. La salsa puttanesca aguanta hasta 5 días en la nevera en un tarro hermético y mejora con el reposo. Incluso puedes congelarla durante 3 meses; solo tendrás que calentarla y añadir la pasta recién cocida.
Toque extra y tomate fresco. Si buscas más picante, añade otra guindilla o un chorrito de aceite de guindilla al final. En verano, prueba a hacer la salsa con tomates pera maduros pelados y troceados: quedará más fresca y ácida, igual de rápida.
¿Cuántas veces has dejado de ponerte tu camisa favorita solo por la pereza extrema que da tener que sacar la tabla y esperar a que se caliente la plancha tradicional? En pleno 2026, el ritmo de vida actual exige soluciones que nos ahorren minutos de oro antes de salir hacia el trabajo, y los usuarios de Carrefour parecen haber encontrado el secreto definitivo para desterrar las arrugas sin complicaciones ocultas.
Un reciente informe del sector textil confirma que casi el setenta por ciento de los consumidores jóvenes en España prefiere alternativas de cuidado rápido antes que el tratamiento tradicional de las prendas. En este escenario de transformación del hogar, la cadena francesa ha decidido romper el mercado con una rebaja drástica en su plataforma digital que promete cambiar las reglas del juego en los hogares españoles.
El fin de las arrugas difíciles con el sistema de Carrefour
La rutina de las mañanas suele ser una carrera contrarreloj donde cada segundo cuenta y la comodidad se paga cara. Por suerte, la propuesta que encontramos esta semana en la web oficial de Carrefour demuestra que la tecnología útil no tiene por qué estar reñida con los presupuestos más ajustados del mes.
Este dispositivo vertical destaca por su diseño ergonómico y ligero, permitiendo redefinir por completo las tareas domésticas más aburridas. Con este pequeño electrodoméstico vas a poder repasar chaquetas, vestidos delicados o blusas de seda en apenas un par de pasadas rápidas, logrando un aspecto fresco y profesional sin miedo a quemar los tejidos delicados.
Por qué este electrodoméstico de Carrefour triunfa en España
A la hora de equipar nuestra vivienda, siempre buscamos la máxima eficiencia al menor coste económico posible. Si hace unos días hablábamos de cómo el éxito de productos como el kéfir de Carrefour revolucionaba los lineales de alimentación saludable, hoy el protagonismo se desplaza por completo hacia la sección de bazar técnico. La versatilidad que ofrece esta conocida corporación internacional, detallada en los registros globales de electrodoméstico, confirma su estrategia de liderar los hogares con precios imbatibles.
Este modelo para el cuidado de la ropa cuenta con un depósito integrado de fácil llenado y un cabezal de acero inoxidable de alta durabilidad que distribuye el flujo de calor de manera homogénea. Además, la potencia de su chorro continuo no solo estira las fibras textiles en segundos, sino que actúa como un desinfectante natural contra los malos olores del tabaco o la comida.
Adiós a los malos olores y bacterias en tu ropa diaria
Más allá de la evidente mejora estética de ir perfectamente arreglado, la higiene en la ropa de diario se ha convertido en una prioridad innegable para las familias. La alta temperatura a la que sale el caudal de agua evaporada de este aparato de Carrefour garantiza la eliminación de la inmensa mayoría de gérmenes y alérgenos presentes en el tejido.
Es la solución ideal para refrescar abrigos o americanas que no se pueden lavar con frecuencia en la lavadora convencional. Solo necesitas colgar la prenda en un soporte firme y deslizar el dispositivo de arriba hacia abajo para ver cómo la humedad controlada devuelve la esponjosidad original a las fibras sin dañarlas.
La comodidad absoluta de planchar directamente desde la percha
La gran ventaja competitiva que ha convertido a este producto en el favorito de los clientes de Carrefour es la eliminación absoluta de los pasos intermedios. Olvidarse del espacio que ocupa un centro voluminoso o el engorro de limpiar la superficie de una suela quemada es un alivio que agradecen tanto estudiantes como profesionales con poco tiempo libre.
Cada vez que viajas por negocios o placer, las maletas destrozan la presencia de tus mejores trajes y mudas. Llevar un electrodoméstico tan compacto en el equipaje de mano te asegura solucionar cualquier desastre textil en la habitación del hotel en menos de dos minutos, garantizando un aspecto impecable en tus reuniones importantes.
