De Calvo-Sotelo a Sánchez: los ocho adelantos electorales desde 1978

El adelanto electoral es una prerrogativa del presidente del Gobierno. El artículo 115 de la Constitución le faculta para disolver las Cortes Generales antes del final de la legislatura siempre que lo acuerde tras deliberar en el Consejo de Ministros y bajo su exclusiva responsabilidad, y que no haya una moción de censura en trámite. Las elecciones deben celebrarse entre 30 y 60 días después de la convocatoria. Desde 1978 la herramienta se ha usado en ocho ocasiones, la primera hace más de cuatro décadas.

El criterio de esta selección es estricto: solo figuran las disoluciones anticipadas decididas por el Ejecutivo en ejercicio, no las elecciones repetidas que han llegado tras investiduras fallidas, como las de junio de 2016 y noviembre de 2019. Siete de los ocho adelantos llevan la firma de un presidente socialista —cuatro de Felipe González, uno de Zapatero y dos de Sánchez—; el octavo fue de Leopoldo Calvo-Sotelo, de UCD, en 1982. Ningún presidente del PP ha recurrido a ella.

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De noviembre de 2011: Zapatero adelanta en plena crisis del euro

El adelanto lo anunció José Luis Rodríguez Zapatero el 29 de julio de 2011, en la comparecencia posterior al último Consejo de Ministros del curso, después de meses negando esa posibilidad. Las generales quedaron fijadas para el 20 de noviembre, casi cuatro meses antes del final de la legislatura, previsto para marzo de 2012. El argumento oficial fue «proyectar certidumbre política y económica» y permitir que el nuevo Gobierno asumiera el 1 de enero el conjunto del ejercicio presupuestario de 2012. Zapatero había renunciado en abril a repetir como candidato y el PSOE ya había designado a Alfredo Pérez Rubalcaba, después del varapalo socialista del 22 de mayo. El telón de fondo era una crisis del euro en plena escalada: prima de riesgo en torno a los 340 puntos básicos, segundo rescate griego, intervención de la Caja de Ahorros del Mediterráneo y amenaza de Moody’s de rebajar la nota española.

El 20-N confirmó el vuelco: el PP de Mariano Rajoy logró mayoría absoluta con 186 escaños y el 44,6% de los votos, mientras el PSOE caía al 28,7% y 110 diputados, su peor resultado en la historia. La jornada coincidía con el aniversario de la muerte de Franco, un simbolismo que Zapatero despachó asegurando que para él era «una fecha más». Los comicios cerraron una secuencia que en apenas quince días había desalojado a tres gobiernos de la eurozona —Grecia, Italia y España— y dejaron en manos de Rajoy una herencia difícil: un paro en torno al 21%, los Presupuestos de 2011 prorrogados por el propio adelanto y unos mercados que seguían dudando de que España pudiera esquivar un rescate al estilo griego, portugués o irlandés.