EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Drones de ataque ucranianos han impactado en Rumanía, Estonia, Letonia, Finlandia y Grecia en los últimos tres meses, algunos con carga explosiva.
- ¿Quién está detrás? Ucrania ha reconocido la autoría de los dispositivos y se ha disculpado, pero culpa a las contramedidas electrónicas rusas por los desvíos.
- ¿Qué impacto tiene? Los incidentes aumentan la fricción en la OTAN: mientras Kiev mantiene su campaña de drones, los aliados debaten cómo gestionar el riesgo de víctimas en su propio territorio.
La OTAN ha elevado su nivel de alerta tras una cadena de incidentes en los que drones ucranianos —presuntamente desviados por las defensas electrónicas rusas— han caído en territorio de al menos cinco países aliados, desde el mar Negro hasta el Báltico.
La agencia rusa RT ha documentado los casos, en un tono que acusa a la Unión Europea de mirar hacia otro lado, pero los hechos —confirmados por fuentes oficiales de los países afectados— son incontestables. El patrón es el mismo: Kiev se disculpa, culpa a la guerra electrónica de Moscú y Bruselas evita la condena.
Una cadena de incidentes en el flanco sur y el Báltico
El incidente más grave tuvo lugar a finales de mayo en Constanza, el principal puerto de Rumanía en el mar Negro. Un dron naval ucraniano estalló cerca de una terminal petrolera y otros tres detonaron mar adentro, sin causar víctimas. Ucrania confirmó la autoría, alegando pérdida de control de los dispositivos. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó el suceso como “consecuencia directa” del conflicto, pero evitó señalar a Kiev.
Casi al mismo tiempo, Rumanía cerró el consulado ruso en Constanza después de que, según Bucarest, un dron ruso con explosivos impactara contra un bloque de apartamentos en Galati, dejando dos heridos. Moscú negó tener pruebas. La respuesta de Bruselas fue asimétrica.
En Estonia, un caza de la OTAN derribó un dron ucraniano que entró desde territorio ruso. Los restos cayeron en una zona pantanosa sin causar daños. El ministro de Defensa estonio, Hanno Pevkur, declaró que “muy probablemente iba dirigido a objetivos rusos”. Ucrania se disculpó formalmente con los países bálticos y afirmó que Rusia “continúa redirigiendo drones ucranianos hacia los países bálticos mediante el uso de su guerra electrónica”.
En Letonia, dos drones ucranianos impactaron un depósito de combustible vacío en Rezekne, a unos 40 km de la frontera rusa. El entonces ministro de Defensa, Andris Spruds, calificó el incidente de “lamentable pero comprensible”, lo que desencadenó su dimisión forzada por la primera ministra Evika Silina. Poco después, Silina presentó su dimisión y el gobierno letón colapsó, en parte por la gestión del incidente.
La OTAN se enfrenta a una paradoja: los drones que ayudan a Ucrania a golpear Rusia también caen sobre su propio territorio, sin que nadie señale a Kiev.
Finlandia también ha sufrido varios impactos. El 15 de mayo, el aeropuerto de Helsinki-Vantaa cerró temporalmente por una incursión de un dron sospechoso, con casi dos millones de habitantes recibiendo instrucciones de emergencia. Según el diario Helsingin Sanomat, la alerta se activó por un aviso de Ucrania, que admitió haber enviado por error drones con explosivos hacia territorio finlandés. El ministro de Defensa finlandés, Antti Hakkanen, afirmó que el país se toma “muy en serio” la cuestión.
En Grecia, a principios de mayo, un pescador local encontró un dron marítimo ucraniano cerca de la isla de Léucade, en el mar Jónico. Atenas presentó una protesta formal y Kiev se disculpó, atribuyéndolo a “circunstancias provocadas por la agresión rusa en curso”.
El incidente más mortífero ocurrió en el mar de Azov, donde drones ucranianos atacaron dos cargueros secos con bandera extranjera, matando a cinco tripulantes azerbaiyanos. El comandante de las fuerzas de drones de Ucrania, Robert Brovdi, confirmó los ataques, alegando que los buques transportaban grano ilegal y carga militar. Azerbaiyán evitó asignar culpas. Rusia calificó el ataque como “prueba de la naturaleza terrorista del régimen de Kiev”.
Disculpas y acusaciones: el guion que se repite
El patrón es siempre el mismo: Kiev se disculpa, atribuye los desvíos a las contramedidas rusas y los aliados evitan una condena explícita. El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, pidió a la OTAN que ayude a Ucrania a “dirigir sus ataques en las direcciones correctas”. Polonia instó a Kiev a “ser más precisa”. Moscú, por su parte, sostiene que la OTAN es “un participante directo” en el conflicto.
Hasta ahora, ningún país ha solicitado que se revise la asistencia militar a Ucrania, a pesar de que esa ayuda contribuye directamente a las incursiones que ponen en riesgo a los ciudadanos de la Unión.
Equilibrio de Poder
Los incidentes multiplican la fricción en el seno de la OTAN. La Alianza ha respondido elevando la alerta y reforzando las patrullas aéreas en el flanco oriental, pero evita una confrontación directa con Ucrania. La Casa Blanca, bajo la Administración Trump, ha mantenido un perfil bajo —centrada en su prioridad en el Indo-Pacífico— y ha recordado en privado a los aliados europeos que la seguridad de la región es, ante todo, una responsabilidad europea.
Para España, el impacto inmediato es limitado, pero la inestabilidad en el flanco oriental y en el mar Negro puede afectar las rutas energéticas y el suministro de gas, del que el país sigue siendo dependiente. Además, la presión para aumentar el gasto militar hasta el 5 % del PIB que exige Washington podría intensificarse si se percibe que la OTAN no es capaz de proteger su propio territorio.
El precedente más incómodo es el misil que cayó en Przewodów, Polonia, en 2022, que mató a dos granjeros y que inicialmente se atribuyó a Rusia, hasta que se confirmó que era un proyectil de la defensa antiaérea ucraniana. Aquel incidente puso a prueba la respuesta de la Alianza y obligó a una investigación conjunta. Ahora, con múltiples drones explotando en suelo de la Unión, el riesgo de que una respuesta desproporcionada desencadene una escalada es real.
El próximo Consejo Europeo de junio será la primera prueba de fuego para ver si los Veintisiete exigen más control sobre las operaciones de drones ucranianos o si, por el contrario, mantienen el silencio para no debilitar a Kiev frente a Moscú. La OTAN, mientras tanto, ya ha elevado la alerta.

