Mallorca tiene esa fama de postal veraniega que parece imposible de discutir, playas de agua clara, calas escondidas y pinares que casi tocan el mar, pero también guarda otro tipo de paisaje, más silencioso, más verde, menos evidente, uno que aparece cuando uno se aleja de la costa y empieza a mirar hacia el interior con calma.
Mallorca, en su cara más desconocida, propone planes que no tienen nada que ver con la toalla y la arena, y ahí es donde entra en juego el Salt des Freu, un rincón que sorprende incluso a quienes creen conocer bien la isla. No es un lugar de paso rápido, es de esos sitios a los que se llega caminando, sin prisa, dejando que el entorno vaya cambiando poco a poco hasta que el sonido del agua marca el final del recorrido.
2Historia escondida en cada paso de este lugar de Mallorca
Mallorca no solo ofrece naturaleza en este rincón, también deja ver su pasado en pequeños detalles que pasan desapercibidos si no se mira bien. Los caminos que llevan al Salt des Freu fueron utilizados durante siglos por carboneros, y todavía hoy se pueden ver restos de esa vida, muros de piedra seca, antiguas construcciones y ruinas que hablan de otra época.
El propio sistema de agua tiene una historia interesante. La acequia de Coanegra, de origen islámico, fue durante mucho tiempo clave para abastecer a zonas como Santa Maria del Camí y regar los cultivos del valle. Mallorca, en lugares como este, mezcla sin esfuerzo lo natural con lo humano, como si ambos siempre hubieran ido de la mano.

