La EMT de Madrid estrena un sistema antiatropello en sus buses

El sistema EAS detecta peatones en los puntos ciegos del autobús cuando está parado e impide el arranque si siguen en zona de riesgo. Arranca en pruebas en una flota reducida dentro de la estrategia Visión Cero del Ayuntamiento.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? A los peatones que cruzan por delante de un autobús parado en Madrid y a los conductores de la EMT que lidian cada día con ángulos muertos en paradas y semáforos.
  • ¿Cuándo ocurre? El sistema EAS empieza a probarse ahora, en fase piloto sobre una flota reducida de la EMT, con el objetivo de extenderlo progresivamente si los resultados acompañan.
  • ¿Qué cambia hoy? El autobús detecta al peatón oculto antes de reanudar la marcha y avisa al conductor. Si el viandante sigue en zona de riesgo, el vehículo no arranca.

El sistema antiatropello EMT, denominado EAS, entra en fase de pruebas en los autobuses municipales de Madrid. Lo ha presentado el delegado de Movilidad, Borja Carabante, como una herramienta pensada para uno de los momentos más delicados del servicio urbano: el instante en que un bus arranca de una parada.

Cómo funciona el EAS cuando el autobús está detenido

El EAS (siglas de Exterior Awareness System) se activa precisamente cuando el autobús se detiene. Sensores laterales y frontales escanean el entorno inmediato del vehículo y detectan presencias humanas en los puntos ciegos clásicos: la esquina delantera derecha, el lateral cercano al bordillo y la franja justo delante del parachoques. Si hay un peatón en esa zona de riesgo, el sistema emite un aviso acústico y visual en el puesto del conductor.

La segunda capa es la que marca la diferencia con los avisadores convencionales. Según la información facilitada por la EMT, el autobús no reanuda la marcha si el sensor sigue detectando a una persona en zona crítica, aunque el conductor pise el acelerador. Es una inhibición temporal del arranque, no un frenado automático en movimiento. Así, sin adornos.

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Carabante ha enmarcado la medida en la estrategia de Visión Cero del Ayuntamiento, el objetivo de reducir a cero las víctimas mortales por siniestros de tráfico en la ciudad. La EMT mueve alrededor de 1,4 millones de viajeros al día según sus últimas memorias, con una flota que supera los 2.100 autobuses. El piloto arranca en un grupo reducido de vehículos antes de decidir la extensión.

Qué problema intenta resolver el Ayuntamiento con esta medida

Los atropellos en los que se ve implicado un autobús de la EMT son poco frecuentes en términos estadísticos, pero muy graves cuando ocurren. El patrón suele repetirse: paradas con gran afluencia, peatones que cruzan por delante aprovechando que el vehículo está detenido, y un conductor con visibilidad limitada por la altura del salpicadero y el tamaño del espejo. De hecho, la DGT viene señalando desde hace años que los puntos ciegos de los vehículos pesados son un factor determinante en los siniestros urbanos con víctimas vulnerables.

El EAS ataca ese punto ciego concreto, no la conducción en marcha. Es una diferencia técnica relevante: otros sistemas, como los frenados automáticos de emergencia que ya equipan muchos turismos, operan en circulación. Este, no. Aquí la lógica es impedir el arranque cuando alguien está donde el conductor no puede verlo.

La calle dice otra cosa cuando se pregunta a los conductores. En conversaciones informales, plantilla de la EMT lleva tiempo reclamando ayudas tecnológicas en paradas conflictivas del centro -Cibeles, Callao, Atocha- donde la marea de peatones es constante y el margen de error mínimo. Un aviso fiable en esos segundos puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.

La clave del EAS no es detectar al peatón, que ya lo hacen otros sistemas: es impedir que el autobús arranque mientras el riesgo sigue ahí.

Lo que el piloto tiene que demostrar antes de extenderse a toda la flota

Observamos esta decisión con prudencia técnica. La fase de pruebas tiene que resolver dos cuestiones que hoy no están cerradas. La primera es la tasa de falsos positivos: un sistema que bloquea el arranque por cualquier sombra convierte la línea en una sucesión de retrasos en cadena, algo que ya hemos visto en experiencias similares en Londres con autobuses equipados con Intelligent Speed Assistance, donde los primeros meses exigieron recalibrar el software más de una vez. La segunda es la integración con la operativa real: frecuencia, cumplimiento de horarios y reacción del conductor ante el aviso.

El precedente más cercano en España lo tiene TMB en Barcelona, que desde 2022 ha ido incorporando cámaras de detección de ángulo muerto en parte de su flota, aunque con una arquitectura distinta: allí prima el aviso, aquí se suma el bloqueo del arranque. Si el EAS funciona, Madrid tendría una de las soluciones más restrictivas -y por tanto más protectoras- entre las grandes ciudades españolas. Si no funciona, el riesgo es el contrario: conductores que aprenden a ignorar el aviso porque salta demasiado.

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Queda también la pregunta del coste. La EMT no ha detallado el presupuesto del piloto ni el importe estimado de equipar toda la flota. Los datos lo aclararán. Cabe recordar que la renovación de flota de la EMT hacia vehículos cero emisiones ha consumido buena parte de la inversión de los últimos ejercicios, y que cualquier despliegue masivo del EAS competirá por los mismos fondos. La próxima comisión de Movilidad en el Ayuntamiento será la ocasión natural para exigir ese detalle.