Alemania ha reactivado la batalla por los activos rusos congelados con un préstamo a Ucrania que reduciría el próximo presupuesto europeo. La jugada, adelantada por Politico Europe, sustituiría parte de los 100.000 millones previstos para Kiev en el Marco Financiero Plurianual (MFP).
La propuesta que coordina Berlín no es nueva, pero cambia el tablero. Un grupo de países —Suecia, Polonia, Países Bajos, y España— presiona para utilizar los 210.000 millones de euros en activos del banco central ruso congelados en la UE como garantía o respaldo para un nuevo préstamo a Ucrania. Según cuatro diplomáticos y funcionarios comunitarios citados por el medio, la operación permitiría a los Veintisiete financiar a Kiev sin tocar el gasto agrícola ni los fondos de cohesión.
La lógica de Berlín es presupuestaria. El próximo MFP (el presupuesto de la UE para 2028-2034) reserva alrededor de 100.000 millones para Ucrania, y Alemania lleva meses intentando recortar el gasto de la Unión. Si los activos congelados se movilizan para un préstamo, esa partida podría reducirse. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com confirman que la discusión está viva en el Comité de Representantes Permanentes, aunque no hay aún propuesta formal en el Consejo.
El pulso por el dinero congelado
Bélgica, que alberga la mayor parte de los 210.000 millones congelados a través de Euroclear, teme ser el pagador del pato en caso de un litigio con Moscú. El año pasado ya bloqueó un plan similar con el argumento del riesgo legal: si Rusia gana un arbitraje, su sistema financiero tendría que indemnizar. En esta ocasión, la presión no viene solo de Berlín. Varsovia y Estocolmo, junto a Madrid y La Haya, empujan en la misma dirección. Muy europeo.
Un diplomático citado por el artículo plantea la disyuntiva en términos crudos: países como Bélgica deben decidir si financian el apoyo a Ucrania a través del presupuesto —con menos dinero para agricultores y regiones— o si liberan miles de millones usando los activos rusos. La frase resume la nueva aritmética del debate europeo.
El próximo presupuesto europeo se decide en este pulso: los activos rusos son la única vía que permite a Berlín rebajar la factura sin sacrificar la cohesión ni la PAC.
La Comisión Europea sigue con cautela. Bruselas impulsó en 2024 la vía de los beneficios extraordinarios de los activos congelados, no el principal. La idea de un préstamo respaldado por esos fondos implica dar un paso más: movilizar el capital, no solo los intereses. Eso exige un acuerdo político unánime, porque toca la política exterior y de seguridad común.
Mientras, el reloj corre. El MFP debe cerrarse antes de que expire el actual marco en diciembre de 2027. Sin acuerdo sobre cómo financiar a Ucrania, el presupuesto puede bloquearse. Y en un escenario de guerra larga, la UE necesita un instrumento estable.
El frente del sur: España y los 210.000 millones
España se ha alineado con los países del norte en esta partida. Para Moncloa, usar los activos rusos evita un recorte del fondo de cohesión que podría tocar las ayudas regionales. El Ejecutivo español prefiere una solución extrapresupuestaria porque el gasto en Ucrania no competiría con la política de cohesión ni con la PAC, dos de las líneas más sensibles para Madrid.
La posición española es coherente con su estrategia de defensa de los fondos de cohesión. Si Berlín impone un MFP más austero, España perdería recursos en un momento en que todavía ejecuta los últimos tramos del Next Generation. El préstamo respaldado por activos rusos, en cambio, descargaría presión sobre el presupuesto. Nada que no supiéramos.
En el debate interno, el Gobierno de Sánchez se apoya en una coalición de países del este (Polonia), del norte (Suecia, Países Bajos) y del sur (España). Falta ver qué hará Francia, que mantiene un perfil más discreto pero se resiste a un recorte drástico del presupuesto. Italia, con alta deuda, observa.
La negociación no será rápida. Cada uno de los Veintisiete calcula el coste-beneficio de tocar los activos soberanos rusos. Pero el tabú se ha roto definitivamente desde que la UE decidió en 2023 utilizar los intereses para armar a Ucrania. Casi nada.

El Eje del Poder Europeo
La propuesta alemana reconfigura el pulso presupuestario clásico. Los países frugales del norte —Países Bajos y Suecia a la cabeza— ven en los activos rusos una forma de reducir la factura europea sin renunciar al apoyo a Kiev. El eje franco-alemán, tradicionalmente decisivo, se desdobla: Berlín prioriza el control del gasto; París, en cambio, teme que cargar la financiación de Ucrania a los activos rusos abra una caja de Pandora legal y debilite la solidaridad financiera del presupuesto.
Para España, el cálculo es distinto. Madrid no quiere que el debate sobre Ucrania contamine la negociación del MFP. Si el próximo presupuesto reduce los fondos estructurales, las comunidades autónomas lo notarían en 2028. Por eso Moncloa prefiere sacar a Ucrania del presupuesto y llevarla a una solución extrapresupuestaria. La crisis del euro de 2010-2012 dejó una lección que en el Gobierno español citan a menudo: cuando el presupuesto comunitario se encoge, los países periféricos pagan el ajuste en cohesión.
La lectura a cinco y diez años es estratégica. Si la UE encuentra una vía legalmente sólida para usar los activos rusos, establece un precedente: los Estados miembros podrían financiar objetivos de política exterior sin engordar el marco financiero. Eso convendría a Berlín, pero también a los países del sur que defienden la cohesión. El riesgo, sin embargo, es que la inseguridad jurídica desaliente la inversión en deuda europea.
Las próximas semanas serán decisivas. El trabajo técnico continúa en el Consejo, con la mirada puesta en la próxima cumbre del Consejo Europeo de finales de año. Hasta entonces, la batalla por el dinero congelado seguirá marcando la geometría variable de la UE.

