Felipe VI ha inaugurado este jueves el Foro La Toja con un discurso sobre el orden mundial y la inteligencia artificial. La cita, que se celebra en el Centro de Convenciones del Gran Hotel La Toja, ha reunido en su sesión inaugural al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, junto a representantes del ámbito diplomático, empresarial y académico.
Felipe VI preside la sesión inaugural del Foro La Toja junto a Sánchez y Rueda
A su llegada al Centro de Convenciones, el Rey recibió el saludo del presidente del Gobierno y del presidente de la Xunta. Después participó en la fotografía de grupo y saludó a los representantes diplomáticos e institucionales antes de acceder al auditorio, donde ocupó un asiento en la primera fila para presidir la sesión inaugural. En ella intervinieron el presidente de Hotusa y de la Fundación La Toja-Vínculo Atlántico, Amancio López; el propio Rueda; y Sánchez, en ese orden. Todo estaba medido.
El momento central llegó con la presentación del Premio Foro La Toja-Josep Piqué. El Rey subió al escenario acompañado por Sánchez, Rueda y Amancio López para entregar el galardón a Marcelo Rebelo de Sousa, expresidente de Portugal y una de las voces más reconocibles del debate europeo sobre gobernanza global. La escena tiene lectura. La Toja es un foro privado con padrinos institucionales, y ese equilibrio se sostiene sobre gestos calculados.
Tras la intervención de Rebelo de Sousa, Felipe VI pronunció unas palabras en las que situó la cooperación internacional en clave de proceso, no de resultado inmediato. ‘Busquemos los necesarios espacios de confluencia’, dijo, para añadir que la perfección del orden mundial y de la construcción europea es ‘el ideal que ambicionamos, pero quizá nunca veamos del todo cumplido porque en su carácter dinámico, de aspiración constante, reside su auténtica fuerza’.
Al término de la sesión inaugural, el Rey firmó en el libro de honor del Foro y posó con los representantes de las empresas patrocinadoras. Más tarde regresó al auditorio para seguir el ‘Diálogo Atlántico’, moderado por el editor para Europa de POLÍTICO Jamil Anderlini, con la participación del analista Roberto D. Kaplan, y de la decana Arancha González.
El mensaje del Rey no fue una receta, sino un método: entender el orden internacional como un proceso que se corrige, no como un edificio que se termina.
Por qué La Toja se ha convertido en plataforma de diplomacia pública
El Foro La Toja-Vínculo Atlántico reúne cada año a representantes políticos, económicos, empresariales, académicos e institucionales con un objetivo declarado: analizar los principales retos internacionales y defender los valores democráticos. Para la Corona, es una plataforma cómoda por tres razones. Primera, el formato atlántico encaja con la prioridad iberoamericana y europea de la agenda exterior española. Segunda, permite compartir escenario con el Gobierno sin solaparse con él. Y tercera, el perfil empresarial del foro acerca al jefe del Estado a un auditorio que no suele frecuentar los actos de palacio.
Según la información difundida por la Casa de S.M. el Rey, la intervención vinculó esa renovación del orden internacional con la necesidad de regular la inteligencia artificial ante las amenazas híbridas, ese cruce de desinformación, ciberataques y presión económica que ya no se dirime solo en los cuarteles. Es un terreno en el que la Corona habla con prudencia y sin competencias ejecutivas, pero con una ventaja evidente: puede fijar el marco del debate sin tener que aprobar una sola norma. Eso sí, un foro de este tipo exige una precisión quirúrgica para no confundir el diagnóstico compartido con una posición de Gobierno.
La Corona como actor exterior en un orden en recomposición
La presencia del Rey en La Toja responde a una lógica que Zarzuela aplica desde hace años: convertir la jefatura del Estado en un actor de diplomacia pública, complementario pero distinto del Gobierno. Mientras el Ejecutivo negocia, el Rey legitima el espacio donde se negocia.
No es un papel exento de riesgos. Un foro con patrocinadores privados y ponentes de sensibilidades distintas expone a la institución a lecturas partidistas de cada intervención, y basta un titular mal recortado para convertir una reflexión sobre el multilateralismo en una supuesta discrepancia con el Ejecutivo. La ventaja de La Toja es que el formato es de análisis, no de decisión: ahí el Rey puede permitirse hablar de procesos y de ideales sin comprometer posiciones de Estado.
El calendario institucional que viene ayuda a medir esa estrategia. Tras la cita gallega, la agenda de la Corona mira al 12 de octubre, con el desfile de la Fiesta Nacional como principal escaparate ante los ciudadanos. Entre medias queda la pregunta de fondo que deja abierta este foro: si el orden mundial se entiende como proceso, quién asume el coste de las correcciones mientras el proceso avanza. La Corona no va a responderla. Su papel es que la pregunta se formule en voz alta.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: el Foro La Toja-Vínculo Atlántico se consolida como plataforma de diplomacia pública de la Corona en el eje atlántico, con la presencia del presidente del Gobierno y del presidente de la Xunta.
- El detalle de protocolo: el Rey presidió desde la primera fila y no intervino con un discurso formal al uso, sino con unas palabras tras la entrega del premio Josep Piqué a Marcelo Rebelo de Sousa, compartiendo escenario con Sánchez y Rueda.
- Próximos pasos: la agenda oficial sitúa el desfile del 12 de octubre como siguiente gran cita institucional; la Casa del Rey no ha detallado por ahora nuevas intervenciones del Rey en foros económicos este otoño.

