Un senador de EE.UU. exige a Arabia Saudí confesar sus vínculos con los agentes del 9/11

Blumenthal vincula el desbloqueo del pacto de defensa y el acuerdo nuclear a una confesión completa de Riad. El vídeo inédito de Omar al-Bayoumi sitúa a Anwar al-Awlaki en ejercicios paramilitares en San Diego.

Un senador de EE.UU. exige a Arabia Saudí confesar sus vínculos con los agentes del 9/11 antes de un acuerdo nuclear. Le adelanto que no es una presión menor: el aviso llega a veinticuatro horas del 25 aniversario de los atentados y conecta de nuevo el litigio de las víctimas con la agenda de seguridad nacional de Washington.

La advertencia de Blumenthal: sin justicia para el 11-S no habrá pacto nuclear

La advertencia la lanzó el senador Richard Blumenthal, demócrata por Connecticut, durante el Soufan Center Global Summit sobre Terrorismo y Violencia Política, celebrado al otro lado de la calle de la Zona Cero. El escenario no es casual: el encuentro sirvió para conmemorar el 25 aniversario de los ataques de Al Qaeda contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Blumenthal no habló de sanciones ni de condicionamientos tibios. Dijo que ha planteado el argumento cara a cara a los funcionarios saudíes ‘al más alto nivel’ para que hagan ‘lo correcto: dejar atrás el 11-S y hacer justicia con las familias’. Y añadió una frase que en Moncloa deja marca: ‘creo que me opondría, o al menos cuestiono muy seriamente, que haya ese tipo de acuerdos’ mientras no se resuelvan las reclamaciones.

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El senador ocupa el puesto de miembro de mayor rango de la minoría en el Subcomité Permanente de Investigaciones del Comité de Seguridad Nacional del Senado. No es un congresista de perfil bajo. Tengo claro que Blumenthal no improvisa cuando vincula una confesión pendiente al desbloqueo de un pacto de defensa y a un futuro acuerdo nuclear civil.

El vídeo inédito de al-Bayoumi y la sombra de al-Awlaki en San Diego

al-Bayoumi

El expediente ha vuelto a abrirse con un material que las familias consideran relevante. Se trata de un vídeo de imágenes granuladas, tomado presuntamente por Omar al-Bayoumi a finales de los años noventa, en el que aparece Anwar al-Awlaki durante un ejercicio de paintball de estilo militar en San Diego. La secuencia ha sido incorporada al litigio que se tramita ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York.

Riad no puede pedir un trato preferente en defensa y energía nuclear mientras guarde silencio sobre la red saudí que rodeó a los secuestradores.

Al-Bayoumi no es un nombre nuevo para quien haya seguido la investigación. El FBI lo consideró durante años un posible agente de la inteligencia saudí, aunque Riad siempre lo ha negado. Aquel rastro llevó a las ’28 páginas’ del informe de la Comisión del 11-S, que permanecieron clasificadas hasta 2016 y que señalaban contactos entre los secuestradores y personas vinculadas al reino. La existencia del vídeo no prueba por sí sola una orden oficial, pero devuelve el foco a un encubrimiento que nunca se cerró. De hecho, la mayoría de los casos que se han ventilado en los tribunales tiene más preguntas que certezas.

Le pongo en contexto. Anwar al-Awlaki, clérigo estadounidense de origen yemení, terminó convertido en propagandista de Al Qaeda en la península arábiga y fue eliminado en 2011 en un ataque con dron autorizado por Washington. No es casual que su imagen en un ejercicio paramilitar en San Diego reabra el debate: al-Bayoumi fue una de las personas que ayudó a los secuestradores a instalarse en California, según la documentación desclasificada. Lo veo así: el vídeo aporta más contexto que certeza, y por eso la presión del Congreso pesa tanto.

Si usted ha seguido la evolución de este litigio, recordará que la justicia estadounidense mantiene vivas las demandas de las familias contra Riad, y que la doctrina de inmunidad soberana se ha ido abriendo paso a paso. Ese es el contexto que hace temblar a los negociadores del acuerdo nuclear.

Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra

En este caso, el vector de amenaza no es un ciberataque ni una deserción: es una infiltración HUMINT histórica que todavía condiciona el equilibrio diplomático. La sospecha no resuelta apunta a que agentes del reino pudieron dar cobertura logística a los secuestradores del 11-S, mientras la inteligencia estadounidense minimizó o retuvo parte de esa pista. Ese es el ruido de fondo que Blumenthal utiliza: no solo pide justicia para las familias, sino que somete a Riad a una elección entre confesar y perder su apuesta estratégica en Washington.

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Aquí hay tres agencias implicadas. La atacante sería la inteligencia saudí, a través de la figura todavía no aclarada de al-Bayoumi. La defensora es la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, en particular el FBI y la CIA, que han oscilado entre la cooperación antiterrorista y la protección del vínculo con Riad. El tercer actor que observa es el CNI. España tiene contratos de defensa y una relación energética sensible con el reino; el desenlace de esta negociación puede reordenar la influencia de Madrid en el flanco sur.

El precedente histórico del oficio es conocido: las ’28 páginas’ clasificadas, la investigación de la Comisión del 11-S y la muerte selectiva de al-Awlaki en 2011. A juzgar por la naturaleza del material exhibido ante el tribunal, estimo que parte de la documentación barajada en este litigio mantiene un nivel de clasificación Secreto, con elementos que nunca llegaron al sumario público. No me consta que Riad haya movido ficha esta semana para satisfacer al senador; de hecho, la ausencia de respuesta oficial es un mensaje en sí mismo.

Hay un riesgo que conviene señalar: la atribución causal entre al-Bayoumi y la inteligencia saudí sigue dependiendo de indicios, de testigos protegidos y de informes que no son concluyentes. He seguido durante años este caso y sé que las familias no tienen un documento firmado por la monarquía saudí; tienen un patrón. Por eso, condicionar un acuerdo nuclear a una confesión completa es una maniobra legislativa tan potente como improbable. Verá usted que el cierre no llegará por la vía judicial, sino por una negociación sobre cuánto se desclasifica y cuánto se olvida.

En Madrid, la operación se lee en clave de oportunidades y riesgos. España vende a Riad corbetas, fragatas y sistemas de defensa; cualquier fricción entre Washington y Riad puede retrasar pagos, renegociar plazos o colocar al CNI en una posición incómoda como intermediario.

El próximo hito será ver cómo responde el Comité de Seguridad Nacional del Senado si el acuerdo nuclear empieza a tramitarse sin resolver el litigio. Blumenthal ha dejado la pregunta sobre la mesa, y no habrá ratificación limpia mientras las familias no obtengan una respuesta. Para España, la lectura confidencial es otra: el CNI no podrá desentenderse de un aliado que Washington aprieta y que Riad defiende con dinero, petróleo e influencia.