Característica Técnica
Modelo Vertical Home
Plancha Tradicional
Tiempo de preparación
Menos de 60 segundos
De 3 a 5 minutos
Uso de tabla de apoyo
No necesaria
Totalmente obligatoria
Función de higienización
Alta por flujo continuo
Limitada o inexistente
El futuro del cuidado textil doméstico en los hogares modernos
La evolución del mercado de consumo nos encamina hacia herramientas mucho más especializadas, autónomas y de bajo consumo energético. Las cadenas de distribución como Carrefour son conscientes de que el comprador actual busca optimizar su tiempo libre y no desea pasar los domingos por la tarde pegado a una base metálica caliente.
La tendencia del mañana pasa por simplificar el entorno doméstico con un electrodoméstico multifunción que ocupe el mínimo espacio en el armario. Apostar por este tipo de soluciones verticales baratas es una inversión inteligente para mantener el armario perfecto sin gastar una fortuna en tintorerías ni complicarse la vida diaria.
El delegado del Gobierno en Madrid tachó ayer de «racista» a la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, por exigir la repatriación de 110 menores extranjeros no acompañados (menas). La respuesta de Francisco Martín no solo calienta aún más unas relaciones institucionales ya rotas, sino que pone a los menores en el centro de una guerra política que no parece tener fin.
El ultimátum de la Comunidad: 110 expedientes y una amenaza judicial
El Consejo de Gobierno de la Comunidad conoció ayer un informe de la consejera de Familia, Ana Dávila, sobre las solicitudes de repatriación dirigidas al Gobierno central. Según el ejecutivo regional, hay 110 expedientes de reunificación familiar de menores tutelados que la Delegación del Gobierno mantiene paralizados, en lo que interpretan como una inacción injustificada.
La presidenta de la Comisión de Protección a la Infancia, Silvia Valmaña, remitió un escrito al delegado en el que le recuerda esas obligaciones y le avisa de que, si persiste la parálisis, la Comunidad se reserva el derecho a emprender acciones legales. El texto acusa al Gobierno de Sánchez de ignorar sus competencias en materia de repatriación y de bloquear la reagrupación familiar de los menores.
La Delegación replica: “No hay bloqueo, hay cumplimiento de la ley”
La respuesta de la Delegación del Gobierno llegó horas después, cargada de dureza. “No existe bloqueo o inacción por parte del Gobierno de España”, afirmó. Según su versión, la Comunidad de Madrid pretende ocultar sus propias responsabilidades con los menores que tiene bajo tutela. La Delegación subrayó que la legislación exige una tramitación individualizada basada en el interés superior del menor y que no se puede ordenar una expulsión automática.
En concreto, ya se han solicitado los informes preceptivos a las representaciones diplomáticas de los países de origen de esos menores, a través de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras. “Sin esos informes, no puede adoptarse una decisión con las garantías que exige la ley”, insistió Martín.
El delegado fue más allá: acusó al Gobierno autonómico de «hipocresía e inhumanidad al utilizar a menores tutelados como instrumento de confrontación política». Y cerró su declaración con un dardo directo a la presidenta: le pidió que actúe “como presidenta de la Comunidad de Madrid, abandonando su lucha con Vox para ver quién es más racista”.
El pulso entre Ayuso y Sánchez desgasta las instituciones y convierte a los menores en moneda de cambio política.
Un patrón de desgaste institucional que desangra Madrid
El choque de ayer no es una novedad, sino el último capítulo de una escalada que comenzó con la pandemia y se ha cebado con la política migratoria. Ya en 2021, la Comunidad de Madrid denunció el “colapso” de sus centros de acogida y rechazó acoger más menas procedentes de Canarias. Aquel enfrentamiento acabó en los tribunales. Ahora, con 110 menores de por medio, Ayuso vuelve a afilar un discurso duro que le reporta réditos ante el electorado más conservador y que, de paso, le sirve para marcar territorio frente a Vox.
Desde esta redacción entendemos que, más allá de la bronca, el trasfondo administrativo es claro: la ley fija que la repatriación debe estudiarse caso por caso y que la Administración General del Estado tiene la última palabra. La Comunidad de Madrid acusa de inacción, pero la Delegación defiende que sin informes diplomáticos no puede proceder. La pregunta que queda en el aire es si esa tramitación avanzará en las próximas semanas o si el rifirrafe político volverá a paralizarlo todo.
