La trampa de las etiquetas «sin azúcar añadido» en los zumos de supermercado descubierta por nutricionistas

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Zumo, néctar y «a base de concentrado»: tres productos distintos tras reclamos casi idénticos

1869 Heinz tomato ketchup bottle close-up photography

En la misma estantería conviven tres productos que la normativa define de forma muy distinta pero que el envase presenta casi igual. El zumo de frutas es, por definición, 100% fruta exprimida; el zumo a base de concentrado parte de un concentrado al que se ha extraído por medios físicos una parte importante del agua (hasta un 85%) y que después se reconstituye con agua y aromas, una condición que el fabricante debe indicar junto a la denominación de venta; y el néctar se elabora añadiendo agua y hasta un 20% del peso final en azúcares o miel al zumo, al concentrado o al puré, con un contenido mínimo de fruta que oscila entre el 25% y el 50% según la especie y que también es obligatorio declarar. Tres denominaciones legales, tres composiciones y un mismo pasillo, con reclamos de portada que tienden a igualarlas.

Ahí está el problema. La mención «sin azúcares añadidos», regulada por el Reglamento (CE) 1924/2006, solo puede usarse cuando no se ha incorporado ningún monosacárido ni disacárido, ni ningún alimento empleado por sus propiedades edulcorantes, y exige añadir «contiene azúcares naturalmente presentes». En un néctar es un reclamo posible, pero puede convivir con edulcorantes y con una buena dosis de agua. En un zumo resulta directamente engañoso: ningún zumo lleva azúcares añadidos por definición, así que atribuirse esa virtud insinúa una característica que comparten todos, algo que la propia normativa de etiquetado prohíbe. Y el reclamo no arregla el fondo: exprimir o triturar la fruta convierte sus azúcares en azúcares libres, los mismos que la OMS pide mantener por debajo del 10% de la energía diaria.