El eclipse total tiene algo que no se puede explicar del todo hasta que se vive, y quienes han estado bajo esa sombra lo cuentan casi como si fuera un antes y un después en su vida. No es solo un fenómeno astronómico que se mira con gafas especiales y ya, es una experiencia que sacude por dentro, que desconcierta y que, sin previo aviso, puede hacer que alguien se quede en silencio o incluso con lágrimas en los ojos sin saber muy bien por qué.
Este fenómeno despierta algo muy primitivo, muy humano, una mezcla de asombro, curiosidad y emoción que cuesta poner en palabras. No hace falta ser experto ni entender de ciencia, basta con estar ahí en el momento justo, cuando el día se convierte en noche por unos minutos y todo alrededor parece detenerse, como si el mundo bajara el volumen para obligarte a mirar hacia arriba y, de paso, hacia dentro.
1El eclipse te cambia por dentro sin darte cuenta
El eclipse ha marcado a personas de formas que ni ellas mismas esperaban, como le ocurrió a David Makepeace, que recuerda con precisión casi obsesiva el instante en que vivió uno por primera vez. No fue solo lo que vio en el cielo, fue lo que sintió después, esa especie de sacudida emocional que lo dejó pensando durante días y que, sin darse cuenta, terminó definiendo parte de su vida.
Desde entonces no ha dejado de perseguir eclipses por todo el mundo, y lo curioso es que describe cada uno como una experiencia igual de intensa que la anterior. Habla de lágrimas, de quedarse sin palabras, de sentir que algo importante acaba de pasar aunque no sepas explicarlo, una sensación que se repite en muchas personas que han estado en la llamada “totalidad”.
