La Casa Blanca ha hecho público este miércoles un informe que acusa a los programas de visados para científicos extranjeros de marginar a los investigadores estadounidenses. El documento, titulado ‘Science: A New Golden Age’, lo firma Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP), y sostiene que la dependencia de talento foráneo —especialmente de China e India— ha rebajado los salarios, desplazado a los profesionales nacionales y erosionado el apoyo público a la inversión en I+D.
El diagnóstico: el sistema de visados desplaza al talento nacional
El informe de la OSTP subraya que, en 2024, los titulares de visados temporales representaban aproximadamente la mitad de los graduados de doctorado en informática y matemáticas con planes de permanencia confirmados. Más del 40% de los doctorandos en ciencias duras son extranjeros, muchos procedentes de países que luego reclutan a esos mismos profesionales para sus propias industrias.
Según el texto, “esta dependencia del talento extranjero deja de lado a los estudiantes estadounidenses, una profunda cantera nacional que sigue sin recibir suficiente apoyo de su propio gobierno”. El documento denuncia también que los laboratorios universitarios se han convertido en ‘talleres de explotación’ donde estudiantes foráneos trabajan muchas horas por salarios bajos, lo que excluye a cerca de la mitad de los graduados tecnológicos y científicos del país, en particular a aquellos que necesitan un empleo bien remunerado para pagar sus deudas estudiantiles y formar una familia.
Cómo afecta la nueva doctrina a la ciencia y las empresas españolas
Un cambio en la política de visados impacta directamente en la movilidad de los investigadores españoles. En 2024, alrededor de 6.000 españoles cursaban estudios de posgrado en Estados Unidos, y buena parte de ellos se concentraba en ingenierías y ciencias experimentales. Si las restricciones avanzan, las oportunidades de formación y colaboración transatlántica para el talento español se reducirán, lo que podría redirigir ese flujo hacia otros destinos europeos o, en el mejor de los casos, retener a más doctores en el sistema nacional.
Además, sectores como el farmacéutico o el tecnológico, donde empresas como Grifols, Telefónica o las filiales de Inditex mantienen vínculos con la investigación estadounidense, notarían la menor transferencia de conocimiento. El acceso a laboratorios punteros y a patentes compartidas podría volverse más complejo si Washington endurece las condiciones de estancia para científicos foráneos.
La Lógica de Washington
El informe de la OSTP no es un movimiento aislado. Responde a la misma filosofía ‘America First’ que ha inspirado los aranceles al acero o la exigencia de reciprocidad en defensa. La Casa Blanca considera que los contribuyentes estadounidenses financian casi 60.000 millones de dólares al año en investigación fundamental, y quiere asegurarse de que los beneficios reviertan primero en los ciudadanos del país. Detrás de esta postura se articulan varios argumentos: la seguridad nacional (evitar la transferencia de tecnología a competidores), la presión electoral de unas clases medias que ven cómo sus hijos no acceden a empleos cualificados y la convicción de que Estados Unidos debe reconstruir su propia cantera de científicos para mantener el liderazgo tecnológico.
Este planteamiento tiene un precedente claro: las restricciones a visados para investigadores chinos que se intensificaron durante el primer mandato de Donald Trump y que, en parte, mantuvo la administración Biden por motivos de seguridad. Ahora, la doctrina se amplía y se institucionaliza. La oposición demócrata y los rectores universitarios ya han criticado el informe —la congresista Zoe Lofgren habló de “destrucción sistemática de la ciencia americana”—, pero la mayoría republicana en el Congreso respalda, en líneas generales, la priorización del talento nacional.
El giro proteccionista en la política científica busca que los dólares del contribuyente estadounidense beneficien primero a sus propios investigadores.
Para España, la señal es ambivalente. Por un lado, perder acceso al ecosistema americano resta competitividad. Por otro, un eventual retorno de doctores españoles ante la menor oferta de visados podría oxigenar universidades y centros de investigación locales. La Unión Europea observa con cautela y podría acelerar programas como Horizonte Europa para compensar el vacío que dejaría una retirada americana en la colaboración científica. Pero lo cierto es que Washington no necesita el permiso de nadie para reorientar su gasto en I+D. Y lo está haciendo.
Ficha del Caso
- El caso: La Casa Blanca publica un informe estratégico que acusa a los programas de visados (H-1B, J-1, OPT) de desplazar a los científicos estadounidenses y propone redirigir la financiación federal de I+D hacia el talento nacional.
- Datos clave: Aproximadamente el 40 % de doctorandos en ciencias duras son extranjeros; la mitad de los graduados en informática y matemáticas tenían visado temporal en 2024; la inversión federal en investigación básica roza los 60.000 millones de dólares anuales.
- Para España: Un endurecimiento de los visados limitaría las estancias de investigadores españoles en EE. UU. y la transferencia de conocimiento hacia empresas españolas, aunque podría favorecer el retorno de talento al sistema nacional.

