De Calvo-Sotelo a Sánchez: los ocho adelantos electorales desde 1978

El adelanto electoral es una prerrogativa del presidente del Gobierno. El artículo 115 de la Constitución le faculta para disolver las Cortes antes del final de la legislatura siempre que lo acuerde tras deliberar en el Consejo de Ministros y bajo su exclusiva responsabilidad, y que no haya una moción de censura en trámite. Las elecciones deben celebrarse entre 30 y 60 días después de la convocatoria. Desde 1978 la herramienta se ha usado en ocho ocasiones, la primera hace más de cuatro décadas.

El criterio de esta selección es estricto: solo figuran las disoluciones anticipadas decididas por el Ejecutivo en ejercicio, no las elecciones repetidas que han llegado tras investiduras fallidas, como las de junio de 2016 y noviembre de 2019. Siete de los ocho adelantos llevan la firma de un presidente socialista —cuatro de Felipe González, uno de Zapatero y dos de Sánchez—; el octavo fue de Leopoldo Calvo-Sotelo, de UCD, en 1982. Ningún presidente del PP ha recurrido a ella.

1
De octubre de 1982: Calvo-Sotelo, el primer adelanto electoral de la democracia

El 27 de agosto de 1982, Leopoldo Calvo-Sotelo anunció por televisión la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el jueves 28 de octubre. Lo hizo al amparo del artículo 115 de la Constitución, que reserva esa decisión al presidente del Gobierno previa deliberación del Consejo de Ministros, y con el decreto ya firmado por el Rey Juan Carlos, a quien había ido a buscar a Mallorca. Fue el primer adelanto electoral de la etapa democrática: la legislatura inaugurada tras los comicios de marzo de 1979 debía agotarse en 1983 y quedó cortada por sorpresa, hasta el punto de que ni buena parte de los ministros ni el propio Felipe González conocían la fecha elegida. Según El País, Calvo-Sotelo mantuvo en secreto hasta el último minuto una decisión que consideraba «de última hora».

Publicidad

El motivo de fondo era la incapacidad de gobernar. UCD, el partido que había sostenido los primeros gobiernos de la Transición, se desintegraba: había pasado de 168 diputados a unos 125, y las derrotas en las autonómicas de Galicia (octubre de 1981) y Andalucía (mayo de 1982) anticipaban la debacle. La dimisión de Adolfo Suárez en enero de 1981 y la fundación del CDS en julio de 1982 por el propio expresidente terminaron de convencer a Calvo-Sotelo, que ya había cedido la presidencia de UCD a Landelino Lavilla. El presidente justificó el adelanto porque las Cortes no podían reabrirse «en condiciones aceptables de estabilidad y eficacia». El resultado fue histórico: el PSOE de Felipe González logró mayoría absoluta con 202 diputados y más de diez millones de votos, la primera victoria socialista desde la Guerra Civil, mientras UCD desaparecía prácticamente del mapa. Calvo-Sotelo ni siquiera encabezó la lista por Madrid: fue número dos, por detrás de Lavilla.

Atrás