Mientras tanto, los 110 menores siguen bajo la tutela de la Comunidad en centros repartidos por toda la región, que soportan una presión asistencial creciente. Este conflicto, lejos de apagarse, apunta a enquistarse al menos hasta que el Gobierno central emita los informes diplomáticos, algo que, según fuentes consultadas, podría demorarse meses.
El hotel SLS del Port Fòrum, inaugurado en abril de 2025, no levanta cabeza. Tres directores generales en un año, más de 50 despidos y la cancelación de su evento estrella de verano dibujan un panorama de crisis que desmiente el relato de éxito que intenta proyectar la compañía.
Ubicado junto al barrio de La Mina y la incineradora Tersa, el establecimiento de Ennismore —con el fondo ASG Iberia como propietario— aspiraba a convertirse en un referente del lujo en Barcelona. Pero la realidad ha sido muy distinta.
Rotación de directivos y oleada de despidos
Ignacio Rodríguez fue el primer director general, encargado de la inauguración. Apenas cinco meses después, en septiembre de 2025, fue apartado. Le sustituyó Àngels Puigpey, su mano derecha. Pero esta tampoco ha logrado calmar las aguas: este mismo mayo, apenas ocho meses más tarde, el hotel ha fichado a Cristina Imaz, procedente de The Hoxton, como tercera directora general en poco más de un año.
Las fuentes sindicales consultadas por Crónica Global —y confirmadas por otras fuentes conocedoras de la situación— vinculan la salida de Rodríguez con una oleada de más de 50 despidos que provocó un conato de rebelión laboral. Los trabajadores denunciaron irregularidades en el pago de horas extraordinarias y una gestión que describen como caótica.
La dirección del hotel, en cambio, asegura que aquellos despidos respondían a la estacionalidad propia del sector. Tras el verano, se redujo la plantilla para el invierno, y ahora, de cara al verano, están contratando y ampliando el equipo. Sin embargo, fuentes del sector turístico barcelonés señalan que ese argumento no convence: «En un hotel de lujo que acaba de abrir, una rotación así de traumática no es normal», indica un directivo con experiencia en la zona.
Cancelación del gran evento de inauguración veraniega
El hotel había organizado una macrofiesta para 400 personas que iba a marcar el pistoletazo de salida de la temporada estival. Pero el evento ha sido cancelado, y el SLS no ha ofrecido explicación pública. Otras fuentes del sector confirman que la reforma tardía del rooftop y del spa ha sido la causa directa, dejando a cientos de invitados con las agendas alteradas.
El rooftop, pieza central de la oferta de ocio, iba a ser operado por la firma Entre Cielos. Pero Meliá le arrebató el operador y lo ha instalado en el Torre Melina, un hotel con una ubicación mucho más atractiva. Ahora el SLS asegura que el espacio acogerá Cósmico, un club de piscina y restaurante con vistas de 360 grados. La apertura está prevista para el 2 de junio, tras una reforma integral.
El lujo que no encaja y la presión del fondo
El hotel SLS defiende sus cifras: cerró abril y mayo con una ocupación superior al 80%, por encima de las previsiones. Pero las fuentes del sector matizan que los ingresos complementarios —restauración, eventos, spa, están muy por debajo de lo esperado. Atraer a los barceloneses a una zona tan denostada, a escasos metros de la incineradora y frente a La Mina, es una tarea titánica. Y el modelo de negocio del lujo depende, en gran medida, de esos ingresos extra.
El fondo ASG Iberia, propietario del inmueble, necesita rentabilizar una inversión monumental. Las mismas fuentes indican que el fondo «aprieta con fuerza» y no está dispuesto a tener la paciencia que requiere un proyecto de estas características. La rotación acelerada de directivos, la conflictividad laboral, la pérdida de un socio clave y la cancelación del evento de inauguración son, para los expertos consultados, síntomas de una gestión que no ha sabido traducir el lujo en un modelo de negocio sólido.
El fondo ASG aprieta con fuerza para obtener rentabilidad, y en el sector creen que no está dispuesto a tener la paciencia necesaria con un proyecto tan complejo.
El caso del SLS Sant Adrià recuerda a otros intentos fallidos de plantar hoteles de lujo en entornos degradados, pero también plantea interrogantes sobre la burbuja del turismo de lujo en Barcelona. La oferta se ha multiplicado, y no todos los proyectos pueden sostener tarifas premium si la experiencia no acompaña.
