Mallorca tiene esa fama de postal veraniega que parece imposible de discutir, playas de agua clara, calas escondidas y pinares que casi tocan el mar, pero también guarda otro tipo de paisaje, más silencioso, más verde, menos evidente, uno que aparece cuando uno se aleja de la costa y empieza a mirar hacia el interior con calma.
Mallorca, en su cara más desconocida, propone planes que no tienen nada que ver con la toalla y la arena, y ahí es donde entra en juego el Salt des Freu, un rincón que sorprende incluso a quienes creen conocer bien la isla. No es un lugar de paso rápido, es de esos sitios a los que se llega caminando, sin prisa, dejando que el entorno vaya cambiando poco a poco hasta que el sonido del agua marca el final del recorrido.
1Un sendero entre encinas que esconde agua y calma
Mallorca despliega en la Serra de Tramuntana uno de sus paisajes más especiales, y dentro de ese entorno aparece el camino que lleva al Salt des Freu, una ruta sencilla que atraviesa encinares densos, senderos de tierra y pequeños tramos de piedra que todavía conservan el aire de otros tiempos. El recorrido, muy frecuentado por locales, tiene ese equilibrio perfecto entre accesible y sorprendente.
Al final del camino, cuando el terreno se abre, aparecen las cascadas, una sucesión de saltos de agua que, cuando el torrente de Coanegra baja con fuerza, dibujan pozas de colores intensos rodeadas de vegetación. No siempre llevan agua, especialmente en verano, pero cuando lo hacen, el espectáculo es de esos que se quedan en la memoria.
