La dimisión de Vucic en Serbia no es una salida del poder: es una mudanza de despacho. El presidente serbio anunció este domingo desde el Palacio de la Presidencia de Belgrado que firmaba su renuncia ante las cÔmaras y que concurrirÔ a las elecciones anticipadas como cabeza de lista del Partido Progresista Serbio (SNS).
Su objetivo es explĆcito: dirigir el Gobierno como primer ministro. La trayectoria polĆtica de Aleksandar Vucic entra en un capĆtulo inĆ©dito, el de un dirigente que cambia de institución para conservar el mando en lugar de agotarlo hasta mayo de 2027, cuando expiraba su segundo mandato.
Qué esconde una dimisión que no supone salir del poder
El marco constitucional serbio explica la maniobra mejor que cualquier discurso. La Carta Magna impide un tercer mandato presidencial, de modo que Vucic tenĆa dos opciones: esperar dos aƱos y salir por agotamiento, o anticiparse y elegir el puesto desde el que seguir gobernando. Eligió lo segundo.
Los números sostienen esa lectura. La renuncia obliga a convocar elecciones presidenciales en un plazo mÔximo de tres meses, y la Asamblea Nacional se renueva antes: los comicios parlamentarios anticipados estÔn fijados para el 25 de octubre. Serbia votarÔ dos veces en pocos meses, con el SNS movilizado en ambos frentes.
El detonante de fondo es incómodo. Serbia arrastra dos aƱos de protestas intermitentes y choques con la policĆa desde que el derrumbe de la marquesina de la estación de tren de Novi Sad, en 2024, causara 16 muertos. El movimiento que siguió acusa al Gobierno de negligencia y de malversar el mantenimiento de infraestructuras heredadas de la era yugoslava.
Vucic lo niega y sostiene otra tesis: que la contestación fue azuzada desde Bruselas para forzar a Belgrado a alinear su polĆtica exterior con la europea. La atribución traslada el conflicto interno a un tablero geopolĆtico y presenta al presidente saliente como el Ćŗnico dique frente a una injerencia exterior.
La incógnita serbia no es quién gana en octubre, sino cuÔnto poder institucional sobrevive cuando el hombre fuerte cambia de sillón.
Tras la firma, el ya expresidente salió al exterior del edificio para saludar a los concentrados. Hubo aplausos, pancartas con la palabra ‘gracias’ y algĆŗn cartel que lo llamó ‘genio polĆtico’. La calle, en Serbia, pesa.
Por qué Bruselas y Moscú miran Belgrado con la misma atención
Serbia es candidata a la adhesión a la Unión Europea desde 2012 y negocia capĆtulos desde 2014, pero el proceso lleva aƱos atascado. Los dos obstĆ”culos recurrentes son la normalización con Kosovo y la polĆtica exterior: es el Ćŗnico paĆs candidato que no ha alineado sus sanciones con las de la UE contra Rusia.
El vĆnculo con MoscĆŗ no es retórico. Se sostiene en el gas que llega por el corredor del TurkStream y en la propiedad de activos estratĆ©gicos del sector energĆ©tico. Ese anclaje explica por quĆ© el Kremlin no ha necesitado grandes gestos para conservar influencia en un paĆs que aspira formalmente a entrar en el club europeo.
Para Bruselas, el cÔlculo es mÔs incómodo de lo que parece. Una Serbia que vota dos veces en pocos meses con el SNS reforzado no ofrece la ventana de cambio que algunos esperaban tras dos años de protestas. Y una Serbia que se descuelga del proceso abre espacio a Moscú en el corazón de los Balcanes Occidentales. Bruselas lo sabe.
España tiene una posición singular. Es uno de los cinco socios comunitarios que no reconoce la independencia de Kosovo, una doctrina mantenida por todos los gobiernos desde 2008. Eso le da a Madrid una interlocución con Belgrado poco común en el club europeo y también la convierte en actor relevante en cualquier arquitectura de normalización.
Equilibrio de Poder
El eje Washington-MoscĆŗ-Bruselas reacciona con intereses cruzados. Estados Unidos sostiene el marco del diĆ”logo con Pristina y presiona para romper la dependencia energĆ©tica serbia de Rusia; la administración Trump lee los Balcanes en clave transaccional, como tablero secundario frente al Indo-PacĆfico. El Kremlin conserva, sin moverse, una palanca de gas que ninguna declaración diplomĆ”tica iguala. Y Bruselas mantiene un proceso de ampliación al que se le estĆ” acabando el relato.
Para EspaƱa, la lectura tiene tres patas. La primera es de polĆtica exterior: la dimisión refuerza a un interlocutor con el que Madrid comparte posición sobre Kosovo, pero debilita la promesa de reforma que Bruselas vendĆa como condición de entrada. La segunda es energĆ©tica: los precios del gas en el sureste europeo son referencia indirecta para el mercado comunitario. La tercera es de seguridad, porque los Balcanes Occidentales siguen siendo una frontera blanda para el crimen organizado, el contrabando de armas, y las redes de trĆ”fico.
A cinco o diez aƱos, lo que se decide hoy en Belgrado es si Serbia se convierte en un caso de ampliación congelada āgobierno estable, deriva autoritaria tolerada y negociación parada durante aƱosā o si la UE acepta pagar el precio de integrarla sin resolver Kosovo. El precedente Ćŗtil es la Croacia de 2013: su entrada se desbloqueó cuando Zagreb zanjó sus litigios. Serbia no tiene ese arreglo a mano.
Queda un punto débil en cualquier pronóstico. La renuncia puede abrir una competición interna en el SNS que hoy nadie controla, y ninguna encuesta publicada permite medir cuÔnto del capital electoral de Vucic es personal y cuÔnto de aparato. La próxima cita con datos es el 25 de octubre; después llegarÔ la presidencial, que debe convocarse antes de que acabe 2026. Ahà se verÔ si la mudanza de despacho era una salida ordenada o el primer acto de una sucesión sin guion. Puedes seguir el calendario institucional en el portal oficial del Gobierno de Serbia.

