Arabia Saudí desploma su producción de petróleo a mínimos de 1990: 6,24 millones de bpd

El informe mensual de la OPEP confirma la mayor caída desde la Guerra del Golfo: 1,9 millones de barriles diarios menos en agosto. Los ataques hutíes y la guerra con Irán estrangulan las dos grandes rutas marítimas de exportación saudí.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Arabia Saudí produjo 6,238 millones de barriles diarios en agosto, una caída de 1,9 millones que marca su peor registro desde 1990.
  • ¿Quién está detrás? La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y la campaña de los hutíes contra la infraestructura energética saudí.
  • ¿Qué impacto tiene? El Brent cierra en 107,63 dólares y el WTI supera los 102. El diésel estadounidense rebasa por primera vez los 6 dólares por galón.

Arabia Saudí desplomó su producción de crudo hasta 6,238 millones de barriles diarios en agosto, el nivel más bajo desde 1990, según el informe mensual de la OPEP recogido por Bloomberg. La caída de 1,9 millones de barriles diarios confirma que el reino ya no puede sostener su bombeo ordinario con las dos grandes rutas marítimas del golfo y del mar Rojo bajo presión.

Riad ha comunicado a la OPEP que su suministro al mercado, que incluye crudo extraído de almacenamiento, se situó en 7,122 millones de barriles diarios. La diferencia indica que el reino recurrió a inventarios para amortiguar el golpe. Sin embargo, la estimación independiente de la organización, basada en fuentes secundarias, eleva la producción saudí hasta 7,276 millones. Los datos provisionales de seguimiento de petroleros recogidos por Bloomberg apuntan a una caída de alrededor de un tercio en las exportaciones durante agosto.

La doble vía de agua de Riad: del golfo Pérsico al mar Rojo

El desplome coincide con la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada a finales de febrero. El tráfico por el estrecho de Ormuz se ha restringido de forma severa, lo que ha obligado a Arabia Saudí a depender más de la ruta del mar Rojo. A eso se suma la renovada ofensiva de los hutíes contra las fuerzas respaldadas por Riad en Yemen y contra la infraestructura energética saudí.

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El martes, una andanada de misiles y drones alcanzó instalaciones petrolíferas saudíes y obligó a detener operaciones en algunas plantas, según las autoridades del reino. Riad no ha detallado la magnitud de los daños ni su impacto real en la producción. Esa opacidad, sumada al cierre de Ormuz y a la amenaza sobre el mar Rojo, convierte cualquier estimación de oferta en un ejercicio de incertidumbre.

Los hutíes toman Mocha y aprietan el Bab el-Mandeb

informe OPEP agosto

Los hutíes aseguraron haber tomado el puerto estratégico de Mocha, situado en la aproximación meridional al estrecho de Bab el-Mandeb, la puerta de entrada al mar Rojo. El grupo declaró que la navegación sigue siendo segura para el resto de buques, pero no para los petroleros saudíes. Es una diferencia sutil que, en la práctica, separa a Riad de una parte sustancial de sus ingresos.

La campaña hutí ha dejado de ser un problema local. El Bab el-Mandeb conecta el océano Índico con el canal de Suez y, por tanto, con los mercados europeos. Si los ataques consiguen cerrar ese paso para los cargamentos saudíes, el reino pierde la alternativa natural a Ormuz. Además, la toma de Mocha refuerza el control hutí sobre la costa yemení y dificulta cualquier respuesta rápida de las fuerzas del gobierno reconocido por Riad.

Arabia Saudí no ha perdido capacidad de extracción: ha perdido, de momento, la libertad para mover su crudo sin fricciones.

La presión ya se observa en los precios. El Brent cerró el jueves con una subida del 6,3 %, hasta 107,63 dólares por barril, y el West Texas Intermediate saltó a 102,48 dólares. Ambos referenciales marcaron sus niveles más altos desde mayo. En Estados Unidos, el precio medio del diésel superó por primera vez los 6 dólares por galón, un termómetro directo del encarecimiento logístico que acompaña a cualquier choque de oferta.

Equilibrio de Poder

Desde la óptica de la seguridad energética, lo que ocurre en Arabia Saudí ya no es una crisis regional. Washington intenta compensar la pérdida con el acuerdo sobre Venezuela, que le otorga control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas. Moscú, en paralelo, ha inaugurado su primer envío desde el proyecto ártico Vostok Oil, con una ruta por el mar del Norte que Rosneft calcula en torno a 730 millones de barriles anuales. La coincidencia no es casual: cada actor mueve ficha en el tablero de suministro.

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Para España, el choque es directo. Importamos la práctica totalidad del crudo que consumimos y una parte relevante llega desde el golfo Pérsico y el mar Rojo. Una prima de riesgo sostenida sobre el Brent presiona los precios de los combustibles, los fletes y los costes industriales. Tampoco conviene ignorar la dimensión fiscal: cada escalón del barril se traduce en mayor déficit comercial y más inflación importada.

La lectura a cinco años es menos halagüeña. La doctrina de seguridad marítima se está redefiniendo en Bab el-Mandeb y Ormuz, y Europa carece de una alternativa rápida a la dependencia energética de Oriente Próximo. La crisis de 1990, con Irak invadiendo Kuwait, sirvió de recordatorio de lo rápido que se transmite un shock de oferta. Ahora, la diferencia es que la amenaza no es un solo actor estatal, sino una combinación de guerra convencional, milicias asimétricas y bloqueos de facto. El próximo informe mensual de la OPEP será la primera comprobación real de si Riad ha recuperado bombeo o si la caída de agosto abre una fase nueva.