Por ahora, la nueva directora, Cristina Imaz, tendrá que lidiar con una plantilla desconfiada, la apertura del rooftop Cósmico y la necesidad de recuperar la credibilidad ante un sector que ya ha emitido su veredicto. El tiempo dirá si el SLS del Port Fòrum logra enderezar el rumbo o se convierte en otro capítulo de la historia del lujo malogrado en la costa barcelonesa.
Los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados han acercado este martes sus posturas para reformar el Código Penal y castigar las terapias de conversión —aquellas dirigidas a eliminar o negar la orientación sexual, identidad sexual o expresión de género—, con la aprobación de una enmienda transaccional del PSOE (es decir, un texto pactado entre varios grupos para alcanzar consenso) que introduce salvaguardas profesionales. La Ponencia de la Comisión de Igualdad avanzó en la negociación de la Proposición de Ley Orgánica, aunque todavía quedan, discrepancias pendientes antes de la votación prevista para el próximo 17 de junio.
El alcance de la enmienda del PSOE: qué prácticas quedan dentro y fuera del tipo penal
La enmienda del PSOE, aprobada durante la sesión, añade un nuevo párrafo a la exposición de motivos de la ley con el objetivo de acotar qué conductas serán perseguidas penalmente. El texto, según ha podido confirmar Europa Press, señala: ‘La respuesta penal contra las denominadas prácticas o terapias de conversión que plantea esta reforma legal no está referida, como es lógico, a aquellos métodos, técnicas o procedimientos que proporcionen apoyo y comprensión respecto de la orientación sexual, de la identidad sexual o de la expresión de género, y se apliquen de conformidad con los estándares profesionales internacionales. Con esta redacción se pretende que la futura ley deje fuera del delito el acompañamiento psicológico legítimo, una demanda de los colegios profesionales que alertaban sobre el riesgo de criminalizar terapias no lesivas.
Las reservas que mantienen Junts y el PNV y el papel decisivo del PSOE
El principio de acuerdo no elimina todas las diferencias. Junts y PNV mantienen reservas sobre la redacción concreta del tipo penal y sobre posibles conflictos relacionados con la libertad individual y la seguridad jurídica, según apuntan fuentes parlamentarias. De la misma manera, el PP ya ha anunciado que se abstendrá en la votación del 17 de junio, lo que convierte al PSOE en el voto determinante para sacar adelante la reforma. Compromís, por su parte, mantiene vivas todas sus enmiendas, aunque las negociaciones apuntan a que previsiblemente no prosperarán.
La modificación del Código Penal supondrá por primera vez que quienes practiquen terapias de conversión se enfrenten a penas de prisión, antecedentes penales e inhabilitación profesional.
De la sanción administrativa a la pena de cárcel: el camino legislativo
La Ley 4/2023, de 28 de febrero, para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI (BOE) ya prohíbe administrativamente estas pseudoterapias, pero las sanciones se limitan a multas que, en muchos casos, no impiden que la actividad continúe. En junio de 2025, el Congreso admitió a trámite la proposición de ley para tipificarlas penalmente, y la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+) ha pedido este miércoles a la Comisión de Igualdad que acelere la votación para dar ‘otro paso más en la protección a las víctimas’.
La presidenta de la FELGTBI+, Paula Iglesias, defendió la reforma como ‘fundamental’ porque muchas organizaciones que impulsan estas prácticas cuentan con apoyo financiero de redes internacionales ultra o estructuras eclesiales. ‘Actualmente, ejercer este tipo de tortura solo se sanciona con multas que pueden pagarse y la actividad continúa. Por eso es esencial que las penas se modifiquen para implicar cárcel, antecedentes penales y la inhabilitación’, explicó.
Lo esencial
📌 ¿Qué ha ocurrido? Los grupos parlamentarios han acercado posturas para penalizar las terapias de conversión en el Código Penal mediante una enmienda transaccional del PSOE.
👤 ¿Quiénes están implicados? Los grupos del Congreso (PSOE, Junts, PNV, PP, Compromís), la Federación Estatal LGTBI+ y la Comisión de Igualdad.
⏭️ ¿Qué pasa ahora? La votación de la Proposición de Ley Orgánica está prevista para el 17 de junio de 2026, tras superar las últimas discrepancias.
¿A quién afecta? Aficionados al documental musical, al videoclip y a la música en directo que buscan un plan cultural en Madrid y Majadahonda.
