Una expedición europea investiga los residuos radiactivos de 200.000 barriles hundidos frente a la costa de Galicia

El buque Pourquoi Pas? y el submarino Nautile han tomado muestras a más de 4.700 metros en una zona que recibió vertidos nucleares entre 1940 y 1980. Los análisis en Sevilla determinarán si hubo dispersión de uranio y plutonio.

Una expedición europea analiza los residuos radiactivos de 200.000 barriles hundidos a 650 kilómetros de Galicia. La campaña, liderada por el CNRS —el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia—, devuelve al presente una de las herencias más silenciosas del siglo XX: el uso del Atlántico profundo como vertedero nuclear.

Un vertedero nuclear bajo 4.700 metros de agua

Entre las décadas de 1940 y 1980, según la información difundida por EFE, se arrojaron al océano más de 200.000 barriles con residuos procedentes de actividades nucleares civiles y de investigación. El punto elegido se encuentra en una zona abisal del Atlántico, a unos 650 kilómetros de la costa gallega y a una profundidad que ronda los 4.700 metros.

La misión forma parte del proyecto NODSSUM26, siglas en inglés de Nuclear Ocean Dump Site Survey and Monitoring. En ella participan instituciones científicas de Francia, España, Alemania, y Noruega. El objetivo no es solo localizar los barriles: es medir si los radionúclidos han permanecido junto a los puntos de vertido o si se han dispersado por el agua, los sedimentos o los organismos de las profundidades.

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El buque oceanográfico Pourquoi Pas? ha sido la plataforma de la campaña. A bordo viaja el submarino tripulado Nautile, preparado para descender hasta 6.000 metros. En esta expedición ha realizado inmersiones por debajo de los 4.700 metros para acercarse a los barriles y recoger muestras directamente de su entorno.

Del lecho marino a los laboratorios de Sevilla

Parte de esas muestras viajará a Sevilla. Allí, el Centro Nacional de Aceleradores —institución mixta de la Universidad de Sevilla, la Junta de Andalucía y el CSIC— analizará restos de uranio y plutonio en concentraciones extremadamente pequeñas. Se trata de la única instalación de espectrometría de masas con aceleradores actualmente operativa en España.

A 4.700 metros bajo el Atlántico, el legado de una era nuclear olvidada empieza a medirse con tecnología capaz de detectar plutonio en concentraciones casi invisibles.

La precisión de esta técnica permite algo más que confirmar la presencia de radionúclidos: ofrece pistas sobre el origen de los materiales y sobre los procesos de dispersión que han podido producirse durante décadas. El fondo marino no es un contenedor hermético, y los investigadores buscan pruebas de que las condiciones extremas del océano profundo no han sido suficientes para aislar los residuos.

La campaña analiza también organismos abisales para saber si han incorporado estas sustancias al entorno natural. Los resultados servirán para mejorar la detección de radionúclidos de interés ambiental y para diseñar nuevas líneas de investigación sobre contaminación marina y gestión de residuos radiactivos.

La investigación no solo mira al pasado. En plena transición energética y con el debate nuclear reabierto en varios países europeos, conocer cómo se comportan los residuos en el mar profundo tiene implicaciones para las políticas actuales de almacenamiento y para la vigilancia ambiental del Atlántico.

El Laboratorio Gallego

La costa gallega ya sabe lo que significa convivir con una amenaza ambiental de origen marino. El hundimiento del Prestige en 2002 convirtió el litoral en un escenario de emergencia durante meses y dejó una cicatriz política que todavía condiciona la relación entre Galicia y el Estado. Aquel precedente explica por qué una expedición científica que se desarrolla a 650 kilómetros de la comunidad se sigue con especial sensibilidad, aunque la misión no esté impulsada por la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego).

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En la política autonómica, el medio ambiente no es el eje que separa con más claridad al PPdeG (Partido Popular de Galicia), al BNG (Bloque Nacionalista Galego) y al PSdeG (Partido Socialista de Galicia), pero cada episodio de contaminación reabre el debate sobre la capacidad de las instituciones para vigilar los riesgos que llegan desde el mar. En este caso, la dimensión nacional es evidente: España participa en la campaña a través de un centro científico andaluz y se beneficia de la capacidad tecnológica de su red pública de investigación. El hallazgo o la ausencia de dispersión tendrá consecuencias para la forma en que se monitorean los vertederos submarinos históricos.

La incógnita principal es si los resultados se mantendrán en el ámbito científico o llegarán a condicionar el debate sobre la gestión de residuos radiactivos en el conjunto de Europa. Galicia, una vez más, mira al Atlántico como un territorio de riesgo y de memoria.

Ficha del Caso

  • El caso: Una expedición científica europea estudia 200.000 barriles radiactivos vertidos entre 1940 y 1980 en una zona abisal del Atlántico, a 650 kilómetros de Galicia.
  • Datos importantes: Profundidad de hasta 4.700 metros; proyecto NODSSUM26 con participación de Francia, España, Alemania y Noruega; análisis en el Centro Nacional de Aceleradores de Sevilla.
  • Resumen: La misión medirá si los radionúclidos se dispersaron por el agua, los sedimentos o los organismos y aportará criterios para la vigilancia ambiental del Atlántico.