EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Gobierno yemení respaldado por Riad ha lanzado una ofensiva sobre el Bab el-Mandeb y anuncia una operación estratégica sobre Saná. Los hutíes replican con misiles balísticos y drones contra territorio saudí.
- ¿Quién está detrás? La coalición suní liderada por Arabia Saudí, con Turquía y Pakistán bajo el acuerdo de defensa de La Meca. Enfrente, los hutíes, integrados en el Eje de la Resistencia y respaldados por Irán.
- ¿Qué impacto tiene? El estrecho conecta el mar Rojo con el Índico y ya sufre el efecto de la guerra entre Estados Unidos e Irán en Ormuz. Un cierre encarecería el crudo y el gas hacia Europa.
La ofensiva en el Bab el-Mandeb que impulsa el Gobierno yemení respaldado por Riad abre un nuevo frente en el mar Rojo, y los hutíes replican con misiles balísticos y drones contra objetivos saudíes.
Los combates se concentran en uno de los cuellos de botella más sensibles del comercio mundial, por el que transita buena parte del crudo entre Asia y Europa. El detonante inmediato está en septiembre, cuando los hutíes tomaron el control de la franja que domina el estrecho.
El Ejército yemení afirmó esta semana haber avanzado hacia el norte por la costa del mar Rojo, en dirección a Moca, y anunció una ‘operación estratégica’ sobre Saná, la capital de facto del movimiento hutí. Los dos bandos se atribuyen logros territoriales que no están verificados de forma independiente.
Qué mueve Riad en el estrecho y con qué fuerza lo hace
La ofensiva no es solo yemení. Arabia Saudí ha activado el acuerdo de defensa conjunta de La Meca, conocido ya como el ‘OTAN musulmán’, con Turquía y Pakistán comprometidos a un despliegue rápido de fuerzas. La coalición ha anunciado que 100 aviones de combate apoyan el avance.
Cabe recordar el precedente. La intervención liderada por Riad arrancó en 2015 y se enquistó durante casi una década sin doblegar a los hutíes. La tregua de 2022 enfrió el frente, pero no resolvió nada. Esta vez, el eje turco-paquistaní introduce un elemento nuevo: Ankara aporta industria de drones; Islamabad, experiencia en guerra de montaña.
El factor que más pesa es el estrecho de Ormuz. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha elevado la prima de riesgo del transporte marítimo en toda la región, y Riad necesita garantizar que el Bab el-Mandeb no se convierta en un segundo punto de estrangulamiento.
El Bab el-Mandeb no se cierra con un decreto. Se cierra a base de misiles, drones y primas de seguro que nadie quiere pagar.
Los hutíes replican con misiles contra aeropuertos y refinerías

La respuesta hutí ha llegado por aire. El grupo asegura haber lanzado misiles balísticos y drones contra el aeropuerto internacional Rey Khalid, en Riad, además de bases militares y activos de Aramco, entre ellos la refinería de Rabigh. Arabia Saudí no confirma impactos en la capital, pero sí ha reconocido daños en los aeropuertos de Jizan y Najrán, ambos en la frontera sur.
Conviene precisar el punto. Un ataque confirmado contra el aeropuerto de Riad sería un salto cualitativo: elevaría el conflicto a la categoría de agresión directa sobre la capital saudí. Lo que sí ha ocurrido es un golpe sobre infraestructura civil fronteriza, con el mensaje de que los hutíes conservan capacidad de represalia tras casi dos años de desgaste.
Hay que subrayar el punto ciego del relato. Los hutíes presentan su ofensiva como una respuesta a la ‘agresión’ y al bloqueo saudí, y sostienen que la operación de Riad sirve a intereses estadounidenses e israelíes. Riad, por su parte, enmarca a los hutíes como ‘terroristas’ que en 2014 derrocaron al Gobierno reconocido internacionalmente. Ninguno de los dos relatos resiste un escrutinio neutral.
A eso se suma el ruido en Washington. El presidente Trump sostuvo esta semana que los precios récord del gas no se explican por la tensión en Ormuz, sino por los ataques ucranianos contra refinerías rusas. La lectura choca con el consenso del sector, pero encaja con una Casa Blanca que prefiere culpar a Moscú antes que a su propia confrontación con Teherán. Para Madrid, el mensaje es incómodo: si Riad no garantiza el Bab el-Mandeb, el precio de la energía en Europa se resentirá antes de que acabe el año.
Equilibrio de Poder
El movimiento saudí reconstruye la arquitectura de seguridad suní en el mar Rojo, y lo hace con dos socios que no son OTAN pero que le dan cobertura ideológica y militar: Turquía y Pakistán. El ‘OTAN musulmán’ pasa del papel al terreno por primera vez con despliegue real. También es su límite: ni Ankara ni Islamabad van a comprometer brigadas enteras en una guerra contra un actor no estatal.
Para España, el impacto es doble. Primero, energético: el país depende del crudo, y el gas que llegan por vía marítima, y cualquier cierre parcial del Bab el-Mandeb se traducirá en un encarecimiento inmediato. Segundo, de seguridad: la base de Rota, con sus cuatro destructores AEGIS, es el principal activo antimisiles de Estados Unidos en Europa y opera dentro del mismo dispositivo naval que vigila el mar Rojo. Si el conflicto se prolonga, España tendrá que decidir si abre más espacio logístico a la coalición.
La comparación con 2019 es la más útil. Aquel año, los ataques con drones y misiles de crucero contra Abqaiq y Khurais tumbaron la mitad de la producción saudí en cuestión de horas, sin que Riad pudiera replicar. Desde entonces, la defensa aérea saudí ha mejorado, pero los hutíes también. La próxima ventana crítica es la temporada de peregrinación, cuando el tráfico al sur de Suez se concentra.
El riesgo real no es la escalada abierta entre dos ejércitos convencionales, sino la conversión del Bab el-Mandeb en un segundo Ormuz gris: un punto donde se ataca, se niega y se negocia al mismo tiempo. Eso ya ocurrió en el mar Negro y en el mar Rojo entre 2022 y 2024, y el patrón se repite.
La cumbre de la Liga Árabe prevista para finales de año y el próximo informe del ISW sobre el frente de Taiz marcarán el calendario. Y una certeza: mientras Riad no pueda garantizar el paso, la prima de riesgo seguirá instalada en cada barril que salga del golfo.
