La trampa de las etiquetas «sin azúcar añadido» en los zumos de supermercado descubierta por nutricionistas

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«Sin azúcar añadido» no es «sin azúcar»: los umbrales legales que se confunden en el mismo estante

a spoon filled with sugar on top of a table

La trampa nace de mezclar tres declaraciones que el Reglamento (CE) 1924/2006 regula con criterios que no son comparables. «Sin azúcares» es la más estricta: obliga a no superar 0,5 gramos por cada 100 gramos o 100 mililitros de producto. «Bajo contenido en azúcares» admite hasta 5 gramos por 100 gramos en sólidos y 2,5 gramos por 100 mililitros en líquidos. Y «sin azúcares añadidos» no fija ningún umbral de gramos: solo exige que no se haya incorporado ningún monosacárido o disacárido ni ningún ingrediente empleado por sus propiedades edulcorantes. Por eso un mismo lineal de supermercado puede exhibir un zumo con el reclamo bien visible en el frontal y, al girar el envase, una cifra de azúcares en la tabla nutricional que se parece más a la de un refresco que a la de una pieza de fruta.

El zumo es justamente donde esa distancia se hace más evidente. Los azúcares de la fruta entera llegan protegidos por la fibra y la matriz del alimento, pero al exprimirla o triturarla pasan a comportarse como azúcares libres, la misma categoría que la OMS pide reducir a menos del 10% de la energía diaria (unos 25 gramos) y sobre la que la EFSA sostiene que no existe un nivel de consumo seguro. El propio reglamento lo reconoce: si el producto conserva azúcares propios, debe advertirlo con la mención «contiene azúcares naturalmente presentes», un aviso que en la práctica aparece en letra pequeña. A eso se suma que concentrados, purés y dátiles endulzan y aportan azúcares libres sin llevar la palabra «azúcar» en la lista de ingredientes, de modo que el comprador interpreta «sin azúcar añadido» como «sin azúcar».