Mallorca tiene esa fama de postal veraniega que parece imposible de discutir, playas de agua clara, calas escondidas y pinares que casi tocan el mar, pero también guarda otro tipo de paisaje, más silencioso, más verde, menos evidente, uno que aparece cuando uno se aleja de la costa y empieza a mirar hacia el interior con calma.
Mallorca, en su cara más desconocida, propone planes que no tienen nada que ver con la toalla y la arena, y ahí es donde entra en juego el Salt des Freu, un rincón que sorprende incluso a quienes creen conocer bien la isla. No es un lugar de paso rápido, es de esos sitios a los que se llega caminando, sin prisa, dejando que el entorno vaya cambiando poco a poco hasta que el sonido del agua marca el final del recorrido.
3Varias rutas para descubrirlo a tu ritmo
Mallorca ofrece distintas formas de llegar al Salt des Freu, lo que hace que la experiencia se adapte a cada visitante. La opción más popular parte de la carretera entre Bunyola y Orient, una ruta corta y directa que permite disfrutar del entorno sin demasiada exigencia y que es perfecta para una escapada tranquila.
Para quienes buscan algo más completo, el recorrido circular desde Orient amplía la experiencia con algo más de distancia y mejores vistas, mientras que la ruta desde Santa Maria del Camí, siguiendo el valle de Coanegra, propone una caminata más larga y envolvente. Incluso hay espacio para la aventura, ya que el entorno es ideal para iniciarse en el barranquismo, con pequeños descensos y tramos de agua que convierten el paseo en algo más dinámico e increíble.

