EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Christine Lagarde ha pedido por carta al Consejo Europeo que arranque el proceso para sustituir a Isabel Schnabel en el Comité Ejecutivo del BCE. La alemana deja Fráncfort en enero, un año antes de lo previsto, para fichar por el FMI.
- ¿Quién está detrás? El Eurogrupo toma el mando y abrirá el debate en su reunión del 8 de octubre en Luxemburgo. Alemania, Francia, España y Países Bajos se juegan las sillas del Comité Ejecutivo.
- ¿Qué impacto tiene? España aspira por primera vez a la presidencia del BCE con Pablo Hernández de Cos. El reparto decidirá el tono de la política monetaria de la Eurozona hasta finales de 2027.
El Eurogrupo abre este jueves en Luxemburgo la carrera por la cúpula del BCE, el banco que fija los tipos de interés de la zona euro. Los ministros de Economía y Finanzas se sientan a la mesa con una carta encima: la que Christine Lagarde envió a António Costa para exigir que los países muevan ficha y busquen sustituto a Isabel Schnabel.
El movimiento no es menor. Detrás del sillón de Schnabel, responsable de Operaciones de Mercado, asoman tres vacantes más en el Comité Ejecutivo: la presidencia que ocupa la propia Lagarde, la vicepresidencia y el puesto de economista jefe del irlandés Philip Lane. Conviene recordar que el Comité Ejecutivo es el núcleo duro del Banco Central Europeo: seis personas que dirigen el banco, ejecutan la política monetaria y firman las decisiones que después ratifica el Consejo de Gobierno.
Qué ha pedido exactamente Lagarde y por qué corre prisa
La petición de la francesa es quirúrgica: reclama agilizar el reemplazo de Schnabel y solo de Schnabel. El resto de plazas, entiende, tiene margen. La alemana anunció la semana pasada que pone fin a su mandato en enero, un año antes de lo previsto, para incorporarse al Fondo Monetario Internacional. Su salida deja huérfana la dirección de Operaciones de Mercado, la mano que ejecuta las compras y ventas de deuda del banco central.
El calendario tampoco ayuda. Lagarde confirmó el miércoles que se quedará, como mínimo, hasta pocos meses antes de que expire su mandato, el 31 de octubre de 2027. Hasta hace poco se daba por hecho que saldría en el primer trimestre del próximo año, casi en paralelo a Lane, con salida fijada para el 31 de mayo. Esa brecha complica negociar todos los puestos en un solo paquete, aunque fuentes comunitarias admiten que será imposible separar el reemplazo de Schnabel del resto de la partida.
El Eurogrupo, que preside el griego Kyriakos Pierrakakis, tiene previsto abrir las conversaciones de cara a la cita del próximo 8 de octubre en Luxemburgo. ‘La petición de Lagarde ha sido lanzar el procedimiento de inmediato’, trasladan fuentes comunitarias. Sobre la mesa, un reglamento no escrito que mezcla geografía, ideología y peso técnico.
En Fráncfort no se elige un nombre suelto, se reparte un mapa: cada sillón del Comité Ejecutivo reordena el equilibrio de poder entre París, Berlín, Roma y Madrid.
De Cos, la apuesta española en un reparto que se negocia en los márgenes
Cuatro países se juegan su representación en el directorio del BCE: España, Francia, Alemania y Países Bajos. Sobre el papel, solo París y Berlín podrían querer el puesto que Schnabel deja libre ahora. Francia está descartada para la presidencia tras haberla ocupado en dos ocasiones, con la propia Lagarde y con Jean-Claude Trichet, así que sus aspiraciones apuntan al puesto de economista jefe. Ahí suenan la subgobernadora del Banco de Francia, Agnès Bénassy-Quéré, y Laurence Boone, ex economista jefe de la OCDE.

Alemania estuvo vinculada al principio a la carrera por la presidencia con el gobernador del Bundesbank, Joachim Nagel, pero ha perdido fuelle ante la falta de respaldo claro de su Gobierno. Ahora se especula con que intente revalidar el rol de Schnabel con el ex FMI Tobias Adrian. En esa quiniela, España apuntará por primera vez a lo más alto con un candidato de prestigio internacional: Pablo Hernández de Cos, hoy director gerente del Banco Internacional de Pagos y exgobernador del Banco de España.
La mayor competencia llega de Países Bajos, que ha colocado al ex gobernador de su banco central, el veterano Klaas Knot, en la batalla por liderar el BCE. Como De Cos, el neerlandés arrastra un gran reconocimiento internacional. Sin embargo, La Haya ya tuvo la presidencia con Wim Duisenberg, el primer presidente del banco central.
La verdadera negociación se cuece en los márgenes. Los países dan por sentado que el reparto de sillas debe pactarse como un paquete, por la influencia que tiene cada plaza sobre las aspiraciones al resto. Por eso, aunque de forma oficial el Eurogrupo del 8 de octubre solo abordará el reemplazo de Schnabel, los ministros con aspiraciones buscarán la fórmula para discutir los demás sillones. Reuniones bilaterales, cafés de pasillo, y conversaciones fuera de agenda. Cosas que pasan en Bruselas.
El Eje del Poder Europeo
El pulso enfrenta a cuatro capitales y a tres bloques de poder. París llega con la carta marcada: quiere la presidencia para su órbita, pero ya la ha tenido dos veces y Fráncfort rara vez repite. Berlín, que durante años dio por hecho que el Bundesbank mandaba por derecho propio, ha bajado el ritmo tras la falta de apoyo explícito a Nagel. Madrid juega por primera vez la carta de la presidencia con un candidato técnico y un Gobierno, el de Pedro Sánchez, que ha confirmado el nombre sin ambigüedades. Y La Haya, con Knot, planta cara con el argumento de la veteranía, aunque arrastre el lastre de haber presidido ya el banco.
Para España, el movimiento tiene una lectura doméstica evidente. Un sillón en el Comité Ejecutivo del BCE no cambia los tipos de un día para otro, pero pesa en la sala donde se decide el tono monetario que afecta a las hipotecas, al coste de la deuda pública y al crédito de familias y pymes. Con el debate sobre la regla fiscal europea todavía abierto, contar con voz propia en Fráncfort deja de ser un lujo diplomático.
El precedente sirve de aviso. La crisis del euro de 2010-2012 demostró que quien controla el banco central manda más que quien firma comunicados. España pagó entonces su falta de peso en las instituciones comunitarias con recetas de austeridad que no discutió, porque no tenía asiento donde discutirlas. Aquella lección es la que ahora empuja a Moncloa a pelear por una plaza histórica. La ventana se abre y se cierra rápido: el próximo 8 de octubre, en Luxemburgo, arranca la cuenta atrás.
Observamos un patrón reconocible: cada vez que Francia y Alemania cierran un acuerdo bilateral sobre un nombramiento, el resto de capitales se entera por los periódicos. Esta vez, sin embargo, el tablero está más abierto que nunca. Con tres sillas en juego y ninguna candidatura blindada, el reparto podría alargarse hasta bien entrado 2027, cuando Lagarde y Lane apuren sus últimos meses. Hasta entonces, todo son quinielas.

