Las acampadas por la vivienda en Andalucía no frenan pese al 29-N: Sevilla, Málaga, Granada, Almería y Córdoba

Los colectivos mantienen más de 370 tiendas de campaña en Sevilla, Málaga y Granada pese al adelanto electoral del 29-N. En Almería y Córdoba la protesta se articula en concentraciones de calle.

Las acampadas por la vivienda en Andalucía resisten al 29-N y superan las 370 tiendas entre Sevilla, Málaga y Granada.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los colectivos por la vivienda mantienen las acampadas en Sevilla, Málaga y Granada y han cerrado concentraciones en Almería y Córdoba pese al adelanto electoral del 29-N.
  • ¿Dónde y quién? La protesta se concentra en la plaza de la Encarnación de Sevilla, la plaza de la Constitución de Málaga y el Palacio de Congresos de Granada, con el Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista entre sus impulsores.
  • ¿Qué supone para los ciudadanos? Las acampadas mantienen presencia continua en calles céntricas y colocan el precio del alquiler en el centro del debate político de cara a las elecciones del 29 de noviembre.

Sevilla, Málaga y Granada sostienen el pulso de la vivienda

A los pies de Las Setas, en la plaza de la Encarnación, la acampada de Sevilla ha rebasado las 120 tiendas de campaña y moviliza cada jornada a entre 250 y 300 personas que pasan la noche concentradas, según los últimos datos facilitados por el Sindicato de Inquilinas. El portavoz del colectivo, Niklas Rodríguez, admite que el rechazo parlamentario a los denominados ‘Decretos Maricarmen’ supuso un revés, aunque lo interpreta como un primer paso sobre el que seguir construyendo.

En Málaga, la asamblea decide cada tarde y la protesta se mantiene en la plaza de la Constitución, junto a la calle Larios, con unas 150 tiendas de campaña y varios centenares de personas. La ubicación tiene su propia lectura: el campamento ocupa el escaparate turístico de la capital, a un paso de los pisos que se alquilan por semanas.

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La acampada de Granada, instalada desde el sábado 3 de octubre en el Palacio de Congresos, ha duplicado el número de tiendas en apenas tres días y ya supera el centenar. El portavoz de la Coordinadora Juvenil Socialista, Mario Rodríguez, subraya que el campamento no es un fin en sí mismo, sino un medio más, y que su continuidad dependerá de las actuaciones conjuntas que se acuerden.

Nada ha cambiado con el adelanto electoral anunciado este lunes por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La cita con las urnas del 29 de noviembre coloca la vivienda en el centro del debate público y, lejos de desmovilizar, los convocantes sostienen que sus reivindicaciones siguen vigentes con independencia del calendario político.

La vivienda ya no es solo un problema de jóvenes: es la factura que decide cada mes el presupuesto de miles de familias andaluzas.

De Almería a Córdoba: una movilización que desborda el campamento

El mapa de la protesta no se agota en las tres capitales con acampada. En Almería y Córdoba los colectivos han cerrado concentraciones y actos de calle, sin campamento permanente, y mantienen el pulso con la vista puesta en los barrios. La reclamación de fondo es la misma en las cinco provincias: una vivienda universal, gratuita y de calidad, en palabras de los convocantes.

acampadas por la vivienda

La estrategia pasa por ir canalizando el trabajo hacia los barrios y por sostener la estructura mientras aguanten las fuerzas, los ánimos y las condiciones climatológicas. No hay fecha de salida, y nadie la ha puesto sobre la mesa. Eso sí, la llegada del otoño y sus primeras lluvias son el primer examen real para unas tiendas que llevan semanas a la intemperie.

Detrás de las cifras hay una realidad cotidiana que explica la resistencia: jóvenes que comparten piso con desconocidos, familias que ven subir el alquiler en cada renovación del contrato y estudiantes que renuncian a mudarse de provincia porque no pueden pagar dos alquileres a la vez. Buena parte de esa presión se concentra en Sevilla, donde la acampada reúne a colectivos vecinales y plataformas de afectados.

Las demandas interpelan a las tres administraciones con competencias: el Gobierno central que impulsa la normativa estatal, la Junta de Andalucía, que gestiona la vivienda protegida y la ordenación del suelo, y los ayuntamientos, responsables de licencias y promociones municipales. El asunto tiene también recorrido parlamentario en el Parlamento de Andalucía, donde la vivienda forma parte de la agenda de todos los grupos. Los colectivos insisten en que las respuestas deben llegar desde los tres niveles de la administración y reclaman compromisos concretos más allá de los anuncios de campaña.

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La Lectura Andaluza

Andalucía afronta este otoño con la vivienda instalada en el centro de la conversación pública, y no por casualidad. La comunidad reúne buena parte del parque de vivienda turística del país, tiene en el turismo y en la agricultura dos motores que tiran de la demanda en la costa y en el interior, y arrastra un problema de acceso que ya no entiende de capitales ni de pueblos pequeños.

El adelanto electoral del 29-N ha tenido un efecto paradójico: acelera la agenda política y, al mismo tiempo, deja a los colectivos sin margen para esperar. Su lectura es clara: las reivindicaciones no caducan con una convocatoria de urnas.

Para el lector andaluz, el asunto tiene una traducción muy concreta. El precio del alquiler decide dónde vive un joven, cuánto le queda a una familia a final de mes y si un municipio del interior consigue retener a quien trabaja en él. En Málaga, la presión turística convive con salarios de servicios; en Sevilla y Granada, el mercado de alquiler de estudiantes marca el ritmo de barrios enteros. Ese es el terreno que los colectivos quieren pisar durante los próximos meses.

La proyección inmediata es doble. Por un lado, la campaña del 29-N va a obligar a los partidos a pronunciarse sobre alquiler, suelo y vivienda protegida. Por otro, la continuidad de las acampadas depende del tiempo, de los ánimos y de la capacidad de trasladar la protesta a los barrios. De momento, en Sevilla, Málaga y Granada siguen durmiendo en tiendas de campaña para que nadie lo olvide.