Rusia ataca con drones el Puente Sur de Kiev, que soporta el 90% del tráfico del Dniéper

Los tres impactos se produjeron el jueves y obligaron a interrumpir la circulación, restablecida de forma parcial entre la primera y la segunda tanda. Medios ucranianos alertan además de que los nuevos drones de propulsión a reacción, más veloces, complican la intercepción antiaé

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Al menos tres oleadas de drones rusos han impactado en el Puente Sur (Pivdennyi) de Kiev. El último ataque dañó un apoyo, la barandilla, la calzada y la estructura de hormigón que protege la línea de metro.
  • ¿Quién está detrás? Las fuerzas rusas, según medios ucranianos. El Ministerio de Defensa ruso no ha confirmado la acción, aunque sostiene que sus blancos son la infraestructura crítica y la logística militar de Ucrania.
  • ¿Qué impacto tiene? El puente absorbe hasta el 90% del tráfico rodado entre las dos orillas del Dniéper y opera como corredor de equipo hacia el frente. La circulación sigue suspendida.

El ataque al Puente Sur de Kiev, la vía que canaliza hasta el 90% del tránsito rodado entre las dos orillas del Dniéper, se ha consumado con drones rusos en al menos tres tandas consecutivas durante la jornada del jueves. Los primeros balances no detectaron daños estructurales críticos y el tráfico llegó a restablecerse. Una tanda posterior cambió el resultado.

Vitali Klitschko, alcalde de Kiev, confirmó que ese último impacto afectó a un apoyo del puente, a la barandilla, al firme de la calzada y a la estructura de hormigón que protege la línea de metro que discurre soterrada en paralelo. La circulación volvió a cortarse y, a esta hora, sigue cerrada. Los vídeos difundidos en redes muestran explosiones de gran magnitud y columnas de humo negro elevándose sobre la zona.

La información procede de medios ucranianos, que citan a un cargo local, y no ha sido confirmada por una verificación independiente. El Ministerio de Defensa ruso guarda silencio sobre este ataque concreto, aunque mantiene el marco general: asegura que sus fuerzas golpean infraestructura crítica y corredores logísticos empleados por el Ejército ucraniano. Es la misma línea que ha acompañado los golpes contra puertos, buques con material militar y fábricas de armamento en los últimos meses.

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Tres impactos, un apoyo dañado y el paso cortado

El Puente Sur no es una infraestructura cualquiera. Enlaza la orilla izquierda y la derecha de la capital y, según Strana.ua, citando a un responsable local, soporta hasta el 90% del tráfico rodado de tránsito entre ambas márgenes. A eso se suma su condición de corredor para el traslado de equipo militar y suministros hacia el frente, un papel que lo convierte en objetivo de alto valor en la lógica de interdicción rusa.

La secuencia de los golpes revela una pauta que ya se ha visto en este ciclo. Los dos primeros impactos no comprometieron la estructura. El tercero sí: tocó un apoyo y la protección de la línea de metro. Eso obliga a evaluar la reparación con más cautela y alarga la suspensión del tráfico. Hablamos de un punto que, si queda inutilizado mucho tiempo, redirige presión hacia los puentes restantes de la capital.

Un puente no se ataca solo para romperlo, sino para obligar al adversario a gastar en rutas, tiempo y escolta lo que antes le costaba poco.

Los Geran de propulsión a reacción cambian la ecuación

La alarma que los medios ucranianos llevan semanas trasladando tiene nombre: los nuevos drones rusos de propulsión a reacción, dentro de la familia que arrancó con el Shahed-136 iraní. Frente a los modelos anteriores, de hélice, estos vuelan a mayor velocidad y resultan más difíciles de interceptar. Es una evolución técnica que reduce el margen de reacción y obliga a las baterías antiaéreas a afinar la detección temprana.

drones Rusia Ucrania

Equilibrio de Poder

El eje Washington-Moscú-Bruselas mira con la misma incomodidad un patrón que ya es estructural. Rusia sostiene su campaña de interdicción sobre la logística ucraniana, mientras Kiev replica con sus propios golpes de largo alcance contra refinerías, depósitos y nodos ferroviarios rusos. En Washington, la administración Trump mantiene la retórica de empujar a Kiev hacia una negociación, pero no ha cortado el flujo de inteligencia ni de munición. Bruselas, por su parte, sigue aprobando tramos de ayuda que llegan con cuentagotas y con la vista puesta en la próxima reunión de ministros de Defensa de la OTAN.

Para España el asunto importa más de lo que parece. La posición de Kiev condiciona el calendario europeo de apoyo militar, y de él depende parte de la carga que asumirán los presupuestos de Defensa españoles de 2027. Además, el sistema de drones de largo alcance y bajo coste que ambos bandos están perfeccionando redefine amenazas que también afectan a el flanco sur de la OTAN, desde el Sahel hasta el Mediterráneo. Lo que se está probando sobre el Dniéper son lecciones de defensa antiaérea, coste por intercepción, saturación de blancos, y de mando y control que llegan enteras a los estados mayores europeos.

El precedente más útil está en las campañas de interdicción de infraestructura de la Segunda Guerra Mundial: no se trataba tanto de destruir un puente como de forzar al adversario a redistribuir recursos, tiempo y rutas. Un puente cortado obliga a desviar tonelaje, alargar los trayectos y exponer convoyes. El riesgo inmediato es que el Puente Sur permanezca inutilizado semanas y que otros cruces de la capital pasen a primera línea de la diana rusa. Lo que observamos es una campaña que no busca un golpe decisivo, sino desgastar de forma sostenida. La próxima ventana será la reunión de ministros de Defensa de la OTAN prevista para las próximas semanas, donde volverá a medirse la munición antiaérea que Europa está dispuesta a entregar a Kiev.

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