¿Cuándo ocurre? El festival comenzó ayer, 27 de mayo, y se extiende hasta el sábado 31 de mayo de 2026. Quedan cuatro días de proyecciones y conciertos.
¿Qué cambia hoy? Aún es posible comprar entradas desde 5 euros para las sesiones en Cines Zoco Majadahonda y Sala Equis. Muchas proyecciones incluyen coloquio con los directores.
Siete documentales, trece videoclips y cinco cortometrajes compiten desde ayer por un hueco en el palmarés del GET BACK! Music Doc Fest, el único certamen madrileño especializado en cine documental musical. Las entradas, desde 5 euros, aún están disponibles para las sesiones de los próximos cuatro días.
La segunda edición ha arrancado con una sesión inaugural en la Casa de la Cultura Carmen Conde de Majadahonda, donde Mikel Erentxun presentó el documental Hombre Bala y la banda Ultraligera estrenó su videoclip Lapsus. El festival, que organizan los Cines Zoco Majadahonda y la productora Art Rebels Factory con el respaldo de la Fundación SGAE, ofrece hasta el sábado 31 de mayo un recorrido por los trabajos más interesantes del género.
De Mikel Erentxun al flamenco de Farruquito: los siete documentales a concurso
La sección más nutrida del festival se proyecta íntegramente en los Cines Zoco Majadahonda. Siete largometrajes documentales aspiran al premio del jurado de 1.000 euros. Además de Hombre Bala, destacan títulos como Acuérdate de mí, de Remedios Malvárez, y Serás Farruquito, que aborda la figura del bailaor flamenco. El jurado —con la cineasta Paloma Concejero, el periodista Fernando Navarro y el realizador Samuel Alarcón— valorará estas obras junto a los videoclips y cortometrajes que se reparten entre Majadahonda y la Sala Equis de Madrid.
La mayoría de los documentales se centran en figuras de la música independiente o en momentos clave de la escena contemporánea. Hasta que me quede sin voz repasa la trayectoria de un grupo de culto, mientras que Antihéroe y Back in Time! exploran los márgenes del rock y el pop. Cada pase viene acompañado de un coloquio que permite al espectador dialogar con los directores y protagonistas.
Majadahonda se vuelca: cuatro sedes, dos conciertos y una exposición
El festival se despliega en cuatro enclaves. Además de los Cines Zoco y la Casa de la Cultura, la Sala Equis acoge los cortometrajes y un evento especial de videoclip, y el Palacio de Longoria (sede de la SGAE) centraliza el encuentro profesional del viernes 29. “Queremos que el público de Madrid capital también sienta el festival como propio”, explica la organización. Las entradas se venden tanto en salaequis.es como en la web del certamen.
En el apartado musical en vivo, el viernes 29 la sala Rey Louie de Majadahonda acoge a Demonio YeYé, el proyecto de Lichis (exlíder de La cabra mecánica) que rescata el cancionero español de los sesenta. El sábado 30, la sesión vermú en la Sala Equis corre a cargo de las artistas Dub Diva & Jhana Beat. Además, la exposición de fotografía de Domingo J. Casas y la intervención artística de Iván Ordás pueden visitarse durante todo el certamen en los Cines Zoco.
En solo dos años, el GET BACK! se ha convertido en la cita imprescindible para el documental musical de autor en Madrid.
Por qué Madrid necesita festivales de nicho como el GET BACK!
Desde esta redacción celebramos que un certamen de este tipo gane tracción. La Comunidad de Madrid carece de un festival consagrado al documental musical, a diferencia de otras ciudades como Barcelona, que cuenta con el veterano In-Edit. El GET BACK! Music Doc Fest nace precisamente para cubrir ese hueco y lo hace con el apoyo de un municipio, Majadahonda, que ha apostado por la cultura como elemento de identidad local. El Ayuntamiento ha cedido espacios y financiación, en una decisión que contrasta con la habitual concentración de eventos en la almendra central de Madrid.
El certamen también acierta al incluir una jornada profesional donde participan Movistar Plus+, RTVE y Filmin, agentes clave para que estos documentales encuentren distribución. A falta de un patrocinio más rotundo del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, el modelo periférico de Majadahonda demuestra que la programación de calidad puede florecer a 15 kilómetros de la Puerta del Sol. Quien quiera vivirlo tiene hasta el 31 de mayo para acercarse a los Cines Zoco o a la Sala Equis.