Apple paga 184 millones extra a Masimo y su factura por patentes del Watch llega a 818 millones

El auto del juez Selna eleva la condena a unos 818 millones y deja la cifra abierta a más intereses hasta que Apple pague. La patente que originó el caso caducó en 2022, así que los relojes que se venden hoy no cambian.

La factura judicial de Apple por las patentes que reclama Masimo ya alcanza los 818 millones de dólares. Un juez federal ha sumado 184 millones en intereses a la indemnización de 634 millones que un jurado fijó en noviembre de 2025 por las notificaciones de frecuencia cardiaca del Apple Watch.

Claves de la operación

  • Intereses de 184 millones sobre la condena principal. El juez James Selna aplica el coste de financiación del propio Masimo, con capitalización anual desde el inicio de la infracción.
  • Un pleito paralelo bloqueó la importación del reloj. Masimo logró frenar la entrada de varios modelos en Estados Unidos y Apple desactivó la medición de oxígeno en sangre en las unidades afectadas.
  • La patente caducó en junio de 2022. La condena se refiere a ventas históricas y no toca las funciones de los modelos que se comercializan hoy.

El interés que Apple intentó esquivar sin éxito

El auto, del que informa Bloomberg Law, eleva la factura total hasta unos 818 millones de dólares y no cierra la cifra: el interés posterior al fallo sigue acumulándose hasta que la compañía pague. Cada día de retraso añade un coste adicional a la condena. Apple sostuvo que reconocer intereses previos a la sentencia equivalía a regalarle un beneficio extra a Masimo.

Selna rechazó ese argumento apoyándose en la doctrina del Tribunal Supremo de Estados Unidos, según la cual los intereses devengados desde el momento en que las regalías debieron pagarse sirven para compensar al titular por el tiempo en que no cobró. La lógica es contable, no punitiva. Masimo estuvo años sin ingresar unas cantidades que, en teoría, le habrían correspondido durante el periodo de infracción.

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No todo salió como pedía el demandante. Masimo quería calcular los intereses a un tipo del 7%, lo que habría disparado la factura de Apple hasta los 243 millones. El tribunal usó en su lugar el coste de financiación del propio Masimo, con capitalización anual desde el arranque de la infracción. La diferencia entre lo pedido y lo concedido supera los 59 millones de dólares.

La sentencia de fondo viene de lejos. En noviembre de 2025, un jurado concluyó que varias funciones del Apple Watch, entre ellas las notificaciones de frecuencia cardiaca, infringían una patente de Masimo, y fijó una indemnización de 634 millones. Apple intentó después anular o reducir el importe. Selna confirmó el veredicto en julio. El calendario procesal ya solo juega a favor del demandante.

El interés no es un castigo añadido: es el precio del tiempo que Masimo pasó sin cobrar unas regalías que el jurado consideró suyas.

El pulso por el oxígeno en sangre que llegó hasta la frontera

Masimo sostiene además un segundo frente judicial, distinto de este, que terminó con una prohibición de importación de determinados modelos de Apple Watch en Estados Unidos. La compañía desactivó la medición de oxígeno en sangre en las unidades nuevas afectadas y en 2025 introdujo una versión rediseñada de esa función. Un litigio de patentes le costó al reloj una función estrella.

La patente que sostiene la condena de 634 millones expiró en junio de 2022. Eso limita el alcance del fallo a ventas antiguas y deja intactas las prestaciones de los relojes que se venden ahora mismo. Para el comprador español la consecuencia práctica es ninguna: el catálogo actual mantiene las mismas funciones de salud que el mes pasado.

Eso no resta gravedad al asunto. La patente caducada no borra el precedente que deja la sentencia, y el fabricante de Cupertino acumula una década de disputas con licenciantes de propiedad intelectual industrial, desde Nokia hasta VirnetX, resueltas casi siempre con un pago final.

Apple Watch patentes

La litigación como coste estructural del negocio de wearables

La lectura de este caso no va de relojes, sino de precios de entrada. Apple factura cientos de miles de millones de dólares al año y puede absorber 818 millones sin que su cuenta de resultados se mueva en el segundo decimal. Masimo es una compañía de tecnología médica cuyo negocio depende de licenciar y defender sus patentes. Para Apple es una línea contable; para Masimo, estrategia corporativa.

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El precedente más cercano es el acuerdo entre Apple y Nokia de 2011, que cerró años de litigios cruzados con un pago único y una licencia continuada. Entonces el reloj no existía. Ahora el Apple Watch es la pieza central del negocio de accesorios del fabricante y el producto que más ha acercado a la compañía al terreno de la salud, y precisamente por eso cada victoria de un licenciante encarece la siguiente negociación. En España, donde el reloj se distribuye también a través de Telefónica, Vodafone, y Orange con versiones de eSIM, la disputa no altera ni precios ni disponibilidad.

El goteo de reclamaciones tiene un efecto de segundo orden sobre el negocio: eleva el coste de entrada de cualquier función nueva. Medir la glucosa o la presión arterial sin licencias ajenas exige años de desarrollo propio y una cartera de patentes defensiva. Apple juega esa partida con más recursos que nadie, pero también con más exposición. El litigio es el peaje de entrar en el negocio de la salud sin ser una empresa sanitaria.

Queda un frente abierto que conviene seguir. Apple puede recurrir ante el Tribunal de Apelaciones del Circuito Federal, un camino que en litigios de patentes se alarga años y que rara vez levanta la condena. La compañía presentará sus resultados del cuarto trimestre fiscal a finales de octubre de 2026 y, salvo sorpresa, no habrá mención alguna a los 818 millones. La cifra es pequeña en la cuenta y grande en la doctrina. Eso sí, Masimo seguirá sumando intereses cada día que Apple tarde en pagar.