Nunca falla: la tarta de la abuela sin horno que conquista a todos en 15 minutos

Capas de galletas remojadas, una crema pastelera infusionada con limón y canela desde la noche anterior y una cobertura de chocolate templado. El reposo en frío de dos horas es lo que permite cortarla sin que se desmorone.

La tarta de la abuela sin horno salva cualquier cena: no hay masa, no hay levadura y no hay drama. Solo capas de galletas, crema y chocolate.

La primera vez que monté una me pasé con el remojo. Aquello no era una tarta, era una papilla con capas. Desde entonces mojo las galletas por inmersión rápida, contando hasta tres, y el resultado cambió por completo.

La diferencia entre una tarta de galletas y chocolate correcta y una que se recuerda meses después no está en el chocolate, sino en dos detalles que no se ven: cómo se infusiona la leche y cuánto reposa el conjunto en frío. El resto es montar capas.

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El secreto del éxito

  • Infusión de una noche: la leche con piel de limón y canela se hierve la víspera y se deja reposar tapada en frío hasta el día siguiente. Doce horas de maceración aromatizan toda la crema pastelera, incluida la que queda en el fondo del molde.
  • Film en contacto: al guardar la crema, el plástico debe tocar la superficie. Es la diferencia entre una crema sedosa y una con costra que luego se nota en el corte.
  • Chapuzón, no baño: las galletas se mojan apenas un segundo en leche, y el molde reposa en frío al menos dos horas antes de llevar la cobertura. La prisa es lo único que desmorona este postre.

Ingredientes

  • 3 paquetes de galletas cuadradas (tipo María; también sirven las rectangulares)
  • 1 l de leche entera
  • La piel de 1 limón, sin la parte blanca
  • 2 ramas de canela
  • 200 g de azúcar
  • 10 cucharadas soperas rasas de maizena
  • 6 yemas de huevo
  • 200 g de chocolate fondant
  • 200 ml de nata líquida con un 35% de materia grasa
  • 50 g de mantequilla
  • Leche adicional, la necesaria para remojar las galletas
tarta de galletas y chocolate

La receta clásica que publica Directo al Paladar arranca la noche anterior, y no es un capricho de repostera. Calienta el litro de leche con la piel del limón y las dos ramas de canela; retírala en cuanto rompa a hervir y guárdala tapada en la nevera hasta el día siguiente. Doce horas después, el aroma se ha metido en cada gota de leche.

Cuela la leche y deshaz en un cazo los 200 g de azúcar con un poco de ese líquido. Añade las yemas y la maizena, remueve hasta que no queden grumos y vuelve al fuego, incorporando el resto de la leche poco a poco. No dejes de mover: la crema está lista cuando se despega de las paredes del cazo y brilla.

Una tarta de la abuela no se estropea por el chocolate: se estropea por la prisa y por galletas demasiado empapadas.

Retira el cazo del fuego y tapa la crema con film transparente pegado a la superficie. Ahí se juega media receta: si dejas que se forme costra, esa piel seca aparecerá luego entre las capas.

En el molde, coloca una primera capa de galletas remojadas en leche, con un chapuzón rápido y sin dejarlas caer al fondo del bol, y reparte la crema por encima. Cubre con dos capas más de galletas. Si te ha sobrado crema, alterna en tres tandas y aprieta ligeramente con una espátula. Al molde, nevera.

Mientras enfría, prepara la cobertura: nata y chocolate en un cazo a fuego lento hasta que se funda por completo. Fuera del fuego, añade la mantequilla y deja templar la mezcla. Si la viertes caliente, las galletas de arriba se deshacen; si la viertes casi fría, queda una capa brillante que se corta sin esfuerzo.

Vuelve el molde a la nevera un mínimo de dos horas y mejor toda la noche. Ese reposo es lo que permite cortar porciones limpias en lugar de servir cuchilladas. Nadie dijo que fuera un postre ligero. Pero tampoco lo pretendíamos.

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Variaciones y maridaje

Para acompañar, un Pedro Ximénez bien frío o un café solo sin azúcar funcionan mejor que cualquier refresco: el amargor corta la grasa de la nata y del chocolate. En merienda infantil, leche o batido.

Si no quieres preparar una crema pastelera clásica, dos sobres de preparado para flan resuelven el apuro en diez minutos. El sabor resultante no es el mismo, conviene decirlo, pero el postre sigue funcionando en cualquier celebración.

Cambiando las galletas por una versión sin gluten, la tarta queda apta para celíacos; montándola en vasos individuales te ahorras el corte y el desmoldado. La cocina se ensucia menos.

Se conserva tres días en la nevera, tapada con film o dentro de un recipiente hermético, y gana al segundo día, cuando las galletas ya han terminado de hidratarse. No la congeles: la crema se corta al descongelar y el chocolate pierde el brillo.