Veinticinco años después del 11-S, Europa reivindica la única activación del Artículo 5 de la OTAN. No lo hace como un ejercicio de nostalgia, sino como una advertencia ante un continente que vuelve a sentirse vulnerable.
Los líderes europeos aprovecharon el homenaje a las víctimas de Nueva York, Washington y Pensilvania para recordar el momento de unidad transatlántica que siguió a los atentados. Fue la única vez en la historia de la OTAN que la alianza invocó la cláusula de defensa colectiva. El mensaje de fondo es directo: si Europa afronta hoy misiles, drones y sabotajes vinculados a la guerra de Rusia en Ucrania, la protección mutua no puede darse por descontada.
Para España, la fecha tiene una lectura concreta. El Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte no es una pieza de museo ni un debate de cancillerías: es el paraguas que protege las rutas marítimas, los despliegues exteriores y la propia disuasión en el flanco sur.
La única vez que la OTAN activó el Artículo 5
El 12 de septiembre de 2001, la OTAN declaró que el ataque contra Estados Unidos podía considerarse un ataque contra todos los aliados. Aquella activación, la única en 77 años de historia, abrió la puerta a dos décadas de misión en Afganistán. España se sumó a aquel esfuerzo con unidades militares, guardias civiles y cooperantes, y pagó un coste humano y político que marcó a toda una generación.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, resumió el tono de la jornada al recordar que las amenazas han cambiado pero la lección del 11-S permanece: en momentos de peligro, las alianzas importan. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, puso el acento en algo que a menudo se olvida: cientos de miles de soldados europeos combatieron junto a las fuerzas estadounidenses en Afganistán.
¿Y ahora? La guerra de Rusia en Ucrania ha devuelto a la agenda europea los escenarios híbridos que el Artículo 5 no detalló en 1949. Sabotajes contra infraestructuras, ciberataques, drones sobre bases aliadas: la frontera entre paz y agresión se ha vuelto deliberadamente ambigua. Mientras Washington estudia reducir su presencia militar en Europa, la conmemoración de 2026 suena menos a homenaje y más a aviso.
Veinticinco años después de los atentados, Europa recuerda que la defensa colectiva fue una respuesta real, no una promesa retórica.
Por qué este aniversario llega con Europa en estado de alerta
El contexto manda un mensaje incómodo. En 2001, la Alianza vivió su momento de mayor cohesión desde la caída del Muro. En 2026, la Unión Europea discute rearme, financiación de defensa y garantías de seguridad mientras observa de reojo los giros de Washington. La OTAN sigue siendo el único paraguas creíble para muchos socios del este, pero también para países del sur expuestos a la inestabilidad del Sahel y del Mediterráneo.

España entra en esa ecuación por su posición geográfica y por su papel en misiones aliadas. La base de Rota, el despliegue de fragatas en el Mediterráneo oriental y la participación en policía aérea del Báltico son piezas de un compromiso que el debate político nacional suele simplificar. El gasto militar español sigue por debajo del objetivo del 2% del PIB fijado por la OTAN, aunque las presiones para acelerar el rearme crecen desde la cumbre de Madrid de 2022 y la invasión rusa de Ucrania.
Esa es la tensión de fondo. No se trata solo de cuánto gasta cada país, sino de qué tipo de defensa se construye. Kallas recordó que la solidaridad europea en Afganistán fue masiva; la pregunta que queda para los próximos años es si ese reflejo se mantendrá ante amenazas más difusas.
La lectura española: del precedente afgano al dilema del flanco sur
El precedente de Afganistán sigue siendo la mejor vara de medir. Aquella activación del Artículo 5 no terminó en una guerra limitada, sino en una presencia militar de dos décadas con resultados discutibles. Para España, la experiencia militar y diplomática en Afganistán obligó a profesionalizar la proyección exterior y dejó lecciones de coordinación entre aliados que hoy se aplican en misiones internacionales.
Aquí conviene poner el foco en la diferencia entre disuasión y escalada. La defensa colectiva no implica una respuesta automática ni idéntica de todos los socios; en 2001, la decisión de la OTAN fue política además de militar. Ese matiz es clave para entender el debate actual: los estados europeos quieren seguridad sin repetir los errores de una década de recortes en defensa.
En adelante, lo que conviene seguir es la evolución del compromiso estadounidense, los acuerdos de la próxima cumbre de la OTAN y el aterrizaje del debate presupuestario en España. Si la amenaza rusa se consolida como factor estructural, el gasto en defensa dejará de ser una promesa de calendario para convertirse en un debate de legislatura.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: Europa conmemora los 25 años del 11-S y recuerda que la OTAN activó el Artículo 5 una sola vez, tras los atentados de 2001.
- Datos importantes: La alianza invocó la defensa colectiva el 12 de septiembre de 2001; hoy Europa afronta misiles, drones y sabotajes vinculados a la guerra en Ucrania.
- Resumen: España lee el aniversario como un aviso sobre la disuasión, el gasto militar y la protección del flanco sur dentro de la OTAN.

