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Cuando hablamos de la Iglesia y del Vaticano, muchas son las cosas que parece que nos quedan en el tintero. La razón principal es que poco se sabe de algunas épocas, denominadas como bastante oscuras por los mismos interesados. Lo cierto es que la presidencia del mismo siempre ha estado rodeada por traiciones, venganza, odio y… ¿también sexo? Eso es lo que parece si nos adentramos en la etapa conocida como pornocracia.

Los pontífices, el claro ejemplo de todo lo moral, han estado siempre rodeados por la sombra que dejan los factores anteriores. Rumores o certezas, si algo tenemos claro es que no todos los que han llegado a ser Papa se lo merecían y que tampoco todos estaban demasiado de acuerdo en ejercer sus funciones como marcaban las leyes de la Iglesia Católica.

Si no sabes a qué época nos referimos, esto te interesa. Descubre cómo era el Vaticano cuando lo gobernaban las cortesanas.

La “edad oscura” del Vaticano

pornocracia vaticano

Cuando nos referimos a la “edad oscura” vivida en el Vaticano, hablamos del período también conocido como “saeculum obscurum”, en latín. En solo 150 años, desde el 880 hasta el 1046, estuvieron sentados en el trono nada más y nada menos que 48 papas. Un número, por supuesto, que llama bastante la atención si lo comparamos con los números que manejamos en la actualidad.

Esto fue mucho más profundo durante los siglos IX y X. De hecho, además de la “edad oscura” vivida durante esos años, llama la atención un período aún más negro que se conoce como “pornocracia”. Aquí es de donde nace toda esa leyenda oscura relacionada con las cortesanas. La alta sociedad romana se desmadró por completo, lo que también incluía al pontificado.

En esos tiempos, el Papa no era escogido a través de un cónclave. Esta forma de elección se empezó a llevar a cabo siglos atrás, cuando terminó instaurándose por completo. Además, se vendía y compraba el puesto al antojo de dos cortesanas. Ellas eran las dueñas y señoras, manejando los hilos en los asuntos relacionados con el salón, y también con la cama.

Las cortesanas que mandaban en la Iglesia

teodora marozia

Aunque ahora nos pueda parecer impensable que esto sucediera, lo cierto es que así fue. Una de ellas era la senadora Teodora. Era la amante, madre, abuela y mentora del mayor número de papas que desfiló en aquellos años por el trono de San Pedro.

La otra era su hija Marozia. Entre las dos, fueron manejando poco a poco todos los entresijos que había en el Vaticano. De hecho, aún quedan algunas crónicas en las que podemos ver relatadas un sinfín de crónicas que describen cómo era la época a la perfección.

En todas ellas, la “edad oscura” vivida se conoce de forma coloquial como el “Reinado de las Prostitutas”. Tal era el poder ejercido por la madre y la hija, que no sucedía nada que no hubiera pasado antes por sus manos y que ellas mismas hubieran aprobado.

Las fiestas del Vaticano celebradas durante la pornocracia

liutprando vaticano

Una de las crónicas que conocemos es la relatada por Liutprando de Cremona, uno de los obispos que existía en el Vaticano. En ella podemos ver una descripción bastante gráfica de todo lo acontecido en los años más oscuros de la pornocracia.

El obispo relata sin escatimar en detalles cómo eran las fiestas sexuales, en su mayoría orgías, protagonizadas por los miembros de la Iglesia. A ellas se acercaban un gran número de mujeres, todas prostitutas, que se dedicaban a bailar y seducir a los presentes con el fin de yacer con ellos.

Además, también indica como todos los obispos que existían en la ciudad de Roma se encontraban casados. De hecho, sus propias esposas confeccionaban sus ropajes con las sedas sacadas de las vestiduras sagradas.

Juan X, el Papa designado por una cortesana

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Teodora, la cabeza de todo, sedujo, en una ocasión, a un sacerdote joven. La mujer se encaprichó de él de una forma casi enfermiza. Tanto, que lo mandó nombrar al Arzobispo de Roma y, en poco tiempo, terminó como Papa bajo el nombre de Juan X.

También era evidente el poder que ejercía su hija Marozia y que conocemos gracias a las crónicas. De hecho, hubo momentos en el que la discípula llegó a superar a su maestra. Muchas fuentes, incluso, se atreven a dudar del nombre del padre de la joven.

Según varias fuentes que se han dedicado a relatar cómo era el Vaticano en esa época, Marozia podría no ser hija del senador romano Teofilacto I, que era el marido de Teodora. En su lugar, sería hija de la relación de infidelidad llevada a cabo junto al nuevo Papa, Juan X.

Su hija, siguiendo los pasos de Teodora

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Pero Marozia no se quedaba atrás tampoco en los asuntos de Estado. Por la cama de la joven también pasaron muchos de los papas de la época, así como un sinfín de candidatos al puesto. El objetivo de ellos era llegar a ocupar el trono, el de ella, poder manejar los hilos a su antojo.

Uno de los nombres que más destacan en las crónicas es el de Sergio III. Con este tuvo incluso un hijo. Este también fue nombrado Papa en el séptimo período de la pornocracia bajo el nombre de Juan XI.

Todos los personajes de los que se habla en los relatos estaban relacionados con varios escándalos sexuales, conductas inmorales, e incluso con asesinatos. Se hacía y deshacía según dictaban las amas y señoras del Vaticano: Marozia y Teodora.

La Leyenda de la Papisa Juana

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Una de las leyendas más extendidas que se cierne sobre la Iglesia Católica es la de la Papisa Juana. Aunque parece impensable que el Vaticano estuviera regentado por una mujer, de ser cierta la leyenda, esta debió existir en algún momento.

Otras fuentes, que no se creen demasiado que esto ocurriera, relacionan el sobrenombre con Marozia, madre de Juan. Así, podría ser que ella fuera en realidad la protagonista de la leyenda, pues era quien movía los hilos y su hijo hacía lo que ella decía.

Lo cierto es que parece que la leyenda también parece partir de esta época oscura protagonizada por pérfidos personajes que se fueron haciendo, poco a poco, con la totalidad del poder que había en aquellos tiempos en la Iglesia.