El pleno de Ourense se suspendió sin cuórum después de que Jácome llamara «etarras y violentos» a los ediles del BNG.
La sesión era un pleno ordinario del Concello de Ourense —el ayuntamiento de la capital ourensana— cargado de asuntos económicos y cinco mociones en el orden del día. No se debatió casi nada. El salón quedó vacío y la sesión, oficialmente, sin cuórum para continuar.
El detonante fue una frase del alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, al frente de la formación local Democracia Ourensana. El regidor aseguró que el PP y el BNG —el Bloque Nacionalista Galego, el partido nacionalista gallego— hacen «piña» y suman mayoría en el consistorio. Y lo remató con una acusación directa: «El PP con los etarras, manda carallo».
La reacción del portavoz nacionalista, Luis Seara, fue inmediata. Exigió al alcalde que retirase esas palabras en el acto. «Nosotros no somos etarras ni violentos, somos enormemente demócratas», replicó, según el relato de la sesión.
Lejos de rectificar, Jácome se ratificó y subió el tono. Sostuvo que los miembros del BNG son «tremendamente violentos» y les atribuyó haber tomado «por la fuerza» la alcaldía de Allariz. «Sois violentos y estáis con Bildu», apostilló.
Con ese clima, Seara y los otros tres ediles del BNG abandonaron el salón. Acto seguido se levantaron los concejales del PSdeG —la federación gallega del PSOE— y del PP. La oposición entera dejó el pleno en bloque y el órgano quedó sin quórum para seguir deliberando.
Un pleno municipal no se rompe por una frase afortunada o desafortunada: se rompe cuando la descalificación sustituye al debate y ningún grupo acepta seguir sentado.
No todo se perdió para Jácome. Antes del plantón, el alcalde había logrado sacar adelante la convalidación de un suplemento de crédito para saldar deudas del autobús urbano. Ese punto quedó aprobado. Lo que no llegó a discutirse fueron las cinco mociones previstas, que quedaron en el aire.
Un pleno vacío y cinco mociones bloqueadas
El episodio no es un simple rifirrafe de salón. La suspensión paraliza durante semanas la actividad ordinaria del Concello de Ourense, la tercera ciudad de Galicia por población. Y deja una imagen difícil de digerir: la del debate democrático interrumpido a gritos.
El concello es la administración más cercana al ciudadano, y también el escenario donde las tensiones entre partidos se vuelven más visibles. En Ourense llevan años acumulándose en torno a una figura tan singular como controvertida. Jácome gobierna la ciudad con un partido de ámbito estrictamente local, ajeno a las grandes estructuras estatales, y eso le permite un lenguaje que ningún dirigente del PPdeG —el Partido Popular de Galicia, la formación que gobierna la Xunta— o del PSdeG emplearía con tanta soltura.
La acusación de «etarras» contra cargos electos del BNG es, en sí misma, un salto de escala. El BNG tiene representación en el Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral gallega, con 75 deputados) y en el Congreso, y suele marcar el terreno de la izquierda nacionalista. Que su grupo municipal sea tildado de violento sitúa el episodio en el centro del debate sobre el uso político de la etiqueta del terrorismo.
Reacciones y el eco nacional
El PP y el PSdeG, que también abandonaron la sala, convirtieron el vacío del hemiciclo en argumento. Su salida fue, en la práctica, un respaldo a la posición del BNG frente al alcalde: sin ellos no hay pleno. Ese gesto conjunto —nacionalistas, socialistas, y populares caminando juntos hacia la puerta— es tan inhabitual como revelador. Jácome queda solo en el consistorio cuando fuerza el enfrentamiento.

La dimensión nacional del episodio está en el vocabulario. La equiparación entre el BNG y Bildu, y el uso de la palabra «etarra», remiten a un marco de confrontación que el PP ha llevado al Congreso durante años. Que sea un alcalde de una ciudad mediana quien lo formule en pleno, sin cortapisas y contra nacionalistas y populares a la vez, marca una anomalía: la etiqueta más dura del debate estatal apareciendo en un foro donde el PP es, esta vez, parte de los destinatarios.
El Laboratorio Gallego
Lo que ocurre en Ourense ilumina una dinámica que va más allá de la ciudad. En el Parlamento de Galicia, el PPdeG gobierna la Xunta con mayoría absoluta desde 2009, el BNG es la primera fuerza de la oposición y el PSdeG intenta recomponerse. Esa geometría regional —populares dominantes, nacionalistas crecidos, socialistas en reconstrucción— se reproduce casi en negativo en la política municipal ourensana, donde el árbitro no es ninguno de los tres grandes, sino un partido local.
La conexión con Madrid es evidente en el lenguaje. Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta antes que líder nacional del PP, conoce bien la gramática de la confrontación con el nacionalismo. En clave local, la oposición deberá decidir si vuelve al próximo pleno o si convierte el boicot en norma, y las cinco mociones bloqueadas tendrán que recolocarse en el orden del día. En clave gallega, el caso alimenta una pregunta de fondo: si el clima de descalificación que contamina la política estatal acaba normalizándose también en los ayuntamientos.
Jácome no parece dispuesto a bajar el tono. La oposición, tampoco a sentarse mientras no haya rectificación. Entre ambas cosas, Ourense seguirá sin pleno. El resto de Galicia observa.
Ficha del Caso
- El caso: El pleno ordinario del Concello de Ourense quedó suspendido sin cuórum después de que el alcalde, Gonzalo Pérez Jácome, llamara «etarras y violentos» a los ediles del BNG y toda la oposición abandonara la sala.
- Datos importantes: El BNG cuenta con cuatro ediles, incluido su portavoz, Luis Seara. Antes del plantón se aprobó un suplemento de crédito para saldar deudas del autobús urbano. Quedaron sin debatir cinco mociones.
- Resumen: El enfrentamiento verbal del regidor con la oposición dejó vacío el principal órgano de gobierno municipal de la tercera ciudad de Galicia y traslada al ámbito local el eco de la pugna nacional por el uso político de la etiqueta del terrorismo.
