Pentágono eleva a crítico el espionaje israelí en plena escalada con Líbano e Irán

El documento interno de la DIA señala a negociadores clave y responsables del Pentágono como blancos de una vigilancia que califica de 'desquiciada'. La disputa coincide con la ofensiva en Líbano y el frágil alto el fuego con Irán.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos (DIA) ha elevado al nivel ‘crítico’ la amenaza del espionaje israelí contra altos cargos estadounidenses, según informaciones de NBC News y The New York Times publicadas el sábado.
  • ¿Quién está detrás? Los servicios de inteligencia israelíes (Mossad, Aman y Unidad 8200) habrían intensificado su vigilancia sobre negociadores clave de la administración Trump, como Steve Witkoff, y sobre los responsables de la política del Pentágono.
  • ¿Qué impacto tiene? El gesto coincide con la escalada militar israelí en Líbano y las tensiones entre Washington y Tel Aviv por el diálogo nuclear con Irán, y profundiza la brecha entre la Casa Blanca y el gobierno de Netanyahu, que niega las acusaciones.

La Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) ha clasificado como ‘crítica’ la amenaza que supone el espionaje de Israel sobre altos cargos de la administración estadounidense, una decisión sin precedentes que los medios estadounidenses filtraron el sábado y que Moncloa.com ha podido contrastar con fuentes de seguridad occidentales. El documento interno, de siete páginas e incluyendo una tabla de valoración, señala que las capacidades de inteligencia humana y técnica de Israel han alcanzado un nivel que exige la máxima alerta contrainteligente. Entre los objetivos figuran el principal negociador de la Casa Blanca para Irán, Steve Witkoff, y los dos más altos responsables de política del Pentágono, Elbridge Colby y Michael DiMino.

Un informe de siete páginas que expone la agresividad de la inteligencia israelí

Según la información revelada por NBC News, la evaluación circuló internamente en las últimas semanas y no se limita a una advertencia genérica: enumera varios incidentes concretos que las fuentes se negaron a detallar. La DIA habría calificado de ‘desquiciada’ la agresividad con la que los servicios israelíes han vigilado a funcionarios estadounidenses desde el inicio del segundo mandato de Trump, una expresión que un alto cargo consultado por The New York Times utilizó textualmente. Aunque el espionaje entre aliados no es inusual, el volumen y el foco de las operaciones israelíes recientes han superado lo que se considera aceptable, según el informe.

La nota de la DIA resalta que los blanqueos más preocupantes se han centrado en las deliberaciones internas sobre el programa nuclear iraní y la ofensiva militar en Líbano, dos asuntos en los que Washington y Tel Aviv mantienen posiciones cada vez más enfrentadas. El negociador Witkoff, que había logrado extender hasta el 8 de mayo el frágil alto el fuego con Irán pactado a principios de abril, es un objetivo prioritario para el Mossad, receloso de cualquier acuerdo que no contemple el desmantelamiento total del programa atómico iraní.

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Paralelamente, las operaciones israelíes en Líbano, lanzadas en marzo contra Hezbolá, han generado fricciones directas entre el presidente Trump y el primer ministro Netanyahu. Esta misma semana, Trump reconoció haber llamado ‘jodidamente loco’ a su homólogo durante una conversación telefónica, un episodio que él mismo confirmó en el podcast Pod Force One del New York Post.

La Casa Blanca desmiente, el Pentágono calla y la embajada israelí denuncia ‘motivaciones políticas’

Un portavoz de la Casa Blanca tachó de ‘completamente falsa’ la información, mientras que el Pentágono declinó hacer comentarios. Por su parte, la embajada israelí en Washington desestimó el informe como ‘políticamente motivado’ e insistió en que los esfuerzos de inteligencia de Israel ‘están dirigidos contra sus enemigos, no contra sus aliados’. Sin embargo, la negativa de la DIA a comentar la evaluación y la filtración a dos medios de referencia sugieren que la preocupación es real y profunda.

La contrainteligencia estadounidense lleva meses observando un aumento de la actividad de espionaje israelí sobre la administración Trump, que incluye intentos de penetrar las comunicaciones y los equipos de los asesores más cercanos al presidente. El documento de la DIA, al elevar la categoría al nivel más alto, envía una señal inequívoca a la comunidad de inteligencia y al propio gobierno israelí.

La agresividad israelí ha superado los códigos no escritos del espionaje entre aliados y coloca a Washington ante un dilema estratégico en pleno polvorín regional.

Mientras, la situación sobre el terreno complica cualquier salida negociada. A pesar del alto el fuego entre Irán y Estados Unidos, las conversaciones para un acuerdo permanente están estancadas, e Israel insiste en la opción militar. Netanyahu apuesta por reanudar las hostilidades y cuestiona públicamente el acercamiento diplomático de Trump, lo que ha tensado la relación bilateral hasta un punto que no se veía desde la crisis de los acuerdos de Oslo.

En Líbano, la violencia no remite. El miércoles, el Departamento de Estado anunció un nuevo compromiso de tregua condicionado a la retirada de Hezbolá al norte del río Litani y al cese completo de sus ataques. Pero 24 horas después, nuevos bombardeos israelíes en el sur y el este del país dejaron decenas de civiles muertos, según las autoridades sanitarias libanesas. Irán ya ha advertido de que no firmará ningún pacto permanente con Washington si no se aborda la situación libanesa y ha amenazado con abandonar las negociaciones si prosiguen los ataques israelíes.

Equilibrio de Poder

La escalada en el espionaje israelí contra Estados Unidos desnuda un cambio profundo en la arquitectura de seguridad transatlántica. Si en el pasado la inteligencia compartida entre Washington y Tel Aviv era uno de los pilares de su alianza especial, el nuevo nivel de alerta revela que ambas capitales se han convertido también en adversarios invisibles. Para la Casa Blanca, el informe de la DIA es un aviso de que Jerusalén no dudará en emplear sus capacidades más sofisticadas para influir o anticipar decisiones que afecten a sus intereses estratégicos, incluso en territorio estadounidense.

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El impacto para España es múltiple. Como miembro de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL), que cuenta con cerca de 600 militares españoles desplegados en el sur del país, cualquier recrudecimiento de las hostilidades pone en peligro a nuestras tropas. Además, una guerra abierta entre Hezbolá e Israel arrastraría a Irán y desestabilizaría todo el Mediterráneo oriental, afectando a las rutas energéticas que abastecen a Europa. España, altavoz habitual en la UE para los asuntos de Oriente Próximo, podría verse arrastrada a una crisis diplomática si la Casa Blanca decide endurecer su postura hacia el gobierno de Netanyahu y necesita aliados que refrenden ese giro.

A medio plazo, el deterioro de la confianza entre Estados Unidos e Israel complica la posición de la OTAN, que en su flanco sur depende de la estabilidad regional. Y para los socios europeos, la pelea interna entre los dos grandes aliados atlánticos abre la puerta a que Moscú, Pekín o Teherán exploten las grietas. La próxima cumbre de la alianza, prevista para julio, será una prueba de fuego sobre la unidad transatlántica en un momento en que el espionaje entre aliados ha dejado de ser una presunción para convertirse en una amenaza oficializada.

Lo que subyace es una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto el aliado más protegido por Estados Unidos está dispuesto a desafiar las reglas del juego para imponer su agenda en Oriente Próximo? La respuesta, por ahora, es que el Pentágono ha decidido clasificar ese desafío como ‘crítico’. Y esa palabra, en la jerga de la inteligencia militar, no admite matices.