El cortisol es mencionado muchas veces cuando se habla de salud, sobre todo en redes, donde basta con hacer una búsqueda rápida para salir convencido de que algo no anda bien en tu cuerpo. Que si lo tienes alto, que si lo tienes bajo, que si explica por qué estás cansado, estresado o sin energía; pero la realidad es bastante más compleja y, en muchos casos, menos alarmante de lo que parece.
Lo curioso es que el cortisol no es ningún villano, al contrario, es una hormona imprescindible para que todo funcione como debe. Está presente en casi todos los tejidos del cuerpo y participa en procesos clave como el metabolismo, el sueño o la respuesta al estrés, así que antes de demonizarlo conviene entender bien qué hace y cuándo realmente puede convertirse en un problema.
3El mito del “cortisol descontrolado” por estrés
Una de las ideas más repetidas es que el estrés constante “agota” el cortisol o quema las glándulas suprarrenales, algo que suena convincente pero que no tiene respaldo científico sólido. Los especialistas coinciden en que ese concepto, conocido como “fatiga suprarrenal”, no está reconocido como una condición médica real.
Eso no significa que el estrés no importe, porque sí lo hace y mucho. Vivir con estrés prolongado puede afectar al cuerpo de muchas maneras, desde el estado de ánimo hasta la salud física, pero no necesariamente porque el cortisol deje de funcionar, sino porque el organismo entero se resiente. Por eso, más que obsesionarse con “equilibrar” el cortisol por cuenta propia, lo que realmente marca la diferencia es cuidar hábitos básicos como dormir bien, moverse con regularidad y mantener una alimentación equilibrada.

