La Comisión Europea presenta el plan de competitividad bancaria: 500.000 millones para fusiones

Bruselas propone eliminar la fragmentación de capital para liberar medio billón de euros. La medida busca impulsar fusiones transfronterizas y se espera para 2027. Incluye el polémico fondo de garantía europeo.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Comisión Europea presentó ayer su esperado informe sobre competitividad bancaria. Propone liberar 500.000 millones de euros en capital y liquidez hoy inmovilizado por la regulación, con el objetivo de impulsar fusiones transfronterizas.
  • ¿Quién está detrás? El Ejecutivo comunitario, liderado por Ursula von der Leyen, quiere reducir la fragmentación del mercado bancario eliminando los colchones de capital por filial. La Autoridad Bancaria Europea (EBA) tendrá un mandato secundario de competitividad.
  • ¿Qué impacto tiene? Para la banca española, muy activa en fusiones europeas, el plan supone una oportunidad de crecimiento y menos trabas estatales. Bruselas condiciona la reforma a avanzar en el Fondo de Garantía de Depósitos Europeo (EDIS), bloqueado desde 2015.

El informe más esperado por el sector bancario en más de una década ya es público. La Comisión Europea presentó ayer su documento de trabajo sobre la competitividad del sector, una hoja de ruta que promete ser la mayor sacudida regulatoria desde la crisis financiera. El foco: desmontar la fragmentación que obliga a los bancos a acumular capital y liquidez en cada país donde operan, un lastre que, según Bruselas, les roba músculo para financiar la transición ecológica, la digitalización y el rearme europeo.

500.000 millones para romper la fragmentación bancaria

La cifra es mayúscula. La Comisión calcula que liberar los colchones de liquidez paralelos podría inyectar hasta 230.000 millones, mientras que eliminar los requisitos de capital duplicados sumaría otros 250.000 millones. El total, medio billón de euros, casi el tamaño de todo el PIB de un Estado miembro mediano. La idea es sencilla: permitir que las matrices bancarias gestionen los recursos de forma centralizada y los transfieran dinámicamente a las filiales según sus necesidades, en lugar de mantener reservas estancas.

Esta era una de las grandes reclamaciones de las entidades, ahogadas por un marco que, a diferencia de otras jurisdicciones, penaliza la banca transfronteriza. ‘El sistema actual impide a los grupos aprovechar las economías de escala y resta eficiencia a la unión bancaria’, resume el documento. La propuesta legislativa definitiva llegará en el primer trimestre de 2027, tras un periodo de consultas que ahora se abre.

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No obstante, suprimir los colchones nacionales exige contrapartidas. Para convencer a las autoridades nacionales que hoy se resisten a que los bancos de otros países operen en su territorio sin garantías locales, la Comisión plantea salvaguardas. La gran novedad es que el Ejecutivo comunitario ha decidido incluir en el paquete legislativo la revisión del Fondo de Garantía de Depósitos Europeo (EDIS), un instrumento que lleva más de una década estancado y que, en su versión original de 2015, encontró la férrea oposición de Alemania y otros países del norte.

El regreso del EDIS y el nuevo mandato de la EBA

De hecho, la decisión de vincular la desregulación al EDIS es un movimiento arriesgado. Bruselas sabe que sin una red de seguridad común, los Estados díscolos no cederán soberanía sobre la supervisión de las filiales. Pero, al mismo tiempo, recuperar el debate sobre el fondo de garantía —que podría mutualizar pérdidas— amenaza con eternizar la negociación. La propia Comisión, en un borrador anterior al que tuvo acceso este diario, lo había dejado fuera; la inclusión de última hora ha caído como un jarro de agua fria entre los bancos, que temen que el pulso político retrase medidas que consideran urgentes.

‘El objetivo es garantizar que la quiebra de un grupo transfronterizo no cree distorsiones en los Estados miembros ni responsabilidades para los presupuestos nacionales’, reza el informe. Para endulzar el trago, Bruselas se abre esta vez a un EDIS más suave, quizá como un simple mecanismo de liquidez, para evitar el veto de los frugales del norte.

El EDIS es la llave política que Bruselas pone sobre la mesa: sin él, Francia y Alemania no aceptarán fusiones sin colchones nacionales.

Junto a la fragmentación, el informe atiende otra petición histórica de la banca española: incorporar un segundo mandato de competitividad en la Autoridad Bancaria Europea (EBA). A partir de ahora, el regulador tendrá que evaluar el impacto de sus normas en el negocio bancario y buscar mayor proporcionalidad, simplificación y automatización de los reportes. La banca quiere que ese mismo mandato se aplique al Banco Central Europeo como supervisor único, pero esta reforma exige modificar los Tratados, algo que requiere unanimidad y parece hoy inviable.

El Eje del Poder Europeo

El plan de competitividad bancaria se lee en clave de geometría variable. El sur —con España, Italia y Francia a la cabeza— es el más interesado en liberar capital para alimentar a sus sectores productivos. La banca española, con una fuerte presencia en América Latina y ganas de crecer en Europa, aplaude la eliminación de barreras. Sin embargo, los países frugales, liderados por Países Bajos y Alemania, ven con escepticismo cualquier mutualización de riesgos sin contrapartidas estrictas.

Para España, el impacto es directo. Nuestros grandes bancos podrán aprovechar un mercado único real —hoy muy fragmentado— para ganar escala sin tener que duplicar capital en cada nuevo destino. Moncloa y el Ministerio de Asuntos Económicos llevan meses defendiendo la reforma en los pasillos del Berlaymont, aunque con un ojo puesto en la letra pequeña del EDIS, pues el PP ya ha advertido de que cualquier mutualización de pérdidas sin control previo de la disciplina fiscal puede ser un ‘nuevo rescate encubierto’.

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La lectura a 5-10 años apunta a una reconfiguración del mapa bancario europeo. Si la reforma sale, veremos fusiones que hoy son impensables: uniones entre gigantes españoles y entidades de Centroeuropa o entre bancos franceses y nórdicos. Pero el camino está sembrado de vetos. La decisión de colocar el EDIS sobre la mesa, aunque sea en versión descafeinada, pone a prueba la cohesión de la zona euro en vísperas de la ampliación al Este. Lo que observamos es una Comisión que ha decidido jugar fuerte: usa el atractivo de la desregulación como anzuelo para desatascar la unión bancaria. Si los Estados muerden, el tablero cambiará; si no, la reforma puede quedar en papel mojado hasta la próxima legislatura.

capital bancario congelado