La higiene del sueño podría explicar por qué no descansas aunque duermas varias horas, y no es una exageración, porque cada vez más especialistas coinciden en que no basta con cerrar los ojos y sumar tiempo en la cama, lo que realmente marca la diferencia es cómo duermes y qué haces antes de hacerlo. Hay personas que cumplen con sus ocho horas y aun así se levantan cansadas, con esa sensación de no haber desconectado del todo, como si el descanso se hubiera quedado a medio camino.
La higiene del sueño, aunque suene técnica, en realidad habla de algo bastante cotidiano, de hábitos, de rutinas, de pequeños detalles que se repiten día a día y que terminan influyendo más de lo que parece. Desde la forma en la que terminas la jornada hasta el ambiente en el que duermes, todo suma o resta, y ahí es donde empieza a entenderse por qué dormir mucho no siempre significa dormir bien.
1La higiene del sueño más que dormir es aprender a descansar
La higiene del sueño no es una moda reciente, aunque ahora esté más presente en conversaciones sobre bienestar. Se trata de una serie de pautas que han ido evolucionando con el tiempo y que hoy se consideran una herramienta útil tanto para prevenir problemas como el insomnio como para acompañar su tratamiento, algo en lo que insisten expertos en neurociencia y medicina del sueño.
Lo interesante es que no se limita solo al momento de acostarse, sino que empieza mucho antes, durante el día, en decisiones que parecen pequeñas pero que van preparando al cuerpo para descansar mejor. Por eso se dice que la higiene del sueño influye de forma directa e indirecta, porque lo que haces despierto también define cómo duermes.
