5Los azúcares del zumo cuentan como «libres»: la recomendación de la OMS que no se aplica al vaso del desayuno
La etiqueta «sin azúcares añadidos» es legal y verificable: el Reglamento europeo 1924/2006 la autoriza cuando el fabricante no ha incorporado ningún monosacárido, disacárido ni ingrediente con función edulcorante, y obliga a añadir además la mención «contiene azúcares naturalmente presentes» si el producto los lleva de serie. El problema es que esa declaración describe lo que la industria no ha echado, no lo que el consumidor acabará ingiriendo. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), los azúcares del zumo son «azúcares libres»: su definición incluye expresamente los presentes de forma natural en la miel, los siropes, los zumos de fruta y los concentrados de zumo, y los coloca en el mismo saco que los añadidos. La directriz de 2015 recomienda que no aporten más del 10% de la energía diaria y, de forma condicional, menos del 5%: unos 25 gramos en una dieta de 2.000 kilocalorías.
Ese techo es el que se cuela en el vaso del desayuno. Un vaso de 250 ml de zumo de naranja reúne entre 20 y 25 gramos de azúcar, el equivalente a unas seis cucharaditas, y deja al consumidor al borde del máximo diario de azúcares libres sin haber probado bocado. Los datos de la OCU, que analizó 131 bebidas de fruta, muestran que ni los zumos 100% exprimidos se libran: los de piña promedian 12,9 gramos por 100 ml, los de uva 12,2, los multifrutas 11,6 y los de melocotón 11,5, frente a los 8,7 del mejor valorado, el de naranja Carrefour Bio. Un solo brik de 200 ml puede cubrir casi la mitad del límite. La razón es que al exprimir desaparece la fibra de la matriz de la fruta, que frena la absorción del azúcar, y que para llenar el vaso hacen falta tres o cuatro naranjas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluyó en 2022 que no existe un nivel seguro de azúcares libres y que su ingesta debe ser lo más baja posible.

