Ángel Garrido e Ignacio Aguado
Ángel Garrido e Ignacio Aguado en la rueda de prensa de su presentación en Ciudadanos.

No le ha salido bien la jugada a Ángel Garrido. En tan solo seis meses su vida ha dado un giro de 180º y probablemente ha sido a peor. Garrido ha pasado de ser presidente de la Comunidad de Madrid por el PP a quedar relegado a un papel anónimo en el grupo parlamentario de Ciudadanos en la Asamblea madrileña.

En poco más de un año, la vida de este político ha sufrido un vuelco poco predecible. Asumió la presidencia de la comunidad en un momento crítico para el PP madrileño. Con Cristina Cifuentes investigada por un máster conseguido presuntamente de forma fraudulenta y su posterior dimisión debido a la filtración de unos vídeos en los que aparecía apropiándose de unas cremas.

Garrido fue el encargado de reconducir el barco comunitario, que iba indiscutiblemente a la deriva. Durante su año como presidente, poco se puede decir del madrileño. Ni bueno ni malo. Fiel a las premisas de su predecesora, se ha dedicado a continuar con sus políticas y no pasará por ello a los anales de la historia de la comunidad.

SU RUPTURA CON EL PARTIDO POPULAR

Enero fue el mes del declive de Garrido. El anuncio de Isabel Díaz Ayuso dejaba mal parado al hasta ese momento presidente madrileño. Pablo Casado, el líder de su partido, lo decidió así. Sin más explicaciones. Con esta decisión, se cerró definitivamente una etapa en la comunidad, que se quedaba sin Cifuentes y sin su mejor discípulo y daba paso a caras nuevas más afines al rumbo político que ha adoptado la formación desde que llegara Casado.

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Garrido no solo dejó de ser presidente, sino que fue apartado directamente de la Asamblea de Madrid. En abril se anunció cuál sería su nuevo destino: Europa. El partido había decidido que era su momento, el de dar el salto a la política europea y lo colocó cuarto en la lista. Pero un posible desacuerdo amoroso podría ser el causante de la ruptura de Garrido con su partido de toda la vida.

Fuentes del PP comentan que el expresidente estaba pensando en rehacer su vida sentimental con una destacada popular en Bruselas.  Casado aceptó el nuevo rumbo en la vida de Garrido y lo recompensó con uno de los cotizados puestos de salida del PP para el Parlamento Europeo. Casado no ha sido así de generoso con todos los dirigentes del PP que quedaron descolgados con la moción de censura y la mengua de puestos electos.

Lo que nunca pensaron en el PP es que tan solo un mes de anunciarse la candidatura europea, Garrido diera el campanazo y consolidara su venganza a los populares de la manera más sencilla: cambiándose a Ciudadanos. El simbolismo de esta operación es reseñable. Por un lado deja a su partido herido en un momento clave a pocos días de las elecciones, mientras que por otro lado se cambia precisamente a C’s, que mantiene una lucha con el PP para hacerse con el liderazgo de la oposición.

NUEVA VIDA EN CIUDADANOS

La decisión que tomó Garrido, en vista de lo ocurrido, se puede decir que fue arriesgada pero no certera. El madrileño llegó a Ciudadanos en un momento complicado, en el que todos los puestos estaban definidos y tuvo que conformarse con pasar de ser el máximo representante de la Comunidad de Madrid, a obtener un puesto “mediocre” en la oposición.

Tan mediocre como poco vistoso en campaña. Garrido fue visto en campaña en algún pueblo de la Comunidad de Madrid en una mesa informativa, labor que se da a los dirigentes menos destacados.

Una vez acontecido el cambio, solo había una cosa que podría recuperar su honor perdido: optar a la presidencia de la Asamblea de Madrid. Este puesto le hubiera permitido seguir en primera línea, tomar decisiones importantes y demostrar que su nuevo partido sí lo tenía en cuenta desde el principio. Pero los rumores que apuntaban a su elección se zanjaron cuando se nombró candidato al ya recién elegido presidente, Juan Trinidad.

Según apuntan fuentes populares, el PP vetó la candidatura de Ángel Garrido y ofreció sus votos a Ciudadanos para investir a cualquier otro representante. Y en C’s, que no están dispuestos a poner en peligro sus oportunidades de conseguir poder, lo ejecutaron a pies juntillas.

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Las mismas fuentes reconocen que se sienten extrañadas por el puesto que ha adoptado Garrido dentro del partido, quedando en una posición meramente secundaria. Ahora es difícil que el madrileño acepte dirigir cualquier consejería, ya que supondría una significativa involución en su carrera política.

“TRANSFUGUISMO” IDEOLÓGICO

Lejos quedan ahora las palabras que Garrido dedicaba en el pasado a su nuevo partido. El expresidente calificó a Cs de ser “el tonto útil de la izquierda” o “un oportunista”. Una postura sobre los de Albert Rivera que se suavizó cuando Garrido fue nombrado presidente y que finalmente ha dado lugar a este inesperado desenlace.

El madrileño reconoció durante su despedida que no había sido fácil tomar esa decisión, pero no desaprovechó la oportunidad de lanzar un dardo envenenado al PP. “He decidido dar el paso para seguir trabajando por los madrileños desde el centrismo de Cs”, espetó.

Centrismo. Con esta palabra Garrido daba a los populares donde más dolía, precisamente en un momento en el que Casado había virado ligeramente hasta ese centro y llamaba ultraderecha a Vox. 

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